La historia de una emblemática publicación infantil
El largo camino de Billiken
Judith Gociol

En sus 85 años de vida, la célebre revista fundada por Constancio Vigil pasó por diversas etapas que fueron forjando una imagen poderosa en el imaginario de la clase media argentina. Desde sus inicios hasta la actualidad, el medio demostró una enorme capacidad de adaptación a los avatares políticos y sociales del país.

Billiken es la única revista del mercado editorial argentino que se publica sin interrupciones desde el 17 de noviembre de 1919, cuando salió su primer número. Lectura heredada de padres a hijos, a lo largo de cuatro generaciones, forjó tanto la relación entre los medios de comunicación y la escuela como el imaginario político y social de buena parte de la clase media -y media alta- de la Argentina. Moderna y algo desprejuiciada en el momento de su aparición, rápidamente se cristalizó en las figuritas de próceres de mármol, que son hoy un recuerdo generalizado. Publicada por una editorial, Atlántida, que dio apoyo explícito a la última dictadura militar, en la actualidad parece haber perdido público e identidad. Los "pequeños patriotas" no son concebidos más que como consumidores.

Billiken no fue la primera publicación infantil -el propio Constancio Vigil, su creador, había tenido un intento fallido con Pulgarcito- pero puede considerarse la primera revista concebida especialmente para niños con criterios y estética modernos. Exitosa desde sus inicios, fueron muchos los chicos que aprendieron a leer con esta revista que llegó a vender 500 mil ejemplares cada semana, 30 mil de los cuales eran enviados a España y el doble de esa cantidad a Perú, Colombia, Venezuela y México. Según señala Carlos Ulanovsky en Paren las rotativas1, los españoles que llegaron como inmigrantes en la primera mitad del siglo XX conocían pocas cosas del país, pero una de ellas era la revista de Vigil. Datos del Instituto Verificador de Circulaciones confirman que de las cinco revistas de mayor venta en 1972, tres eran del género infantil: Anteojito, Locuras de Isidoro y Billiken.

De bello estilo art noveau, la aparición de la publicación fundada por Vigil fue posible en el contexto de una nueva mirada que venía posándose sobre la niñez en todo el mundo y, sobre todo, debido a la formación de un mercado alfabetizado, producto de la sanción de la ley 1420, de educación pública, obligatoria y gratuita. La política oficial entendía que era necesario escolarizar a la infancia para hacer de las diferentes identidades extranjeras que bajaban de los barcos, una sola nacionalidad.

"Es el imaginario educativo implantado por el normalismo que las maestras llevan a la práctica de las maneras a veces más extremas, apunta Beatriz Sarlo en el libro La máquina cultural
2. La escuela debía enseñar lo que no se aprendía en las familias y en este caso se trataba de valores igualmente fundamentales para la época: el aseo personal, que se vincula con un ordenamiento programado de los cuerpos y un ideal de respetabilidad cultural y material, por una parte; el patriotismo como núcleo de identidad colectiva, por la otra, que instala a los sujetos en la escena nacional".

Nacida como "la revista de los niños" -tal como rezaba su slogan- y no como una publicación para la escuela, como dirá después ("10 puntos en material escolar", por ejemplo), la tapa del N° 1 está dedicada al "campeón de la temporada" y allí se reproduce la imagen de un chico desaliñado, con aire provocador, un parche en el ojo y una pelota debajo del brazo. Mirta Varela señala en Los hombres ilustres del Billiken
3: "Es el modelo infantil menos compatible con la escuela de ese entonces -y también de la actual- que uno pueda imaginar" e intenta pensar en "los esfuerzos denodados que debieron realizar madres y maestras para convertir al atorrante de la tapa en el pulcro escolar sarmientino de las fotos interiores".

Lo interesante, justamente, es que en los inicios de la revista convivían estos dos modelos. Billiken se proponía educar pero también divertir. Primordialmente estaba la impronta moralizadora, cristiana y de vocación pedagógica de Vigil.

Autor de El Erial y de docenas de libros para chicos -desde El Mono Relojero y La Hormiguita viajera hasta el clásico libro de lectura Upa-, Vigil tenía a las lecturas bíblicas como textos de cabecera. Sin embargo, cuando murió se descubrió, según señala Alberto Mangel, en Una historia de la lectura
4, que había reunido una de las mayores colecciones de literatura pornográfica de América Latina.

