Los resultados del Censo Nacional de Docentes
Todos los maestros, todos

En la Argentina hay 825.250 educadores, de acuerdo con los datos del último Censo Nacional realizado en 2004, cuyos resultados fueron presentados recientemente.
El registro permitió obtener información sobre diversos perfiles institucionales, sociodemográficos, laborales y profesionales de los docentes de todo el país.


Silvina Seijas
"Fuente de los gráficos": Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa.

Si todos los maestros argentinos fuesen hinchas de River, completarían una docena de Monumentales, y aun podrían llenar medio estadio más: según el último Censo Nacional de Docentes -que se realizó a fines de 2004, y cuyos resultados definitivos fueron presentados el pasado 6 de octubre- hay 825.250 educadores en el país, un 22,6 por ciento más que en 1994, cuando se efectuó el anterior relevamiento.

El total de trabajadores del sector representan el 8,5 por ciento de la población argentina ocupada, ubicando a la educación en el tercer lugar de importancia entre las actividades económicas, detrás del comercio y la industria manufacturera.

Los datos fueron recogidos por 6.000 censistas, que visitaron 46.000 establecimientos y confeccionaron 1.300.000 cédulas, y el procesamiento de la información estuvo a cargo de la Dirección Nacional de Información y Calidad Educativa, del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación.

Las cifras

Apenas un 0,3 por ciento de los docentes argentinos desarrollan sus tareas en unidades de gestión escolar (aquellas vinculadas con la supervisión y orientación del servicio educativo). El resto de los educadores se desempeñan en establecimientos educativos: un 70,8 por ciento en el sector estatal, un 22,2 en el ámbito privado, y un 7 por ciento trabajan en ambos. El sistema de educación formal reúne a 804.181 maestros y profesores: el 94,4 por ciento se concentran en el subsistema de educación común; mientras que los subsistemas de educación especial, de adultos y artística congregan el 3,3; 5,6 y 1,4 por ciento, respectivamente.

El nivel de enseñanza primario (o primero y segundo ciclo de la Educación General Básica) convoca a 4 de cada 10 docentes. Del resto, un 33,8 por ciento ejercen su profesión en el nivel medio (o Polimodal); un 24,1 por ciento en EGB 3; un 12,4 por ciento en el nivel inicial y un 7,7 en el nivel superior no universitario (compuesto por institutos de formación docente y de formación técnico-profesional). Más del 75 por ciento de los educadores de cada nivel se desempeñan dictando clases.

Con relación a los resultados obtenidos en 1994, el Censo Nacional de Docentes de 2004 mostró en los planteles docentes una estructura de edades más envejecida: el promedio es de 41 años. Este envejecimiento puede explicarse sobre la base de dos fenómenos.

En principio, en aquellas jurisdicciones donde la matrícula de alumnos no creció significativamente, tampoco aumentó el número de vacantes -que permitiría a educadores más jóvenes el ingreso al sistema- y los mayores se estabilizaron en sus puestos.

En segundo lugar, cabe recordar que, durante la década del 90, once jurisdicciones transfirieron sus cajas al Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones, y elevaron la edad de retiro a 60 años para las mujeres, y a 65 para los hombres. A inicios del 2005 se revirtió esta situación, con lo que se volvió al antiguo régimen de 57 y 60 años, respectivamente. Al reducirse el tiempo de permanencia en el sistema, es de esperar que el próximo censo refleje un promedio de edad menor.


El Censo reveló además que las damas son mayoría en todos los niveles de enseñanza: ocho de cada diez docentes son mujeres, aunque la presencia masculina aumenta en los niveles más altos del sistema. Mientras que en el nivel inicial más del 90 por ciento de los cargos están cubiertos por mujeres, en el nivel no universitario de formación técnico-profesional, la relación es casi 50 a 50.

La preparación

También con respecto a los resultados del relevamiento de 1994, el CND 2004 señaló que los docentes argentinos mejoraron su nivel de formación: el 76,5 por ciento completaron estudios superiores. Esta mejoría acompaña a la que se ha observado en el total de la población del país y en el total de argentinos empleados, según los datos obtenidos del Censo Nacional de Población 2001. Resulta significativo, asimismo, señalar que todos los docentes tienen un mayor nivel de formación que sus padres: un 76,7 por ciento completaron estudios superiores, contra el 13,8 de los progenitores en igual situación.

Más del 65 por ciento de los docentes al frente de cursos tienen formación pedagógica, con excepción de quienes se desempeñan en el nivel no universitario de formación técnico-profesional (47,8 por ciento). Del mismo modo, en todos los niveles se observa una asistencia a cursos de capacitación (de 40 o más horas presenciales) que supera el 50 por ciento, y llega a más del 70 por ciento en el caso de los niveles inicial y primario/EGB 1 y 2. Entre las temáticas preferidas al momento de recibir capacitación, los educadores señalaron "relaciones sociales y humanas", "estrategias de enseñanza y didácticas especiales", "características de los sujetos que aprenden" y "nuevas tecnologías de la información y la comunicación".

Los motivos

Consultados sobre las causas por las cuales ejercen la docencia, el 60 por ciento de los encuestados respondieron: "Porque me gusta enseñar". Un porcentaje del 37,5 señalaron que "Me gusta trabajar con chicos o jóvenes"; un 35,7, que desempeña "Una profesión a través de la cual puede mejorarse la sociedad"; y un 34,4: "Me interesa que otros aprendan". Entre otras opciones, las que también recibieron adhesiones significativas fueron "Me gusta la disciplina que dicto", "Representa una opción laboral" y "Me gusta hacer cosas por los demás".

