La maestra de la memoria

A los 66 años, Evangelina Morales está cerca de jubilarse. Sin embargo, piensa seguir trabajando en algún lugar del sistema educativo donde pueda transmitir su vasta experiencia de casi medio siglo. En la actualidad, es la directora de la Escuela N°2 "Maximio Victoria", ubicada a media cuadra de donde funcionó el ex centro de detención clandestino El Olimpo. En la institución se desarrolla desde hace doce años el proyecto Construyendo la memoria, que revisa la historia reciente.
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Ana Abramowski / aabramowski@me.gov.ar
Fotos: Luis Tenewicki

"Yo sabía lo que no me gustaba, pero no tenía muy claro qué era lo que sí quería hacer. No me llamaba la atención el contenido de las escuelas comerciales, y mis padres decían que si hacía un bachillerato después iba a tener que continuar una carrera universitaria, y como pertenecía a una familia humilde no sabía si iba a poder acceder a la universidad. Así ingresé a la Escuela Normal N° 4, con una vocación poco definida. Pero pienso que me ha sido muy favorable esa elección, porque afortunadamente hice y hago lo que me gusta".

La trayectoria docente de Evangelina Morales se inició, como muchas, con dudas y titubeos. En su caso, sus indecisiones se desvanecieron en 1959 cuando, recién recibida de maestra normal nacional, le tocó realizar su primera suplencia. En ese momento, además de comprender la dimensión de la gran responsabilidad que entrañaba la tarea de ser maestra, vio que la actividad iba a significar para ella una fuente inagotable de placer.

"Guardo muy buenos recuerdos, la escuela siempre fue para mí un lugar de encuentros, de amistades, de realización. Siempre existió la posibilidad de conocer personas muy interesantes y hacer intercambios, no solo desde el punto de vista pedagógico sino también cultural. El contacto con compañeros ampliaba el mundo del conocimiento del adulto, lo que permitía a la vez engrandecer la perspectiva educativa", dice recordando los expansivos años sesenta.

Evangelina Morales tiene 66 años, nació y vivió toda su vida en el barrio Parque Avellaneda, y lleva 49 años -"casi medio siglo", según sus palabras- trabajando como maestra de nivel primario en el distrito escolar 11 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Después de haber sido maestra, secretaria y vicedirectora en diferentes instituciones, en 1990 accedió, por concurso, al cargo directivo que ejerce desde hace 17 años: "Esta es mi primera experiencia como directora y me parece que, cuando me jubile, me voy a despedir de esta escuela. Creo que acá he encontrado mi lugar en el mundo profesional, me he realizado como docente, he crecido mucho como persona, y además he comprobado que muchas cosas son posibles en educación".

"Acá" es la escuela N°2 "Maximio Victoria", una escuela del barrio porteño de Floresta que, como tantas, a lo largo de la década del noventa fue cambiando la fisonomía de su matrícula -incorporando niños de diferentes provincias de la Argentina y de países como Bolivia, Paraguay, Perú, Chile, Uruguay-, ampliando las plazas del comedor escolar, y enfrentando conflictos y problemáticas inéditas y cada vez más severas. Morales no hace esfuerzos por ocultar el orgullo que siente por su escuela y su distrito escolar 11: "Tengoel privilegio de haber tenido supervisores con quienes pude compartir mis dudas, mis inquietudes, mis fantasmas, mis miedos y también mis sueños y mis ideales; siempre fui muy acompañada y tuve muchísima autonomía para llevar adelante aquello que ellos conocieron y consideraron que era interesante desarrollar. Además, he encontrado dentro de la escuela personas con muchas ganas y también con muchos sueños, muy ansiosas de concretar ideas. A lo largo del tiempo, algunas realizaciones se profundizaron, y otras se fueron perdiendo", remata con sinceridad; y no puede obviar del inventario mental que realiza, las sensaciones de inestabilidad, emergencia, y falta de confianza de los gélidos años noventa. "Con el advenimiento de la democracia hubo mucha apertura hacia el afuera, pero luego vinieron otra vez tiempos en donde una se fue replegando".