Pero en la revista campeaba también otra preocupación: la de concentrar el mercado infantil. Para ello, la aventura, los entretenimientos, los dibujos, las anécdotas y las viñetas resultaban buenos recursos para asegurarse un público fiel.

La historieta no era todavía el género popular que llegó a ser décadas después, cuando Billiken incluyó los primeros cuadritos en sus páginas. Si bien muchas de esas historietas tenían un marcado fin didáctico, otras eran absolutamente delirantes y surrealistas como Ocalito y Tumbita. Publicó desde El pibe -el personaje que secundaba a Chaplin en sus filmes-, hasta Marvo Luna, con guión de Héctor Germán Oesterheld. Fue la primera publicación que reprodujo a Superman en la Argentina, con el nombre traducido de Superhombre y, en 1971, incorporó el suplemento "El clan de Mac Perro" que, dirigido por Eugenio Zoppi, tuvo tanto éxito que llegó a opacar al resto de la revista.

En la publicación de Vigil nacieron también Pelopincho y Cachirula y Pi-pío que -en los 60- se mudaron a Anteojito, revista que rompió la hegemonía de Billiken en el mercado infantil. Rivales durante años, la revista de Manuel García Ferré, estaba dirigida -sin embargo- a un público más popular.

Billiken podía citar máximas bíblicas pero también presentar a los héroes escolares como aventureros, malos alumnos, revoltosos, de mal carácter. Perfiles que no se animaban a mostrar ninguno de los libros de lectura de la época, según la investigación de Varela: "Lo más notable es que en una primera lectura de la sección, la escuela no pareciera tener incidencia alguna en el futuro de los niños. Aquellos que fracasaron en su educación sistemática (algunos por incomprendidos, pero otros simplemente por torpes) llegaban a grandes hombres igual".

Durante los primeros tiempos, esa puja solapada fue ganada por la revista porque, explica Varela, en entrevista con El Monitor, "podía permitirse más libertad para moverse respecto a los modelos que debía presentarles a los chicos, no tenía por qué ser subsidiaria de ningún otro objetivo como la pedagogía, la formación de ciudadanía; entonces se permitía historias atractivas, historietas fascinantes, personas que tuvieran una arista de aventura mientras que la escuela, en esa etapa, estaba más ceñida a la obligación de presentar modelos potables".

Hasta que Billiken se escolarizó.

El silencio es salud

En esas primeras biografías, Billiken no hacía referencias históricas ni daba contextos políticos o sociales que enmarcaran a los personajes. No había alusiones a la coyuntura, quizás porque los que dirigían el medio presuponían que los niños no debían interesarse por esos temas de adultos. En cambio, sí está presente una cosmovisión de lo social, desde la óptica fuertemente cristiana de Vigil.

"También tiene que ver con la construcción de un nosotros -puntualiza Varela en la charla-. Nosotros los redactores, nosotros la editorial, nosotros las maestras, nosotros los niños como uno, nosotros los hijos de familias que hacen caridad con los pobres".

En las páginas de la revista hay referencias a los niños que no pueden comprar Billiken, se insta a los lectores a que se la presten a sus compañeritos pobres e informan que entregan ejemplares a las escuelas sin recursos que lo soliciten. En muchas de las narraciones que la revista ofrece a sus lectores a lo largo de la década del 20, los personajes son un chico benefactor y otro sin recursos.

En el número 252, de 1924, se escribe: "Si quisiéramos hablar en sentido figurado diríamos que un niño pobre es como una flor que un vano capricho ha hecho abrir en un lugar sombrío, helado, triste. Los tintes de su corola al no recibir el beso del sol no podrán ser nunca brillantes y bellos; la savia que alienta el tallo que las sustenta ha de estar envenenado por la humedad malsana que descompone los jugos de la tierra en sitio tan ingrato. ¡Qué hermoso sería que todos los niños y todas las flores gozaran de la caricia dulcísima del sol y del cuidado solícito de un buen jardinero! Pero no es posible esto, hay flores desamparadas y hay niños pobres. Es decir, pobreza y riqueza responden a un orden natural [...]. Tal vez por eso se afirme que no es posible un cambio, siempre habrá niños pobres".

