Formarse en la diversidad

Liliana Seró trabaja como profesora en el Instituto de Formación Docente Continua de la Escuela Normal Superior "Estados Unidos del Brasil", en Posadas, provincia de Misiones. Como antropóloga, considera que la diversidad tendría que incorporarse dentro de las estrategias de enseñanza y aprendizaje. Asegura que es imprescindible revalorizar la formación docente; para ello, no se debe definir a los estudiantes desde la pedagogía del déficit. Su apuesta es ampliar las oportunidades de aprendizaje.

Ana Abramowski / aabramowski@me.gov.ar
Fotos: Luis Tenewicki

"Nací por accidente en Buenos Aires, pero mi primer año lo cumplí en Oberá", advierte Liliana Seró, que más allá de lo que diga su partida de nacimiento, se siente misionera. Es licenciada en Antropología Social, egresada de la Universidad Nacional de Misiones: "Estudié de grande, ya con una hija, y la carrera me llevó bastante tiempo, empecé en 1983 y me recibí en el 92".

Luego de incursionar en diferentes ámbitos laborales, que le permitieron vincular su saber antropológico con la cuestión educativa, desde el año 2001, Seró se dedica con todas las pilas a la formación docente: "Creo que hay que patalear y batallar desde la formación de maestros", enfatiza con una voz suave y a la vez muy firme.

Trabaja como profesora en el Instituto de Formación Docente Continua (IFDC) de la Escuela Normal Superior "Estados Unidos del Brasil", de Posadas, donde se cursa el profesorado para EGB 1 y 2. Allí dicta un taller optativo: "Diversidad socio cultural y educación". Además, es suplente en dos comisiones del "Trayecto integrador de la práctica" (TIP), y desde hace tres años se desempeña como coordinadora de la formación inicial.

En su modo de enfocar la enseñanza, Seró transmite un no sé qué proveniente, tal vez, de su formación como antropóloga. Hay en sus planteos una particular disposición por acercarse y llegar a los demás, y, sobre todo, una preocupación sostenida por lograr que cada uno encuentre la manera de "expresar su propia identidad".


El aula como un campo

Sus primeros pasos en la docencia fueron en la Universidad: "En esa época, los estudiantes avanzados podíamos concursar como ayudantes de segunda categoría y obtuve un cargo en una materia de primer año, "Introducción a la Antropología Social". En un instante, Seró hilvana mentalmente distintos momentos de su carrera y resume: "Creo que encuentro cierto encanto en trabajar con chicos de primer año".

"Tenía grupos muy numerosos -recuerda-, de 200 alumnos o más, y no quería dar los contenidos del programa y listo. Me di cuenta de que debía formarme para encontrar estrategias de trabajo con grupos tan grandes. Por eso me puse a leer cuestiones de educación y empecé a hacer algo así como una autoformación. Cada etapa me fue demandando cosas que me llevaron a estudiar. Realmente me preocupaba el tema de la enseñanza y, como antropóloga, consideraba que mi trabajo de campo estaba también en el aula".

"Siempre me interesó el tema de las desigualdades sociales, la diversidad. Yo veía que el aula era un campo de lucha y quería hacer repensar estereotipos, formas de discriminación. No es un tema fácil porque hay matrices de interpretación que están tan instaladas que a veces se dice algo y bum, vuelve como un boomerang. En lugar de poder ampliar las posibilidades de ver la diversidad en diferentes contextos, se refuerzan aún más los estereotipos. Por eso creo que hay que tener cuidado en las estrategias para presentar cada tema", explica Liliana con un tono cauteloso, que permite percibir que ella también se confrontó con la sacudida de sus propias matrices.

"Cuando empecé a cursar Antropología, necesité romper con muchos estereotipos que yo misma tenía, debí empezar a rebobinar muchas cosas. No me resultó sencillo. La diversidad -concluye- no debería darse como un tema, tendría que incorporarse dentro de las estrategias de enseñanza y aprendizaje".

Docentes que escriben para sus alumnos

"Algo que siempre me preocupó fue la cuestión de la lectura, la escritura y la oralidad. Siempre me gustó leer, y escribir me encanta, más cuando es para los alumnos. Hubo un texto brasileño que me marcó mucho porque estaba escrito pensando en un alumno, en una persona que quiere aprender. Yo decía 'así quiero aprender a escribir'. Son textos académicos que tienen la búsqueda de una estética, de un estilo", dice Liliana y sonríe.

"Yo les digo a los estudiantes: 'Anímense a escribir para sus alumnos, no esperen que todo venga escrito. Traten de ir construyendo su propio estilo para escribir'. Los distintos estilos tienen que ver con expresar aspectos de la identidad. Es necesario que el docente se ubique como autor y no como reproductor", sintetiza esta profesora que posee una vasta experiencia en escribir materiales para diferentes interlocutores, y no se cansa de repetir que le encanta esta tarea. En 1998, Seró fue convocada desde un Programa de Educación a Distancia, "Educación secundaria abierta", perteneciente a la Subsecretaría de Educación, para elaborar los libros de Ciencias Sociales.

