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Cuatro años trabajando juntos
Ante el inicio de un nuevo ciclo lectivo, es oportuno
recapitular el camino recorrido en estos casi
cuatro años de gestión, repasar los avances y reafirmar
nuestro común compromiso con una educación
igualitaria y de calidad, capaz de convertirse en pieza
fundamental del modelo de desarrollo nacional.
Este año, a los clásicos rituales y emociones del reencuentro,
se suma una nueva expectativa: comenzamos a
implementar la nueva Ley de Educación Nacional, que
expresa el consenso de los más amplios sectores sociales
en torno a qué escuela deseamos para los niños y jóvenes
argentinos.
El Consejo Federal de Educación ya está trabajando para
coordinar las modalidades de implementación que la
norma tendrá en cada provincia, pero lo fundamental para
que la ley tenga éxito será el compromiso de los docentes,
los padres y el conjunto de la comunidad educativa.
Esta nueva legislación corona, en cierto modo, una etapa
de trabajo marcada desde sus comienzos por la necesidad
de salir de la crisis, pero también por la firme voluntad
de que la emergencia no nos impidiera recuperar
el valor de la educación como herramienta de transformación
y progreso.
En el año 2003 teníamos que resolver cuestiones tan
básicas como el pago de los salarios atrasados o garantizar
un piso de días de clase que permitiera desarrollar
normalmente los cursos. El Gobierno nacional asumió
desde el comienzo el compromiso de mejorar la inversión
en educación, ciencia y tecnología que se triplicó: de
3600 millones de pesos en 2003 a 10.754 millones de pesos
previstos para 2007. Esta fuerte mejora presupuestaria
nos permitió atender reclamos largamente postergados,
asociados tanto a cuestiones materiales -mejorar
salarios, construir escuelas y equiparlas, distribuir útiles y
ampliar sustancialmente el número de becas-, como a la
calidad educativa -inversión en capacitación docente,
consenso en torno a los Núcleos de Aprendizaje
Prioritarios, apoyo pedagógico tanto para evitar la repitencia
o el abandono, como para aquellos que se preparan
para ingresar a la universidad-.
Sin embargo, quedaba pendiente la necesidad de un debate
de fondo, que sentara las bases de una política de
Estado para la educación. El fruto de esos debates se expresa,
de manera emblemática, en una serie de normas
que nos permiten vislumbrar un horizonte prometedor
para la educación argentina.
En primer lugar, la nueva Ley de Educación Nacional replantea
el marco general con el fin de recuperar un sistema
educativo homogéneo, en el que el Estado Nacional
reasume sus obligaciones, considera a la educación como
bien público y fija metas racionales y mensurables que ya
hemos discutido en estas páginas.
Por otra parte, la Ley de Educación Técnico Profesional
recupera una herramienta fundamental para la articulación
de los sistemas educativo y productivo.
Finalmente, la Ley de Financiamiento Educativo que
-por primera vez en mucho tiempo- otorga previsibilidad
al sistema, al establecer un aumento gradual del presupuesto
hasta alcanzar el 6 por ciento del Producto Bruto
Interno en 2010.
He dejado para el final la Ley Nacional de Educación
Sexual, que aspira a garantizar a las niñas y niños argentinos
el acceso a conocimientos indispensables para ejercer
una sexualidad responsable. Indudablemente, los desafíos
que supone su implementación no son menores;
por eso, El Monitor ofrece sus páginas como escenario
para el debate.
Quiero terminar deseándoles, a todos los docentes del
país, un ciclo lectivo en el que la maravillosa tarea que desarrollan
se vea recompensada con la satisfacción de ser
parte de la aventura que los chicos emprenden en el camino
del conocimiento.
Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología.
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