El Museo

De plumas y letras lindas

En aquel tiempo no existían las estilográficas ni las lapiceras a bolilla, tan comunes hoy, practiquísimas, sin duda, pero que quitaron a la caligrafía la belleza de los rasgos perfilados que entonces se exigía como condición sine qua non en las clases de la materia.

MESTRONI, Valentín (1965)
Los maestros que yo he tenido,
Bs. As. Plus Ultra.

Valentín fue a la escuela a principios del siglo XX y en su cartuchera de madera -seguramente importada de Alemania- guardaba su portaplumas con la pluma cucharita (1) o la irinoid, si era el hijo del médico. También llevaba alguna de repuesto para cuando, por la fuerza que le imprimía para hacer la letra linda, se le abriera en dos. Acompañando a la pluma, el infaltable limpiaplumas que su madre le había confeccionado con retazos de telas y el fiel secante que lo ayudaría a evitar los manchones que probablemente terminarían en agujeros de tanto borronear. Antes de utilizarla era necesario que el portero o el monitor llenara el tintero de porcelana que estaba en su pupitre, o quizás él, que tenía los medios económicos para comprarlo, llevara su tintero involcable para envidia de sus compañeros.

Aunque las estilográficas ya existían cuando Valentín asistió a su escuela (la primera patente data de 1809), recién entre finales del siglo XIX y las dos primeras décadas del siglo XX logró expandirse su producción y comercialización. En 1943 hizo su aparición el bolígrafo, que en poco tiempo desplazaría a la pluma y a la estilográfica de distintos ámbitos, menos del colegio. Muchos alumnos de la década del 50 y principios de los 60 siguieron utilizando la ahora nostálgica pluma cucharita.

¿Por qué las escuela rechazó por mucho tiempo las nuevas tecnologías y siguió imponiendo el uso de la pluma y el tintero? Esta asincronía no parece responder a razones técnicas.

Tampoco a razones económicas ya que había útiles escolares tales como pizarritas, tinteros y cartucheras de diversos valores, algunos inaccesibles para determinados grupos sociales. Valentín es quien nos responde. Las nuevas tecnologías borraban la "belleza de los rasgos perfilados".

La escritura escolar estuvo sometida a normas que fueron variando según modas pedagógicas o científicas. La defensa de la "letra derecha", que abarcó desde fines del siglo XIX hasta principios del XX, obedecía a los beneficios que traería aparejados su utilización, tales como evitar la fatiga de la vista, impedir la escoliosis obligando al niño a estar erguido, etc. No obstante, la idea de escritura estética y uniforme, la función "moralizadora" que debía tener "la bella escritura", era el principal argumento defendido por los pedagogos y maestros.

La escritura también actuó como mecanismo de castigo: escribir cien veces no debo..., infinitas copias y dictados... Afortunadamente, también fue un mecanismo de goce como medio de expresión o por el placer de la sola impresión. Ese mismo placer que se siente cuando encontramos una pluma cucharita y nos animamos a escribir con ella.

María Cristina Linares
Universidad Nacional de Luján
Museo de las Escuelas

(1) En la antigüedad y hasta el siglo XII, se utilizaba el cáñamo (caña puntiaguda). La pluma de pájaro comienza a utilizarse en el siglo VII d.C., y la pluma metálica aparece en el siglo XIX.

   
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