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Lalo Mir, locutor y conductor
"Si hay enseñanza, hay maestro"
Dentro de la programación del Canal Encuentro, la señal
creada por el Ministerio de Educación, se emite El
Monitor TV. En el programa, conducido por Lalo Mir, se
debaten diversos contenidos educativos y se difunden
experiencias e historias de vida de docentes de todo el
país. En esta entrevista, Mir habla de su trabajo en el
ciclo, de la radio y de sus recuerdos escolares.
Ana Abramowski e Ivan Schuliaquer
aabramowski@me.gov.ar / ischuliaquer@me.gov.ar
Fotos: Luis Tenewicki
"Los que trabajamos en la radio
no buscamos oyentes.
Buscamos cómplices", escribió
alguna vez Eduardo Enrique
"Lalo" Mir. El locutor y conductor,
dueño de miles de complicidades
desperdigadas hasta que su
voz las reúne, recuerda que su primer
acercamiento a la radio se dio
casi por casualidad: cuando llegó
una invitación a su colegio secundario
de su San Pedro natal -provincia
de Buenos Aires- para armar
un programa en una emisora local.
Con más de 35 años en los medios de comunicación,
animó programas televisivos tales como Rock and pop
TV, La noticia rebelde o Las patas de la mentira; pero su
estado natural, afirma, es el de la radio. Con estilo único
y una voz inconfundible, condujo hitos radiales como
9PM, Radio Bangkok o Animal de Radio.
Actualmente, anima Las mañanas de la 100 por FM 100
y La vida es arte por Canal 7. Además, es el conductor
de la versión televisiva de El Monitor, que se emite los
miércoles a las 22 por Canal Encuentro.
-¿Qué recordás de tu escuela?
-Mi primer recuerdo es que me escapé el primer día.
Me volví a casa. Está bueno: primer día y primera escapada.
Mi vieja escuchó unos pasitos, ticki, ticki,
ticki, y me preguntó: "¿Qué hacés acá?".
-Y de tu escuela primaria, ¿qué otras cosas te acordás?
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-Los primeros años fueron un poco traumáticos. Me
costó mucho empezar a escribir, y tenía una maestra
que era muy al estilo de antes. Si te salía mal una cosa,
te hacía escribir cuarenta páginas de lo mismo; era una
condena. Tenía maestras chinchudas, con una idea bastante
autoritaria de cómo funcionaban las cosas. Todo
era gritos, palo, puntero. Aunque sí recuerdo a la distancia
algo que hoy valoro muchísimo: yo fui al Colegio
Nº 1 de San Pedro, que estaba cerca del centro y también
del bajo, que es la zona periférica, el barrio de las
canaletas y de los hijos de los pescadores. Entonces,
íbamos todos juntos al mismo colegio. Esa heterogeneidad
la agradezco, porque de alguna manera creo que
me marcó: siempre tuve amigos de sectores muy diversos
y nunca tuve el nivel de prejuicios que sí veo en
muchos amigos míos.
-¿Y del secundario?
-De la escuela secundaria, el Colegio Comercial Fray
Cayetano Rodríguez, sí tengo buenos recuerdos. El grado
de autoritarismo era muy diferente entre un maestro
y un profesor, quizás había una diferencia respecto de
la formación. En la secundaria te trataban como gente,
podías debatir algunas cosas. Claro que como rasgo general.
Ahora las maestras en San Pedro me van a decir
(imposta la voz): "Pero si yo fui maestra tuya, ¿qué estás
diciendo, cariño?". Lo digo como una sensación general.
-La escuela te contactó por primera vez con la radio.
¿Cómo fue?
-Fue extracurricular, palabra que no existía entonces.
La cosa era así: había una fábrica de dulces de San
Pedro -Arco de Oro- que pagaba un espacio en la radio,
que tomábamos los estudiantes. No sé cómo surgió
ni recuerdo cómo aparecí porque no iban todos.
Se armó un equipo de dos o tres cursos, y durante cuatro
viernes trabajé en esta especie de programa de radio
del colegio, como una estudiantina radial. Y así fue como
entré.
-¿Y esa experiencia a qué te acercó?