Que la escuela se abra, que dialogue con el afuera, que recupere todo el tiempo emergentes de la cotidianidad. Que las propuestas escolares tengan continuidad y seguimiento, y que el proyecto institucional no sea un mero papel o un dibujo. Estas son sus preocupaciones centrales.

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El vínculo con la comunidad

"Esta es una escuela sumamente reconocida y muy respetada", enfatiza Morales, y agrega: "La escuela siempre tuvo las puertas abiertas a la comunidad y tenemos la fortuna de que en todas las convocatorias haya muchísimos papás y mamás, sobre todo en las celebraciones y en aquellas que tienen que ver con el estar juntos para luchar por algo".

Cuando Evangelina describe el universo de las familias del barrio de Floresta que envían a sus hijos e hijas a la escuela, plantea: "Muchas tienen severísimas dificultades, pero siempre tuvieron el encuadre para su acompañamiento, y la escuela nunca estuvo sola. Como directora pienso que estas cuestiones no deben sostenerse en soledad y a puertas cerradas. Esas situaciones fueron de amplio conocimiento de la supervisión, del equipo de orientación y de otros organismos pertinentes que nos prestaron su apoyo".

En su vasta experiencia, Morales encontró que la apertura es una vital herramienta pedagógica: "Me gusta que los proyectos pedagógicos se abran a la comunidad. Me gusta que la escuela salga al afuera, a otros espacios, para engrandecer el mundo de niñas y niños y también para que otras personas se acerquen a brindarnos todo aquello que a lo mejor dentro de la propia escuela no tenemos".

En la entrada del edificio de la escuela "Maximio Victoria", sobre la vereda, hay una cartelera que periódicamente renueva sus comunicaciones hacia el barrio: "Los vecinos siempre las leen. Muchos tocan el timbre y hay autos que paran cuando pasan por la puerta de la escuela, porque quieren saber qué hay adentro para fundamentar todo ese contenido que ven desde afuera", detalla.

"Creo que cuando uno habla de palabras no debe temerles -afirma con resolución-, por eso el eje de nuestro proyecto institucional es la palabra y el lenguaje. Por ejemplo, ahora, en el patio de atrás, están todas las palabras que pudimos aportar maestras y maestros a los niños: palabras para acompañar, para jugar, para crear".

En la gestión de Evangelina Morales, las palabras han servido también para contrarrestar años de silencio: "Hace 12 años que trabajamos el proyecto Construyendo la memoria. El emergente importante para incluirnos en este proyecto fue que la escuela está ubicada en Ramón Falcón entre Lacarra y Bolaños, a 50 metros del ex campo de detención y tortura El Olimpo". Ese edificio se imponía en el barrio, absolutamente silenciado, pero todos sabíamos de qué se trataba. Un tema tan concreto y real fue abordado cuando se cumplieron 20 años del golpe militar, en 1996, para ello hemos tenido también que formarnos y crecer. Lo que acontece en el afuera y es pertinente a la institución escolar no debe ser soslayado".

Trabajar a partir de emergentes de la cotidianidad y poner palabras a las injusticias es un punto fuerte de la escuela. Un ejemplo es el trabajo hecho para el 8 de marzo sobre el Día Internacional de la Mujer: "Hemos trabajado por qué se estableció ese día, ahondamos en el contenido de la fecha histórica. Se dijo que no es una fecha para celebrar ni festejar, pero que es importante tener memoria para seguir luchando, para que estas cosas no vuelvan a suceder, porque hoy todavía hay esclavitud en el mundo laboral y no solo respecto de la mujer".

Conflictos y consensos

El tono de Evangelina expresa mucha firmeza y convicción, y su persona encarna ese "no sé qué" que portan las figuras con autoridad. Ella lo sabe: "Yo he construido un lugar de autoridad; en principio, tratando de entender qué es la autoridad. Algo que siempre me preocupó como docente es saber cuál es el lugar del maestro y cuál es el lugar del niño, y en esta asimetría del maestro respecto del niño, del director respecto del maestro, saber qué compete a cada rol".