Según observa Clara Brafman en su artículo Billiken. Poder y consenso en la educación argentina5 , la diferencia de clases era natural para la revista y en todo caso lo que había eran injusticias puntuales; la lucha de clases es suplantada por la caridad.

Los pobres son definitivamente desterrados de la publicación en la década del setenta, al mismo tiempo que la revista reforzaba su lugar de enunciación. "En el campo cultivan materias primas que son la base de nuestra alimentación", sostienen varios de los textos, tal como señala Paula Guitelman, autora de La infancia en dictadura. Modernidad y conservadurismo en el mundo de Billiken
6 , y en ese nosotros inclusivo, la publicación dejó clara su posición: sus lectores son de clase media urbana, de raza blanca, católica, con cuerpos disciplinados y pulcros. La investigadora recuerda una sola mención a un chico judío, que usaba kipá y que no asistía a la sinagoga sino que "iba a otra Iglesia", según se explicaba en uno de los párrafos.

Hacía tiempo que la editorial Atlántida estaba a cargo de los hijos del viejo fundador y las revistas que editaba la empresa no eran el órgano oficial del gobierno pero lo parecían.

En 1979, Atlántida y el Comando en Jefe del Ejército invitaron a los institutos de nivel primario de la Ciudad de Buenos Aires, incorporados a la enseñanza oficial, a los actos de celebración del sexagésimo aniversario de Billiken, en coincidencia con el cierre de la campaña educativa "El niño, la escuela y el ejército" y el IV Centenario de la Fundación de Buenos Aires.

El apoyo del grupo editorial a la dictadura fue explícito en revistas como Gente o Para ti, con sus lamentables campañas de persecución y ocultamiento. Amparada, quizás, en la idea de que los materiales para chicos son apolíticos, la estrategia con Billiken fue el silencio.

No se hacían menciones a la dictadura que tomó el poder en 1976 ni, en general, a hechos ocurridos durante el siglo XX. La historia es más bien universal antes que argentina, y casi siempre de los siglos XVIII y XIX. No aparece presentada ni como un proceso ni con conflictos.

Esto no implicaba que las Fuerzas Armadas no fueran mencionadas en las páginas de la revista. Por ejemplo, el Ejército patrocinaba un concurso para premiar a los mejores alumnos de séptimo grado. A la vez, el discurso de la revista estaba cargado de metáforas bélicas: "Guerra contra las caries", "Disparen contra la gripe", "Lucha contra la rabia". Frases similares a las presentes en el discurso militar que refería a "Extirpar los elementos anómalos del cuerpo social" y a "El silencio es salud".

Sostiene Guitelman: "No es que se ignore la historia; por el contrario, se la tiene especialmente en cuenta pero para reinventarla".

La actualidad -y el futuro- es referida solo a través de los descubrimientos y los avances de la ciencia y la técnica: desde temas sobre cómo usar un telescopio hasta la conquista del espacio y las megaobras de ingeniería. Eran parte de un discurso "de modernización pero de tipo reaccionario porque al mismo tiempo que se difundía un ideario modernizador de la estructura tecnológica del país (tanto en lo que concernía a las políticas públicas como a la vida doméstica de la población) se apelaba a valores tradicionales y retrógrados". Tal como explicó la investigadora en la entrevista con El Monitor, era "una manera de dejar circunscripto el cambio: lo que avanza es la ciencia, la técnica; no la historia".

Útil escolar

"Nunca fue necesario que la escuela transformase la revista porque ella misma se presentó escolarizada -entiende Varela-. A pesar de tratarse de un proyecto decididamente periodístico y empresarial, Billiken entró en la escuela de manera legítima. No enfrentó resistencias del sistema ni de los docentes".

Si en sus inicios era mucho más que un útil escolar, el proceso de transformación de la publicación en material para el colegio fue muy rápido y hacia la década del 30 el viraje ya estaba dado: los maestros eran los que garantizaban el público de la revista. Las directoras respaldaban los concursos y los llamados Comités Billiken -agrupaciones infantiles dedicadas a la caridad que llegaron a tener 40 mil socios- eran organizados en las escuelas.

