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La lectura, una práctica posible
La lectura es tanto un placer como un desafío lingüístico, cognitivo y estético. Y un hecho privado, a
la vez que una experiencia a compartir. El lugar de la escuela en este mundo de posibilidades.
LA LECTURA Y LA VIDA COTIDIANA DE LA ESCUELA
Cada día, en cada una de las escuelas
de nuestro país, ocurren situaciones
de lectura. Maestros, bibliotecarios
y profesores proponen
la lectura de textos, con distintos
propósitos. Los chicos y las chicas leen en busca de
nueva información, leen para disfrutar de ficciones
variadas, leen para sí mismos y para otros.
Las situaciones son diversas, las circunstancias
en que se producen, heterogéneas; pero sin duda
es la escuela ese espacio de alcance universal donde
millones de chicos, jóvenes y adultos encuentran
la gran ocasión de participar en la experiencia
de leer. Una escuela como la de hoy, acaso carente
de textos o por el contrario saturada de "otros" textos
que se presentan en los más variados formatos
y de la mano de las más variadas tecnologías, continúa
siendo sin embargo, el domicilio específico
para ejercer el derecho de todos a ingresar en el
universo de la cultura escrita.
Sabemos que las condiciones sociales y culturales
en que es posible que se dé ese ingreso varían,
que las disponibilidades materiales no son las mismas
en todos los casos, que los puntos de partida
acaso sean desiguales; no obstante, la lectura es parte
de las preocupaciones cotidianas de todos los
que transitan las escuelas y en este sentido, maestros,
profesores y bibliotecarios esgrimen cada día
nuevas estrategias para hacer de la lectura una actividad
posible. Preocuparse por la lectura es estar
atento a que esta práctica cultural tenga un lugar
entre las tareas escolares, es propiciar encuentros
interesantes entre los chicos y los libros, es innovar
en términos didácticos en busca de nuevas maneras
de poner la lectura a disposición de todos y
es también procurarse libros, o sea, mantener repertorios
actualizados y ricos en opciones.(1)
LA PROMOCIÓN DE LA LECTURA: PROYECTOS Y EXPERIENCIAS
Los planes, programas y otros proyectos comprendidos
dentro de lo que habitualmente se llama "promoción de la lectura", desarrollados en distintos
niveles -desde los planes nacionales y
provinciales, los proyectos de un distrito escolar,
hasta las iniciativas de una escuela o un grupo de
docentes en particular- se presentan como líneas
de acción que buscan sensibilizar a la comunidad
educativa en general y que, en muchos casos, se
ocupan de proponer estrategias específicas, modos
de trabajar con la lectura que potencian todas sus
posibilidades. Taller de lectura y escritura, lecturas
en voz alta a cargo de los docentes, de los bibliotecarios
o de los propios niños, "hora del cuento" y
otros tipos de actividades en la biblioteca, sesiones
de narración a cargo de especialistas, visitas y diálogos con escritores, mesas y ferias de libros en
la escuela o fuera de ella, son algunas de las experiencias
típicas y siempre estimulantes que ponen la cuestión
en el tapete y que comprometen a todos.
¿En qué sentido estas prácticas de taller, de características
más informales, estas sesiones de narración
oral, estas visitas de escritores como verdaderos
acontecimientos culturales de la escuela
contribuyen al "éxito" en los aprendizajes? Y esa tarea
sigilosa y pertinaz de los bibliotecarios
escolares, ¿ayuda a
revertir las situaciones de exclusión
en un sistema educativo
que demanda mayor permanencia
y prolongación de los
tiempos de escolarización de
los niños? ¿Qué nuevas estrategias
didácticas y modos de
circulación de los bienes culturales
en la escuela propone
la promoción de la lectura?
¿Ayuda a construir vínculos duraderos
e intensos con la cultura
escrita? ¿De qué manera
contribuye al establecimiento
de relaciones creativas para la
apropiación del conocimiento?
Estos son algunos viejos problemas
que se enuncian hoy
con nuevas preguntas.
Seguramente, la promoción
de la lectura puede constituirse en un proyecto potente
para la generación de nuevas experiencias que contribuyan
no solo al desarrollo curricular sino también
al ensanchamiento del horizonte cultural de la escuela
y, en definitiva, a la permanencia de los chicos dentro
de ella.
Trabajar en proyectos de promoción de la lectura
invita a la vez a una revisión constante de los modos
en que se propician las experiencias, y también de
los modos en que se reflexiona sobre ellas. Una primera
manera de hacerlo es evitando toda generalización;
cada sujeto y cada escena de lectura en particular
debe analizarse en lo que tiene de específico y en
relación con lo que aporta como una nueva manera
de entender qué es la lectura y cómo se convierte en
una actividad posible dentro y fuera de la escuela.
