Nuevamente, El Monitor

El primer número de El Monitor de la Educación Común se publicó en septiembre de 1881. Por ese entonces era editado por el Consejo Nacional de Educación, encargado de dirigir las escuelas nacionales en todo el país. Comenzaba la primera presidencia de Julio Argentino Roca: con sus luces y sus sombras, se consolidaría en los años siguientes el proyecto liberal oligárquico que implicó una profunda transformación de la estructura social, demográfica, económica y cultural del país.

El Monitor fue, durante muchos años, el vínculo comunicante entre el Ministerio de Educación y los docentes argentinos. Editado mensualmente, buscó ser la voz autorizada de la pedagogía y la enseñanza, acompañando la tarea de los maestros, ayudándolos a actualizar estrategias pedagógicas, difundiendo una concepción educativa, y marcando el rumbo que debían seguir las escuelas. La revista fue, durante décadas, una herramienta más en el fortalecimiento de un sistema educativo que supo integrar a los hijos de los inmigrantes y favorecer la movilidad social ascendente de los ciudadanos.

Es interesante señalar también que había en sus páginas un espíritu de transparencia administrativa: los maestros, reconocidos como actores centrales del sistema, recibían a través de la revista un detalle de las partidas presupuestarias de las provincias, las nóminas de docentes recién nombrados, las estadísticas, las actas de reuniones del Consejo, y hasta la cantidad de pupitres, pizarras y libros que se compraban.

Si en su época El Monitor logró ser un texto de referencia ineludible para los docentes argentinos, hoy ese material constituye un documento histórico valiosísimo, que nos permite reconstruir paso a paso la evolución de las políticas educativas nacionales a lo largo de aquellos años.

El Monitor siguió publicándose hasta 1949, año en que el Consejo Nacional se convirtió en Dirección Nacional de Enseñanza Primaria, integrada al Ministerio de Educación. Su historia a partir de ese momento es más errática: reapareció durante breves períodos (1959-1961; 1965-1976 y 2000-2001) en los que con distinta suerte, los sucesivos directores se propusieron reavivar aquella idea de acompañar la labor de los docentes en el aula y ofrecer un instrumento integrador para el sistema educativo nacional.

Somos conscientes de que volver a editar El Monitor implica hacer una suerte de balance de sus fortalezas y debilidades. Las perspectivas pedagógicas y políticas han cambiado, y todos hemos aprendido el valor de respetar la diversidad para lograr la construcción democrática de una Nación auténticamente federal. El espíritu centralista que marcó la primera época de El Monitor está tan lejos de nuestras concepciones como de las expectativas de los docentes argentinos. Sin duda, entre las debilidades que hoy percibimos en El Monitor de la primera época, se cuenta el modo en que el Estado central -de manera un tanto monocorde- emitía una voz oficial y unívoca, escrita para los docentes pero no por y con ellos. Pero creemos que hay que apoyarse en esas tradiciones para reinventarlas; que es bueno retomar la iniciativa de otras generaciones de establecer diálogos y encuentros entre docentes, profesores, administradores y políticos de todo el país. Y también que es necesario que esos diálogos y encuentros sean más plurales, más participativos, y que contribuyan a sentirnos parte de una comunidad inclusiva y tolerante.

El Monitor que hoy presentamos se propone como entonces, ser un enlace en una red de vínculos entre el Ministerio y los docentes, entre los docentes de las diferentes regiones del país, entre las escuelas y los supervisores, entre los referentes comunitarios y los responsables de la administración. En ese campo plural, el Ministerio es un actor que aspira a asumir sus responsabilidades y responder a las expectativas de los actores del sistema educativo; en particular, de los docentes que son quienes cada día en las aulas construyen -pese a las dificultades- un espacio de integración y crecimiento para nuestros chicos. Aspiramos a que El Monitor constituya un espacio fértil para debatir ideas e iniciativas que nos ayuden a recuperar los niveles educativos que fueron orgullo de todos y que permitieron a generaciones de argentinos de los orígenes más diversos, integrarse social y culturalmente y contribuir al desarrollo de la patria. Creemos que este debate resulta hoy ineludible, que priorizar la educación y discutir qué educación queremos y cuáles son los caminos para alcanzarla, es un paso fundamental para poder discutir qué país queremos y cómo podemos comenzar a construirlo.

Inés Dussel
Inés C. Tenewicki
Directoras

   
Subir