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Qué hay que saber hoy sobre Tecnología
Lo nuevo debe dialogar con lo viejo
Abel Rodríguez de Fraga *
Creo que hay dos formas de responder a la pregunta.Y
ambas son legítimas,en el contexto de la educación
primaria y secundaria,que es a las que voy a referirme.
Una de ellas podría consistir en proponer un inventario de las
tecnologías más recientes y significativas, sugiriendo al mismo
tiempo, marcos didáctico-pedagógicos apropiados para
facilitar su abordaje. Esta alternativa es válida, ya que siempre
habrá tecnologías a las que la educación querrá hacerles un
lugar... aunque no siempre sepa, claramente, para qué.
Otra forma de responder la pregunta, que no sustituye a
la anterior pero ayuda a darle sentido, consiste en tratar
de reflexionar no solamente sobre las particularidades de
cada tecnología sino sobre lo que ellas tienen en común.
En este caso, la tarea a emprender es verdaderamente novedosa
y necesaria. Sobre todo en un contexto como el actual,
dominado por las referencias cotidianas a las nuevas
tecnologías.
Desde estas miradas, suele concebirse a la Tecnología como
una marcha lineal y ascendente donde cada nueva
tecnología, dejando atrás a las otras (y sobre todo a los
otros) vinculadas a ellas, fuera construyendo "el progreso".
Así se naturaliza la idea de que habría tecnologías que
superan y triunfan sobre otras, cuando esto quizás solo
sea aplicable a los colectivos sociales que compiten produciéndolas
y, en general, a la matriz darwiniana que ostentan
la mayor parte de las sociedades contemporáneas.
En ese contexto, también el lenguaje pareciera haberse
puesto al servicio de esta confusión. La sola mención de
que la educación promueva la enseñanza de "las-nuevastecnologías"
se traduce automáticamente en una referencia
a las tecnologías de la información y de la comunicación
(más conocidas en todo el mundo como "TIC") y no a
otras tecnologías igualmente relevantes.
Es importante entonces ir más allá del contexto dominante
tratando de ofrecer una imagen más realista, compleja
y crítica de la Tecnología. Pero sin desvincularla de
las cuestiones "propiamente técnicas", si se me permite la
expresión, para evitar seguir fragmentando y dispersando
a la Tecnología a través del currículo. Tratando, a su vez, de
comprender las relaciones existentes entre los diversos procesos
y tecnologías en tanto sistemas orientados al éxito
pero valorizando sus relaciones con el entorno sociocultural.
Esta tarea es, sin duda, responsabilidad del conjunto de las
áreas escolares, aunque probablemente la Educación tecnológica
-solo si logra limitar su obsesión por proyectar y
fabricar cosas- sea la más apropiada para entramar las
cuestiones tecnológicas específicas con los intercambios microsociales.
Y digo esto porque el mismo gesto que repartió
a los saberes escolares en teóricos y en prácticos, en científicos
y en humanistas, no pudo luego situar a la Tecnología sino
en medio de campos en disputa.
Así, la estructura disciplinar resultante y su prolongación en
los colectivos docentes especializados, terminó bloqueando
la posibilidad de incorporación de nuevas síntesis sobre la
Tecnología, como las actualmente producidas por áreas académicas
creadas con posterioridad a ese reparto.
Es el caso, por ejemplo, de los aportes que podrían brindar la
Antropología de las técnicas, la Sociología de la Tecnología, la
Economía del cambio tecnológico y la Filosofía de la
Tecnología. Campos a los que, en términos amplios, algunos
especialistas tienden a denominar "Estudios sociales de la
Tecnología" cuando se los aborda en conjunto.
Referenciar estos nuevos aportes dentro del currículum
puede colaborar a que la educación abandone la idea de
que existen tecnologías últimas y primeras, ya que, en rigor,
las tecnologías existen básicamente como mediaciones entre
los sujetos, entre ellos y su entorno ¡y entre ellas mismas!,
constituyendo así los llamados sistemas tecnológicos.
Por esa razón, las tecnologías no se escalonan a través de
un angosto desfiladero donde para que una surja, es necesario
que la anterior desaparezca. En principio porque las
tecnologías, y no los aparatos a los que configuran, siempre
se constituyen como redes donde cada una se apoya
en las otras y todas, a su vez, en las que les precedieron.
Muy poco de las "nuevas tecnologías" seguiría en pie si
tecnologías que parecen habitar en los arrabales de esos
"sistemas tecnológicos" colapsaran de golpe como son,
por ejemplo, las que conforman la minería, la industria
química, los transportes, la mecánica en todas sus formas,
el aprovechamiento de energía, la agricultura, la distribución
de agua, etcétera. En esta dinámica ocurren fenómenos
interesantes que la educación no debería seguir ignorando
aunque sea imposible resumirlos aquí.
Toda tecnología, por el simple hecho de haber sido imaginada
por sujetos, habitantes de un estado tecnológico anterior
al que finalmente habrá de alumbrarla, llevará inevitablemente
la memoria de lo que en el mismo acto será
superado. Así las significaciones técnico culturales de lo
nuevo no podrán desprenderse del todo de las significaciones
que le precedieron.
En los flamantes motores de los automóviles, para ofrecer
un ejemplo conocido, sobreviven también los pistones y
las válvulas de las bombas hidráulicas griegas. Y los adornos
y símbolos que incorporan los transportistas a sus vehículos,
además del agua y del gasoil, no les eran ajenos a
los viejos carreros. Y es que las tecnologías en gestación
siempre fueron imaginadas y construidas a partir de las
que serán desplazadas, como ocurrió con el conjunto de
las tecnologías manuales cuando crearon la base tecnológica
de la Revolución Industrial.
Hubiera sido imposible fabricar las primeras máquinas a
vapor mediante tecnologías accionadas por máquinas a
vapor. O transportar en camiones los materiales para levantar
las primeras fábricas que habrían de construirlos. O,
para abundar, desarrollar nuevos programas informáticos
sin apoyarse en los vigentes, o tratar de crear los teclados
para computadoras sin haber espejado en ellos al viejo patrón
que alguien imaginó para las viejas máquinas de escribir.
Estos diálogos entre unas tecnologías y otras, ya sean presentes
o remotas, dan lugar a la construcción de redes y
de trayectorias donde resulta imposible aislar qué les corresponde
a los sujetos en juego y qué a los artefactos.
Qué al presente y qué al pasado. Se nos ofrece así una
Tecnología diferente que la educación merecería, con más
articulaciones y continuidades que las que parecieran expresar
las súbitas apariciones de novedades en los diarios
de cada día. Una Tecnología no solo construida con hierro,
plástico, silicio y funcionamientos. Sino, y sobre todo, con
tiempo, con memoria y con significados.
*Especialista en Didáctica de la Educación Tecnológica. |