|
|
|
Entrevista a Valerie Walkerdine
"Hay una multiplicidad de infancias"
Inés Dussel
Profesora de la Universidad de Cardiff, Reino Unido, la
socióloga Valerie Walkerdine es autora de numerosos libros
y artículos sobre la infancia, entre ellos Schoolgirl fiction
(Ficciones de alumnas), y Daddy´s Girl: Young girls and
popular culture (La hija de papá: Las niñas y la cultura popular).
En esta entrevista,Walkerdine señala la necesidad
de analizar los diferentes tipos de infancias que habitan este
mundo, y se detiene en el papel de los medios y los videojuegos
en la producción de identidades infantiles.
-¿Cómo pensar sobre la infancia hoy? ¿Podemos seguir hablando
de la infancia en los términos en que se hablaba hace
cincuenta o cien años?
-Bueno, lo primero que se me ocurre es que hay muchos
tipos diferentes de infancia, y eso no solo es un dato de la
actualidad, sino que siempre ha sido así. Incluso en el trabajo
del historiador Philippe Ariès, que planteaba la emergencia
del sentimiento de infancia en el siglo XVI y XVII, puede
observarse que la infancia no existía de la misma manera
para todos, y que las concepciones de infancia de los trabajadores
no eran las mismas que las de los aristócratas.
El tema es que no debemos pensar solo en los cambios
históricos, sino también en los cambios culturales actuales;
por ejemplo, en las disparidades entre regiones. En el
mundo globalizado, hay que ver que estas diferentes infancias
se relacionan de maneras complejas, por ejemplo
hay chicos en talleres textiles en Guatemala que producen
los bienes que consumen los chicos del llamado Primer
Mundo.Hay una multiplicidad de infancias,y también hay relaciones
de explotación entre los diferentes tipos de infancia.
En esa dirección, algunos psicólogos y pedagogos norteamericanos
plantearon la idea del "fin de la infancia",del fin del
estado de minoridad, inocencia y subordinación en que se
tenía a la infancia. ¿Usted qué opina de este argumento?
-Creo que para pensar en el fin de la infancia, en realidad
habría que interrogar al "comienzo" de la infancia, esto es,
al surgimiento del estudio científico de la infancia que dictamina
que hay una especie de ser que es el niño, que debe
ser considerado un objeto científico, y que ese objeto niño
puede separarse de sus condiciones sociales y culturales.
Este "sujeto-niño" definido por la psicología del desarrollo
infantil plantea una niñez inocente, asexuada, incompleta,
y claramente separada del universo adulto que posee las
otras características. Fue una forma muy eficaz y muy fuerte
de pensar y definir un universo infantil que está en la base
de cómo pensamos a la niñez en las escuelas y en la
sociedad. Creo que hay que cuestionar esta idea de infancia
para discutir entonces el argumento del fin de la
infancia. Lo que estamos viendo no es el fin de la infancia
sino la crisis de ese tipo de discurso.
Por otra parte, estos argumentos sobre el fin de la infancia,
sobre la pérdida de la inocencia, y el susto frente
a la emergencia de una infancia sexualizada en los medios,
surgieron en Estados Unidos en un momento preciso
que es la época de Ronald Reagan, con el neoliberalismo
en ciernes. En realidad movilizan discursos viejos,
porque la idea de la inocencia del niño, y también de la
pérdida de la inocencia, estaba ya en Rousseau en el siglo
XVIII, entre muchos otros. Pero ahora hay un desplazamiento
que tiene que ver con la emergencia de familias
plurales, de organizaciones sociales plurales, de nuevas
formas de ser madre o padre, de nuevas infancias. Me parece
que el discurso del fin de la infancia responde a cambios
en los países del Atlántico Norte en la organización social
y cultural, y que viene a condensar una serie de
ansiedades sobre estos cambios, que se expresan muchas
veces como nostalgia.
También creo que la situación actual es mucho más complicada
que lo que argumentan quienes dicen que la infancia
"se acabó". El niño de la psicología evolutiva todavía
existe como objeto discursivo, junto a muchas otras diferentes
clases de infancia, a otras condiciones. Hoy tenemos
un régimen global de producción de la infancia, que
tiene una organización discursiva muy compleja. Como
decía antes en relación a cómo se vinculan las infancias
de distintas regiones del mundo, o aun dentro de las mismas
regiones, hay que tener en cuenta que las relaciones
y los flujos de intercambio son bien complejos.
Pensemos por ejemplo en cómo se piensa habitualmente,
al menos desde el llamado Primer Mundo, sobre la infancia
del llamado Tercer Mundo. Pareciera que el chico
que trabaja en el Tercer Mundo no tuviera una infancia.
Es decir, pareciera que hay una especie de estado natural
que no tiene, y esa afirmación naturaliza una cierta idea de
infancia, y excluye otras prácticas de los niños como si no
fueran infancia.
-Por eso mismo, hay que cuestionar esa construcción
discursiva sobre la infancia.
-Exacto, hemos dicho desde hace tiempo que la infancia
es un objeto discursivo; es decir, está moldeada por
discursos diversos (discursos científicos: sobre todo psicológicos,
pero también médicos, pedagógicos, etcétera; y
también por discursos político-legales, por discursos morales,
entre otros). Creo que hay que volver a pensar cómo
se relacionan de maneras complejas estas diferentes formas
de pensar o hablar sobre la infancia. Y además, hay
que pensarlas más relacionalmente. Los objetos discursivos
se constituyen en un conjunto de relaciones complejas
con otros. Pensemos por ejemplo en la historia de Peter
Pan: él es un niño de una familia rica, pero en sus fantasías
las infancias ricas y pobres se ponen en contacto entre
ellas, se entrecruzan, y producen una historia compleja.