La tensión se resolvió: la aventura fue desplazada mientras que el contenido empezaba a acomodarse a la currícula escolar. Los héroes fueron subidos al mármol, los textos se asemejaron a los libros de lectura y la revista adquirió el tono ejemplar que le dio su perfil más reconocible.

A partir de entonces Billiken se anquilosó, repitiéndose por años: las figuritas, los cuadros de botánica, las fiestas patrias, las maquetas de la escuela. "Las carabelas de Colón salieron del Puerto de Palos, en España, y llegaron a América después de un largo viaje", dice el texto de la edición del 6 de octubre de 2006 que en su fascículo anuncia "El descubrimiento de América". No hay ninguna referencia a la Conquista ni a los pueblos originarios, salvo en una viñeta (donde una chica con una pluma en la cabeza recita un menú americano: choclos con manteca, pochoclo, papas fritas y chocolate) y en un juego: "Este collar, armado con cuentas y plumas de colores, es igual a los que usaban los indios y llamaron la atención de los españoles cuando estos llegaron a América. Completá la pintura del collar, siguiendo el orden de los colores indicado en la parte que está pintada".

Como sucede con los recreos y las horas de clase, la diversión y el entretenimiento fueron separados de los contenidos, y el viejo magazine fue dividido en secciones fijas: matemática, lengua, ciencias naturales y ciencias sociales. Con el tiempo, algunas de estas áreas se conformaron en separatas hasta que, en la actualidad, los conocimientos formales están directamente afuera de la revista. La información escolar se ofrece en fascículos y álbumes -independientes del menguado cuerpo de la publicación- auspiciados por la AFIP. Los textos son cortos, con poca información y muy esquemática.

"Se modernizó gráficamente y se empobreció en sus contenidos", sintetiza Guitelman.

En el N° 4521, del 29 de septiembre de 2006, se anuncia en tapa la entrevista al detective Rodrigo Noya "Coprotagonista de uno de los unitarios más exitosos de la televisión"; las historietas son de personajes de Cartoon Network, y ya no hay calendario escolar adentro de la revista pero sí horóscopo. En el número de la semana siguiente, la tapa anuncia el estreno de la película Open Season. Amigos salvajes, que tiene un aviso unas páginas más adelante. Ese ejemplar viene acompañado con figuritas y un póster de Piratas del Caribe.

"La revista deja de autoabastecerse, empieza a ser subsidiaria de lo que otros medios traen. Y, en este punto, no hay que olvidar que Atlántida devino en multimedio -destaca Varela-; más allá de todas las críticas que me merece el primer modelo de Billiken, allí había un sentido moral. Ahora todo es más lábil, ni siquiera hay una cuestión moral fuerte a la que se pueda contrarrestar o, en todo caso, la moral es la del consumo".

Para el inicio de las clases del año 1920, en Billiken pueden verse fotos de niños con delantal llevando la revista a la escuela; el contenido era un valor en sí mismo. Ahora lo que se lleva al colegio son los accesorios que ofrece: la regla, el transportador, la mochila...

En una misma entrega pueden convivir las imágenes de las Abuelas por el Día de la Identidad y una lámina del Día de la Raza. Es que si hay algo característico de los medios de comunicación de hoy -tal como subraya Varela- es la capacidad de poder incorporar todo.

1 Ulanovsky, Carlos, Paren las rotativas, Espasa Calpe, Buenos Aires, 1997.
2 Sarlo, Beatriz, La máquina cultural: Maestras, traductores y vanguardistas, Buenos Aires, Ariel, 1998.
3 Varela, Mirta, Los hombres ilustres de Billiken. Héroes en los medios y en la escuela, Buenos Aires, Colihue, 1994.
4 Manguel Alberto, Una historia de la lectura, Buenos Aires, Emecé, 2005.
5 Brafman, Clara, "Billiken. Poder y consenso en la educación argentina (1919-1930)", Todo es Historia N° 298, abril de 1992.
6 Guitelman, Paula, La infancia en dictadura. Modernidad y conservadurismo en el mundo de Billiken, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2006.
   
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