"Creo que este tipo de ideas se puede transmitir a los alumnos, pero no es posible hacerlo si se los define, de entrada, como carentes de todo. Hay mucha pedagogía del déficit: el que va al magisterio es el pobrecito, el que no puede hacer otra cosa, el que no le da la cabeza. Hay una desvalorización institucionalizada bastante generalizada". Luego de describir la situación, Liliana plantea su propia visión: "Creo en la posibilidad de trabajar desde otra perspectiva. Me parece que hay que tratar de dar mayores oportunidades de aprendizaje: los chicos vienen en distintas condiciones, con diferentes trayectorias escolares y distintas biografías, entonces no se puede pensar que una receta va a funcionar para todos; algunos necesitan más tiempo, un trabajo más personalizado. Busco trabajar el tema de las narrativas, ayudarlos en los procesos de autocorrección; las consultas y las tutorías son muy necesarias, al igual que la colaboración entre ellos. Tenemos un universo heterogéneo de alumnos, y en lugar de reconocer esta realidad, se los suele categorizar como carentes".

Trabajo de campo educativo

A fines de los 90, Liliana Seró fue convocada para trabajar en el diseño curricular de la EGB 3 de la provincia de Misiones. Esa tarea implicó, durante meses, jornadas enteras de trabajo de campo en diferentes comunidades. Liliana lamenta que aquello no haya tenido continuidad, pero recuerda la experiencia como muy gratificante: "Trabajé mucho en un paraje muy chiquito del Departamento 25 de Mayo, donde la mayoría de las familias habían venido de Brasil. Los chicos y las chicas llegaban a la escuela hablando su lengua materna, el portugués, y los más grandes oficiaban de traductores. Había una escuela que era muy particular, porque el maestro habilitaba a los chicos a hablar portugués en el aula. Las consignas estaban escritas en castellano, pero los chicos las leían, las discutían entre ellos en portugués y después las presentaban en castellano. En otras escuelas no pasaba lo mismo, decían: 'No, no se puede, si hablás portugués no te dejo jugar al fútbol en el recreo'".

Y continúa: "Me acuerdo de algo que me impactó mucho. Una chica de 6º año me dijo: 'Lo que pasa es que yo no sé qué hablo. A mí me dijeron que yo no hablo ni una cosa ni la otra, ni castellano ni portugués'.
Eso es una desvalorización terrible de la cuestión lingüística. Los chiquitos del paraje iban perdiendo vocabulario de su propia lengua. Todo lo que tenía que ver con el contexto familiar lo decían en portugués, y lo relativo a la escuela lo aprendían en castellano. Por ejemplo, no sabían nombrar los útiles escolares en portugués".

"En ese momento habían salido los posgrados, las maestrías, y la gente gastaba un montón de plata para aprender portugués, mientras que a estos chicos que lo sabían desde la casa se los estaba frenando. Me parecía una contradicción terrible. Yo les contaba que había personas que pagaban para hacer cursos de portugués y se me quedaban mirando. Me parece que con la cuestión lingüística hay un cierto temor a ampliar y diversificar las opciones. Por otro lado, en los institutos no existe una formación en educación bilingüe, y sería bueno que la hubiera".


Batallar en la formación docente

Luego de diecisiete años de trabajar en la Universidad, Liliana Seró decidió renunciar: "Opté y elegí el IFDC". Hacía varios años que venía considerando la necesidad de priorizar la formación docente: "Cuando iba a las escuelas a realizar trabajo de campo, veía que los colegas tenían una determinada formación y les costaba engancharse con otras posibilidades de ver las cosas".

El IFDC tiene las tres funciones acreditadas: formación inicial, capacitación e investigación. Seró coordina la formación inicial y su principal tarea es articular: "Tratar de impulsar miradas más consensuadas respecto de una serie de temáticas, y eso no es fácil porque implica revisar lo que cada uno está haciendo. Además es muy difícil por los tiempos institucionales. Una meta que tengo para el año que viene es redefinir los tiempos y tener un horario común, sin clases, para que docentes y alumnos podamos reunirnos a ver una película, a discutirla, organizar ciclos de debates".

Liliana insiste con el requisito de flexibilizar las estructuras curriculares: "Muchos alumnos trabajan, muchas alumnas son mamás o ingresan embarazadas, o tienen sus hijos durante la cursada. Estas chicas están en desventaja en un montón de cuestiones y hay que ofrecerles otras oportunidades para que no dejen la carrera".

En el "Trayecto integrador de la práctica" (TIP) de primer año están viendo el tema de los actos escolares. Los estudiantes realizaron observaciones, hicieron narrativas sobre los actos que ellos mismos experimentaron, leyeron bibliografía sobre población afroargentina -entre otros textos- y vieron un video. El objetivo es que los alumnos y alumnas puedan imaginar y llevar a cabo un acto escolar diferente. También es necesario repensar el concepto de práctica; la práctica docente no es solo estar en el aula y dar contenidos, la práctica está en el acto escolar, en el recreo, en todos lados. El tema de los actos me pareció interesante porque todavía están muy sacralizados, son muy solemnes, y es un punto donde se construyen estereotipos".

Para que los jóvenes tuvieran contacto con diferentes modos de concebir las prácticas, Seró invitó a un grupo de maestras de la Escuela Nº 298, Salvador Simsolo, de Posadas, para que relataran sus iniciativas pedagógicas vinculadas con el teatro.

Cuando se le pregunta por sus proyecciones para el futuro, Liliana mira por arriba de sus anteojos y responde: "Yo querría seguir haciendo esto, me gusta, y a la vez estoy aprendiendo. Ya tengo 50 años, no estoy empezando, pero me pongo a estudiar cosas nuevas porque realmente las necesito y me sirven para trabajar mejor. Me gusta este lugar y quiero seguir apostando a la formación docente, me parece imprescindible revalorizarla, más aún cuando está destinada a la escuela primaria. Tenemos muchas cosas por hacer".

   
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