Como factores que favorecen su tarea cotidiana en los establecimientos educativos, el 67 por ciento de los docentes consultados señalaron "el clima de trabajo entre colegas"; un 66,5 se refirieron a la "actitud del personal docente con la tarea"; y un 63,5: "al nivel de formación" de sus compañeros. Como obstáculos, en cambio, se señalaron la "condición socioeconómica de los alumnos" (48,9 por ciento), la "actitud de las familias con la escuela" (32,2).

Por último, cabe mencionar que más del 50 por ciento de los educadores argentinos esperan seguir en su puesto actual durante los próximos cinco años. Más del 40 por ciento desean estudiar otra carrera, mientras que un 25 por ciento ansían lograr la titularización.

El potencial de un relevamiento exhaustivo
El objetivo del Censo Nacional de Docentes fue conocer la cantidad de personas que se desempeñaban como docentes en cada uno de los niveles de enseñanza y tipos de educación, su formación y trayectoria profesional, así como las características de su inserción en el sistema educativo: trabajo en el aula, en funciones directivas o de apoyo a la enseñanza, inserción en uno o varios establecimientos y/o niveles, carga horaria semanal, antigüedad, situación de revista, entre otras variables. Adicionalmente, fue posible conocer sus motivaciones, expectativas y opiniones, así como su interés en capacitarse en determinadas problemáticas.

Si bien algunas características permiten observar cierta homogeneidad dentro del conjunto de los docentes -gran mayoría de mujeres, de mediana edad, con estudios superiores completos y formación pedagógica-, muchas diferencias se vislumbran cuando se realizan comparaciones entre los diferentes niveles de enseñanza y en cada provincia en particular. Todas estas posibles miradas constituyen hoy una potente fuente de información, que en base a datos exhaustivos y confiables, enriquece el diseño y la construcción de las políticas destinadas a mejorar la calidad de la educación argentina.

Marta Kisilevsky
Cristina Dirié



Una imagen distinta de la que tiene la sociedad

El último censo docente muestra un buen mapa de la situación de los docentes argentinos. Evidencia un panorama levemente distinto de aquel de 1994, cuando se tomó por primera vez. Los docentes hoy son más que antes; están mejor formados; vienen de familias con mayor nivel educativo y tienen más antigüedad en el oficio.

Podría argumentarse que tener más años de formación o de experiencia en el cargo docente no garantiza una mejor docencia, pero tampoco habría que subestimar el esfuerzo social y personal que significa haber extendido los años de escolaridad y de permanencia en el trabajo. Lo que nos interesa destacar, sin embargo, es que la visión de un cuerpo docente más profesionalizado no se corresponde con la imagen que la sociedad argentina tiene de sus docentes, y tampoco es la que tienen sobre sí mismos los propios docentes, que vienen denunciando el deterioro de sus condiciones de trabajo. Es esta imagen la que habría que discutir, no para refutarla, pero sí para definir mejor qué sería necesario cambiar, y cómo hacerlo.


La docencia es un oficio muy complejo. Requiere conocimientos pedagógicos y de las disciplinas; sensibilidad y respeto a la opinión de otros; preocupación por lo que aprenden los alumnos; innumerables saberes administrativos y flexibilidad para moverse en la micropolítica de la escuela. Hoy, hay muchas tareas asistenciales y de contención que se suman a este largo listado.

Algunos datos del censo permiten abordar algunos de estos problemas del trabajo docente. Por ejemplo, hoy muchos más docentes trabajan en más de un establecimiento, en porcentajes que van del 30% en el caso de los primeros niveles de la escuela primaria al 62% en la EGB 3 y al 57% en el nivel polimodal. El tener cargos en varias escuelas es producto de la necesidad de contar con más ingresos, tanto por la caída salarial como por el hecho de que el sueldo docente, de ser el segundo ingreso del hogar, pasó a ser el primero y a veces el único, ya que muchos son jefes o jefas de familia. Trabajar en más de una institución dificulta el hecho de establecer mejores vínculos con los alumnos, con los colegas y con las familias, y también vuelve más difícil el comprometer a los docentes en proyectos de toda la escuela.

La edad y la antigüedad de los docentes son otros datos que conviene analizar. Tenemos hoy docentes más grandes y con más años de experiencia en la docencia; un dato auspicioso, porque los maestros y profesores adquieren buena parte de su saber en el ejercicio diario de su docencia. Pero también puede ser un dato preocupante: ¿estamos haciendo lugar a la renovación de la docencia? ¿Por qué no promover más explícitamente la presencia de docentes jóvenes, con aires frescos y formación renovada, en las escuelas? Por otra parte, estos datos nos urgen a tomar decisiones políticas inmediatas, porque hay que planificar cómo se responde a la jubilación, de aquí a 10 años, del 20% de los docentes en ejercicio.

La información que provee el censo docente permite recordar que los cambios en el sistema educativo son de largo plazo y que hay que invertir hoy para que dentro de 20 años se produzcan algunos de los efectos que buscamos. No hay soluciones mágicas: se requiere un trabajo sistemático, continuo y articulado que destine recursos para que los docentes trabajen mejor y para que los chicos puedan aprender mejor.

Inés Dussel
Columna publicada en el diario La Nación
     
   
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