"Una de las cosas más importantes que aprendí en la dirección de la escuela es que el equipo de trabajo es lo que enriquece y que, a partir de consensos, se pueden llevar adelante los proyectos. Cuando hablo de consensos no digo que todos pensemos igual, aunque en algunas cosas sí debemos acordar", señala, y comienza a enumerar:

"El niño es el centro fundante de una institución escolar, el respeto mutuo debe estar ejercido plenamente, es un aprendizaje, pero debemos contribuir a él; y la vida democrática no es sencilla pero es la mejor que conocemos".

Morales sabe que los consensos son el punto de llegada de largos debates, y que hacen falta condiciones institucionales para alcanzarlos, así como para sostenerlos: "Necesitamos espacios y tiempos para reflexionar dentro de la escuela. A lo largo de los años se propician más temas para discutir y reflexionar, y se cierran los espacios y tiempos saludables para que esta discusión sea lo más fructífera posible".

"Durante los primeros días de clase trabajamos mucho acerca de cuáles son las expectativas de los niños respecto del maestro, y cuáles son las expectativas del maestro respecto de los niños", explica la directora. "Y da mucho resultado, para centrarnos en nuestra tarea, saber qué queremos los unos y los otros. Porque por ser adultos no siempre está claro qué esperamos de los niños, lo que sí debe estar claro es que los maestros y las maestras tenemos que pensar que todos los niños y todas las niñas pueden aprender".

Cuenta que en esos intercambios de expectativas, los niños decían que esperaban aprender "cosas importantes", ser respetados, ser escuchados. Y hablando de la infancia contemporánea, asevera: "Me preocupa el desamparo y que tantos niños se encuentren muy solos. Si bien no creo que los maestros debamos asumir las responsabilidades de la familia o de otras instituciones -completa-, me parece que la escuela es un referente importantísimo para ese niño cuando vive situaciones de violencia. La escuela ofrece respeto, solidaridad, la mano extendida y una mirada cuidadosa. Creo que hoy, en la escuela, no debe faltar -para todos los que nos sentimos tan desprotegidos- trabajar muchísimo entre nosotros el cuidado de sí mismo y del otro".

En el discurso y la manera de intervenir de Evangelina pueden percibirse herramientas de la psicología: "En 1989 tenía una asignatura pendiente e hice la carrera de Psicología Social en la Escuela de Ana Quiroga, de la que egresé en 1992. Esta experiencia enriqueció mi mirada y pude brindar aportes a la institución desde lo grupal. Yo sigo abrevando en que hay que aprender con un otro y en la escuela lo tenemos muy en cuenta".

Sin embargo, Morales teme que su relato suene demasiado idealizado, que se pasen por alto enojos, temores, problemas: "Por supuesto esto no quiere decir que no haya conflictos; sí, los hay, y no se pueden esconder. Nunca hemos puesto el polvo debajo de la alfombra, sino que tratamos de enfrentar los conflictos como adultos, con los niños y con los papás y las mamás. No es fácil, pero esto forma parte de la vida y me parece que es el único modo saludable de encarar una institución. Dentro de las dificultades hubo muchas cuestiones que fueron posibles. El conflicto siempre se ha trabajado; para que no asuste sino para que nos posibilite seguir aprendiendo".

Seguir trabajando

Evangelina Morales estima que se va a jubilar a mediados del 2007: "He empezado el año con las mismas ilusiones, con el mismo compromiso, y con la misma fuerza. He trabajado el tiempo de la jubilación, porque no va a ser sencillo, yo construí dentro de la escuela un lugar importante, y a pesar de que me parece que es tiempo de arribar al descanso -porque no solamente estoy intimada por la edad sino que también elijo jubilarme-, siento que no es nada sencillo, que es un proceso de duelo muy grande. Acá he cosechado muchos afectos, he sabido lo que es construir en la vida, he visto cómo eran posibles muchas ideas y muchos sueños, y esto no tiene reemplazo", señala Evangelina con emoción.

"Tengo ganas de seguir trabajando. No tengo nada concreto, pero puedo dedicarme a otras cosas, como la Psicología Social, o incluirme en algún estamento de la educación donde a lo mejor pueda volcar mi experiencia".

   
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