Educación sexual
Una demanda ética impostergable

Eduardo Bertolino
Mónica Evangelisti
Laura Perelli *

La experiencia profesional que desde hace varios años venimos desarrollando en Rosario involucra el trabajo con alumnos, padres y docentes con el propósito de instalar en el ámbito educativo una cultura que privilegie el cuidado de la salud, brindando a los jóvenes las herramientas necesarias para que puedan tomar decisiones libres y responsables con relación al modo de vivir su sexualidad y a cómo prevenir las enfermedades de transmisión sexual, especialmente el vih-sida.

El cuadro de situación en las escuelas donde trabajamos, correspondientes al gran Rosario y zona sur de Santa Fe, es sumamente variado. En nuestra provincia están vigentes las leyes que establecen que tanto la educación sexual como la prevención del vih-sida y las ETS deben ser temas abordados en las instituciones educativas, pero su enseñanza ha dependido, casi con exclusividad, de la convicción de docentes capacitados que, habilitados por sus directivos, han tenido y tienen la decisión de llevarla a cabo con sus alumnos y alumnas, dándoles un lugar de participación y protagonismo.

Si bien la ley nacional instala una decisión ética importantísima, hay que considerar todo lo que debe realizarse para que pueda ser más eficaz. La normativa se confronta muchas veces con posiciones adversas de sectores de la sociedad que, desde el prejuicio o las creencias religiosas inconmovibles, obstaculizan su efectiva implementación. Es por eso que en la mayoría de las escuelas el tema sigue siendo eludido, en el mejor de los casos, y censurado en otros. Tampoco está contemplado en la currícula de futuros educadores, tanto de nivel inicial como secundario.

 

Este panorama coexiste, paradójicamente, con la preocupación de muchos docentes por el aumento de embarazos no deseados a edades cada vez más tempranas entre las adolescentes, seguidos frecuentemente del abandono escolar cuando las jóvenes madres no encuentran apoyo familiar y/o institucional que les permita sostener el aprendizaje de criar a sus bebés sin renunciar a su propia educación, circunstancia que profundiza su vulnerabilidad social.

Existen también otras formas en que la sexualidad, pretendidamente ignorada, se hace presente en la escuela: juegos exploratorios y de investigación entre los niños más pequeños, enamoramientos y noviazgos efusivos, discriminación de los "diferentes" (homosexuales, travestis, etcétera), conocimiento por parte de los educadores de situaciones de abuso infantil y de abortos clandestinos, presencia de alumnos infectados con vih, etcétera. En este último caso hemos capacitado y asesorado a residentes de formación docente que no se animaban a realizar su práctica profesional cuando se enteraron de que en el curso que les habían asignado había niños infectados con el virus del sida. A punto de culminar su profesorado, ignoraban por completo cómo afrontar esta situación, ya que nunca habían visto estos temas a lo largo de sus cuatro años de formación.

Si bien la especificidad del Programa Municipal al que pertenecemos es la prevención del vih-sida, con mucha frecuencia las escuelas nos piden asesoramiento y desarrollar talleres que apunten a cuestiones relativas a la sexualidad, tema que es considerado como más urticante y de difícil abordaje. Esto se vincula con varias razones:

1- La escuela está fuertemente impregnada del paradigma racional positivista Pienso, luego existo, donde se privilegian las ideas y el cuerpo sexuado queda afuera. Esta escisión cuerpo/mente atraviesa toda nuestra cultura y por lo tanto también se hace presente en las instituciones escolares, donde predomina una educación al servicio del logos.

2- Sostener que se puede trabajar en la prevención del vih-sida sin que previamente se haya iniciado a los alumnos en el esclarecimiento sexual es una concepción errónea. Así como muchas veces se reduce el tema de la sexualidad a sus aspectos biológicos -información sobre los aparatos genitales femenino y masculino- también se pretende hacer prevención del vih-sida brindando únicamente información sobre las cuestiones biomédicas y epidemiológicas de la enfermedad.

Desde nuestra perspectiva, el sida es un problema social complejo y su tratamiento implica problematizar las representaciones, conceptos y prácticas que los actores tienen acerca de la salud y la enfermedad.También involucra hablar del cuerpo y la sexualidad, de relaciones interpersonales, géneros, discriminación, normalidad y desviación, vulnerabilidad social, políticas sanitarias, etcétera. Es decir, implica dar cuenta del vih-sida en sus múltiples dimensiones: biológica, económica, política, jurídica, ética, social. Del mismo modo, introducir la sexualidad en la escuela es ante todo conectar este tema con la complejidad de las pulsiones vitales y las restricciones culturales que rigen la vida social.

3- La falta de capacitación es otro factor señalado por muchos docentes para demandar a los "especialistas" o "expertos" externos a la institución. Si bien en algunos de ellos, al igual que en el resto de la sociedad, existe aún cierta confusión entre sexualidad y genitalidad, creemos que el mayor obstáculo no lo constituyen los errores conceptuales sino los miedos, prejuicios e inhibiciones.Quienes quieran capacitarse para educar a sus alumnos en el tema de la sexualidad y el vih-sida, deberán enfrentar previamente sus propios miedos y prejuicios, así como también aceptar que existen otros modos de pensar y posicionarse ante la vida, tan respetables como las propias convicciones.

4- El temor a las reacciones negativas de madres y padres constituye otro elemento que disuade a los docentes de encarar la educación sexual con los alumnos. En la práctica esta dificultad se sortea informando previamente a los padres acerca de la capacitación que recibirán sus hijos e hijas, y solicitándoles su autorización. Otras veces se les ofrece un espacio diferenciado de participación, que muchos valoran positivamente porque los ayuda a mejorar el intercambio y la comunicación con ellos.

* Integrantes del Área Educación del Programa Municipal de Sida de la ciudad de Rosario, desde hace 11 años.

Qué dice la ley
ARTÍCULO 4º - Las acciones que promueva el Programa Nacional de Educación Sexual Integral están destinadas a los educandos del sistema educativo nacional, que asisten a establecimientos públicos de gestión estatal o privada, desde el nivel inicial hasta el nivel superior de formación docente y de educación técnica no universitaria.

ARTÍCULO 5º - Las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal garantizarán la realización obligatoria, a lo largo del ciclo lectivo, de acciones educativas sistemáticas en los establecimientos escolares, para el cumplimiento del Programa Nacional de Educación Sexual Integral. Cada comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros.

ARTÍCULO 6º - El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología definirá, en consulta con el Consejo Federal de Cultura y Educación, los lineamientos curriculares básicos del Programa Nacional de Educación Sexual Integral, de modo tal que se respeten y articulen los programas y actividades que las jurisdicciones tengan en aplicación al momento de la sanción de la presente ley.

ARTÍCULO 7º - La definición de los lineamientos curriculares básicos para la educación sexual integral será asesorada por una comisión interdisciplinaria de especialistas en la temática, convocada por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, con los propósitos de elaborar documentos orientadores preliminares, incorporar los resultados de un diálogo sobre sus contenidos con distintos sectores del sistema educativo nacional, sistematizar las experiencias ya desarrolladas por estados provinciales, Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipalidades, y aportar al Consejo Federal de Cultura y Educación una propuesta de materiales y orientaciones que puedan favorecer la aplicación del programa.
(Ley 26.150 - Programa Nacional de Educación Sexual Integral)

   
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