Creo que tenemos que llevar más allá la idea de multiplicidad,
porque no es cuestión de decir simplemente: hay
muchas infancias, todo vale, y listo; lo que importa hoy
es mirar cómo está teniendo lugar una reorganización
discursiva, de qué maneras complejas está sucediendo
eso hoy.
-En relación con ello, ¿qué papel juegan los medios y las
nuevas tecnologías en la producción de nuevas infancias?
-Bueno, hace un buen tiempo,más de 15 años, que vengo
trabajando sobre la relación entre infancia, medios, y
cuestiones de género y sexualidad. En mi trabajo "La hija
de papá", me interesó en especial centrarme en esta idea
de la infancia inocente, de la inocencia de las niñas, y el
discurso mediático que en forma creciente erotiza a las
niñas, las convierte muy tempranamente en objeto de la
mirada masculina, tanto a través de los comerciales como
de los programas infantiles y adolescentes. En esa época
miré lo que se mostraba en la TV inglesa en los años 80 y
90, y si bien hoy aparecen otras cosas, es bastante similar
a lo que observé en ese momento. Estoy trabajando en cómo
hoy se caracteriza a las niñas en los medios, y aunque
ostensiblemente uno ve más pluralidad en los tipos de
niñas que se presentan como personajes,me parece que esa
erotización de las chicas se da por sentado, y los patrones
de género se mantienen bastante estables. Por ejemplo,
cuando aparecen chicas interesadas en la tecnología, se
las presenta como menos femeninas, más rudas. No es
que se muestre cualquier cosa en la TV.
En el libro La hija de papá planteé que los medios presentan
a las niñas ya sea como inocentes o como objetos
eróticos, y a veces como ambas cosas. Pero lo que resulta
más interesante es analizar cómo ellas se involucran con
estas construcciones mediáticas televisivas o del cine, y
por eso me dediqué a estudiar cómo ellas miran TV, qué cosas
aprenden, qué cuestiones les impactan o las afectan.
No es un impacto directo e inmediato, sino que está mediado
por muchas cosas. Ahí, por ejemplo, no habría que olvidarse
de que en un punto las fantasías de los chicos que
trabajan y viven en la calle en Brasil o en Argentina no difieren
tanto de las fantasías de una chica de clase media
en Inglaterra. O más bien habría que decir que probablemente
hoy estén compuestas de elementos parecidos, solo
que se combinan de maneras muy distintas.
-¿Qué está sucediendo con los videojuegos?
-Bueno, ahí creo que se abre otro tipo de reflexiones y
problemas. Me parece que los videojuegos son hoy un ámbito
privilegiado de construcción de la masculinidad contemporánea.
Ellos requieren e involucran la producción de
acciones que se supone son parte de lo masculino. Me parece
que hay muchos vínculos entre lo que proponen los videojuegos
y la estructura del relato de los viejos western
de Hollywood, donde el héroe es golpeado pero siempre se
recupera y vuelve a la pelea hasta vencer. Me parece que
esta idea está en el centro de la organización de muchos
videojuegos. Hay una serie de movimientos tecnológicos,
ya no con una pistola sino con el control del videojuego, que
exige que seas rápido con la coordinación de tu mano, que
tengas buenos reflejos, etcétera. Y
pensar eso me ayudó a entender por
qué las chicas la pasan mal, o no les
va bien, cuando juegan con los videojuegos.
No es que no les interese
ganar o matar a otros, sino que
están atrapadas en una contradicción.
Si quieren parecer competitivas,
como hay que serlo en los videojuegos,
entonces tienen que dejar
de lado la cooperación, pero eso parece contradecir un
mandato tradicional de la femineidad que es cuidar a todos,
sentirse responsables de que todos estén bien, y entonces
las chicas buscan la forma de ser al mismo tiempo
cooperativas y competitivas. Eso se ve en muchos aspectos:
en el mercado de trabajo sucede algo parecido, porque se
les pide a las mujeres que se desempeñen con algunos
atributos supuestamente masculinos pero también que
mantengan los femeninos, que sigan siendo maternales,
que estén bellas a los ojos de los hombres; entre muchas
otras cosas que en realidad resulta bastante difícil sostener
todas juntas.
En mi investigación sobre cómo las chicas juegan videojuegos,
enseguida observé que ellas no llegan muy lejos, tienen
que combinar cuestiones contradictorias y eso las frena.
En cambio, los varones no sienten que tienen que
hacerlo. Quieren ser héroes, quieren ganar, quieren superar
a sus amigos, y eso no contradice los sentidos tradicionales
de la masculinidad. Las chicas en cambio pretenden
que no quieren ganar. Nos decían en la investigación
que ellas odian la violencia, que les asusta la violencia; pero
uno las ve jugar y las compañeras les gritan apasionadamente,"
Matalo,matalo", ¡como un varón más! Lo que uno
puede ver es que se construye una especie de posición imposible
para ellas, en la que hay que querer ganar a la par
que cuidar de otros, estar atentas a que estén todos bien,
preocuparse si alguien se pierde o es atacado. realmente,
una posición imposible. Me parece que estas maneras
de aproximarse a la infancia y a la construcción del género
son más interesantes que mirar el contenido de los videojuegos,
o en qué medida tienen personajes femeninos
o no. Me parece que la producción de la femineidad y la
masculinidad se da más bien en el desempeño y en la forma
en que se ejerce cotidianamente, y en ella los medios
electrónicos hoy tienen un peso importante.
|