-Sé que por eso después seguí yendo
a la radio. Iba a mirar, a escuchar, y me
fui quedando. Y el pibe que va y está
ahí, es el que cuando hay un hueco lo
llena. "Che, pibe, faltó Fulano: recortame
las noticias del diario". Y sin querer,
estás adentro. No hay ninguna seguridad,
pero el hecho de estar es como
el cuadradito vacío en el tablero.
-¿Qué ventajas y limitaciones tiene
comunicar por radio?
-Las mismas limitaciones son las ventajas.
La radio no se rebobina y, sobre
todo, no se ve. Siempre se me aparece
un paralelo entre lo radial y lo literario.
Vos leés un concepto y termina cobrando
forma, sentido, olor y todo en
la mente del que lee. Cada lector, a partir
de la misma descripción, imagina de
diferentes maneras. En la radio es lo
mismo. Tenés el timbre de voz del que
habla, que puede ser más neutro, de
un locutor que no importa mucho
quién sea, o de una personalidad que
conocés porque la escuchás todos los
días y por el tono de voz podés inferir
algunas cuestiones. Pero la historia se
dibuja en la cabeza, y podés fabricar
cualquier fantasía nada más que con
palabras. Y con un poco de pasión podés
narrar hechos que a Spielberg le
costarían millones de dólares. Puede
ser por ingenio, o facilidad, u oficio del
que cuenta historias y sabe contarlas.
-¿Cómo se logra generar esa complicidad
entre el emisor y el receptor?
-Se logra con tiempo, sospecho que
también con sinceridad, obsesión y convicción. Y muchas
de las cosas que decimos no son las que diríamos,
porque somos personajes y, como tales, nos metemos
en disfraces. Si al concepto lo pasaste por el filtro de la
exageración, por ejemplo, porque al personaje le queda
bien, ya no estás siendo sincero. Pero ahí vale la
convicción: creerse uno las cosas cuando las hace y dice
como si fueran la última verdad. Esto si estamos ficcionando y entreteniendo. Después, cuando sos vos,
tratá de ser sincero. Lo mío es una mezcla de suerte,
de gusto por lo que hago, y también de ser curioso y de
no creérmela. Qué sé yo, es una gran suma de factores.
-Reivindicás el misterio. ¿Qué lugar puede tener en
un medio informativo?
-La radio es puro misterio. No sabés si lo que dicen
está o no pasando. Yo creo que, sin querer, fabriqué
mi nota misteriosa en el filo entre aquello que es cierto
y lo que es una terrible patraña. Y ese misterio me
acompaña, me sale naturalmente. Siempre corro las cosas
hasta un punto en el que no se sabe si hablo en serio
o en joda. En definitiva, los que me conocen y me
escuchan desde hace mucho tiempo, saben qué es cierto
y qué exagero. Trabajo de ser exagerado. Si vos decís
las cosas como son, no te escucha nadie. Hay que ponerles
un poco más de color: si son gordas, hacerlas
más gordas; si son flacas, hacerlas más flacas. Y después
hay algo en la construcción, en cómo se escribe.
Algunos tienen esa condición de dejarte un mundo
abierto a tus fantasías y a tus pulsiones interiores. Eso
es misterio puro. El misterio es lo que mueve. Si no hubiera
misterio no existirían las religiones, ni nada.
Entonces, el misterio es como la zanahoria delante del
burro, en el ser humano. Si no hay misterio, me quedo
en casa.
-¿Y recordás algún maestro en este oficio?
-Tengo tantos. He aprendido muchas cosas de millones
de maestros. De uno una cosita; de otro, otra cosita.
Y la sabiduría está en el todo. Los que escuchaba
mientras crecí son todos mis maestros: Antonio Carrizo,
Héctor Larrea, Hugo Guerrero Martinheitz, y muchos
otros. Y locutores y operadores. También en la radio
de hoy, escucho y me sorprendo de algo y ¡pin!, ahí
quedó la ficha registrada en el disco duro. Ya está, maestrito.
Me cuesta concebir a un maestro único. No sé
si lo tuve, quizás lo tuve y soy ingrato con él. Si hay enseñanza,
hay maestro. Aunque no se haga cargo el maestro.
-¿Y te sentís maestro también?
-Sí, porque tengo esta manera de pensar. No es que
me sienta maestro, me demuestran eso. Todos lo somos.
Aunque nunca hayas enseñado nada, sin querer sos
maestro. Tengo una visión muy amplia; no es la del maestro
que está llamado a ser el que enseña a los demás.
No, un maestro de la vida es aquel que te deja enseñanzas.
Tuve profesores y maestros, y algunos lo fueron
y otros no. Por ejemplo, Constantín, mi profesor de
Lengua y Literatura, o Nelly Beneventana, mi profesora
de Matemática. Puedo nombrar a más, pero para mí
fueron maestros. Me enseñaron más allá del colegio.
Un maestro que va, cumple su horario y se vuelve a casa,
trabaja de maestro pero quizás no lo sea. En todos los
oficios es así; también en la carpintería, en una fábrica,
en un estudio de abogados. Así es la condición humana.
| El Monitor en la tele |
El Monitor tiene su espacio en la televisión y su conductor es Lalo
Mir. Se lo puede ver todos los miércoles a las 22 por Canal
Encuentro, y hay varias repeticiones a lo largo de la semana.
Cada programa gira alrededor de un tema y, durante una hora,
docentes, sociólogos, periodistas,
historiadores, pedagogos,
psicólogos, politólogos lo piensan
y debaten desde diferentes
puntos de vista. También se recorren experiencias educativas
de distintos lugares del país, e historias de vida de docentes.
–¿Cómo describirías a El
Monitor TV?
–El Monitor tiene la ventaja de
no estar regido por el reglamento
campeón mundial del mundo
internacional de la tele: Gran
Hermano. Va por otro lado y
aporta debate, tránsito de ideas
y comunicación entre pares que
se dedican a un tema fundamental
y fundacional: la educación.
En definitiva, se trata de
ver a la escuela desde distintos
ángulos. Es muy enriquecedor
ver cómo trabaja cada persona
en los distintos lugares del país.
Y a través de las experiencias de
las escuelas que vemos se muestra que el sistema es muy
desigual.
–¿Sentís que aprendiste algo?
–¡Sí! Aprendí en cada programa,
con cada uno de los temas, y
con algunos de los invitados
más que con otros. Había temas
sobre los que tenía una leve sospecha
de que eran así y lo confirmé,
y otros tantos sobre los
cuales no tenía la menor idea
de cómo funcionaban y que, a
propósito de estas charlas y debates,
se me abrió un poco la cabeza.
Me acerqué a cosas que
tenía más lejanas y me alejé de
otras que tenía muy cercanas, a
las que había que darles una
patada. Y está bueno, eso es
aprender. |
| Hay una nueva
señal en la televisión argentina |
Encuentro –la primera señal de televisión educativa del Estado
argentino– se propone un desafío inmenso: desarrollar una televisión
pública, educativa y de calidad, en convergencia con las
nuevas tecnologías, que intervenga como herramienta de transformación
social.
Encuentro presenta contenidos educativos y culturales, producidos
especialmente en la Argentina y adquiridos de las más prestigiosas
productoras de América Latina e internacionales; entre
ellas, la BBC de Inglaterra y Televisión Española TVE. Las ciencias,
los personajes históricos, la geografía, la literatura, el cine, la salud
y el deporte son protagonistas de la pantalla. La realidad argentina
y latinoamericana ocupan, también, un espacio central.
En la pantalla de Encuentro –además del espacio de El Monitor–
Adrián Paenza conduce una serie de divulgación científica; Jorge
Guinzburg recorre América Latina contando su historia; Bruno
Stagnaro narra las experiencias cotidianas de las escuelas de todo
el país; Daniela Fernández se introduce en los temas vinculados
con los primeros años infantiles; el Chango Spasiuk camina
las provincias argentinas recuperando su música; Gastón Pauls
exhibe los mejores documentales argentinos y conversa con sus
realizadores; Fernando Birri, el padre del nuevo cine latinoamericano,
redescubre las clásicas joyas del cine del continente;“Pino”
Solanas exhibe en exclusiva una versión televisiva de su multipremiada
Memoria del saqueo, expone las infaustas políticas neoliberales
de la década del 90; Eduardo Mignogna, en lo que fue
su última realización, ilustra el recorrido de aprender un oficio.
Distintas producciones se encuentran en elaboración a partir de
convenios realizados con organismos del Estado y con otros canales
educativos latinoamericanos. Se prevé, además, emitir una
franja puramente infantil, para niños de entre 7 y 11 años. Para
participar y consultar la programación, entrar en:
www.encuentro.gov.ar
Canal Encuentro |
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