Una escena en la periferia urbana de la ciudad
de San Juan da cuenta de que leer literatura puede
convertirse en una experiencia para compartir. Un
auditorio heterogéneo de unas cincuenta personas
reunido en el patio techado de la escuela -allí se
encontraban maestros, porteros, personal de cocina,
directivos, padres de los niños- discutía en torno
a dos textos: uno de Silvina Ocampo y otro de Graciela
Cabal, que tematizaban la cuestión del miedo,
sensación de un modo u otro transitada por todos.
Las experiencias previas con el miedo, literarias y de
la vida, generaron una rica proliferación de sentidos,
de impresiones compartidas, de relaciones sorprendentes
donde la llamada "comunidad educativa" compartió
una experiencia cultural en el ámbito de la escuela
y sin que nadie hubiera faltado a la cita.
Otra escena de lectura muestra el impacto generado
por la narración y la lectura en voz alta de cuentos
de literatura infantil, en un grupo de mujeres a
cargo de un comedor infantil que da de comer a
ciento cuarenta niños de un barrio muy pobre de
la ciudad de Paraná. Allí, el entusiasmo por las historias
llevó a dos adultas mayores analfabetas a memorizar
los textos para luego poder renarrarlos a los
niños. Otras mujeres mayores que sí sabían leer les
leían a aquellas; y en esa escena, la apropiación por
vía de la oralidad de un producto de la cultura escrita
permitió la construcción de una representación
de lo escrito y de lo narrativo, que llevó a estas
mujeres a interesarse por participar en alguna
actividad de alfabetización: leer y escribir se convirtió
en una nueva expectativa para estas nuevas narradoras
que nunca antes habían estado en contacto
con esas formas de literatura. De poco sirvieron
las previsiones del equipo técnico que coordinaba
la experiencia, o lo programado por el narrador y
por la especialista en literatura infantil; todos desbordados
por el hecho de que esta presencia de
analfabetos desbarató positivamente cualquier idea
clásica de promoción de la lectura.
Por fin, una experiencia realizada en una escuela
de la periferia de la Ciudad de Buenos Aires demostró
cómo la lectura podía interpelar en forma
significativa a niños provenientes de hogares de familias
migrantes de otras zonas del país y de países
limítrofes, que manejaban alguna lengua aborigen
como parte de los intercambios cotidianos
con sus pares y con su familia. Estas "otras lenguas"
se presentan como estigmatizadas en el ámbito
de un sistema escolar que durante un siglo
apostó a la homogeneización lingüística y cultural.
Por este motivo, en entrevistas informales con los
niños, ellos borraban toda información acerca de su
procedencia, el lugar de origen de su familia y, más
aún, del dominio de otra lengua. Sin embargo, era
en los patios, en la hora del recreo, cuando se podían
percibir esas otras lenguas que de hecho resonaban
en la escuela. En el trabajo de promoción de
la lectura realizado con libros de autores latinoamericanos,
que forman parte de una colección producida
por la Secretaría de Educación de México y que
llegan al resto de los países de la región a través del
Proyecto Podemos Leer y Escribir, coordinado por la
Cerlalc-Unesco, los niños pudieron advertir las distintas
variantes del español que se presentaban en los
distintos textos y realizar un descubrimiento lingüístico:
el español no es homogéneo. Esta nueva percepción
les permitió confiar al coordinador y a los otros
niños -sin temor a la estigmatización- relatos acerca
de sus vidas, sus familias, sus experiencias culturales;
y comparar entonces léxico, estructuras, modos de significar
del español y de las otras lenguas.
PARA UNA NUEVA AGENDA
Los casos antes comentados nos hablan de algunas
relaciones sobre las que es necesario hacer
algunos énfasis en una agenda sobre la promoción
de la lectura.
Por una parte, la necesidad de trabajar en proyectos
de lectura que incentiven experiencias en distintos
espacios de la vida social (familia, bibliotecas populares,
sociedades barriales, comedores infantiles,
centros de jubilados, gremios, diversas asociaciones
de base) propiciando las relaciones entre estos espacios
y la escuela, a fin de potenciarla como espacio
público de construcción colectiva. La lectura es una
práctica cultural que se comparte, y en este sentido
puede proponerse su transversalidad: atraviesa a la
escuela y la excede, es un potente argumento para el
encuentro entre la escuela y la comunidad.
Asimismo, podemos afirmar que la lectura de textos
literarios ocupa un lugar central en las prácticas
de promoción de la lectura y de formación de
lectores. Muchas experiencias muestran que es a través
de la literatura como los sujetos llegan al mundo
de la cultura escrita, y que la literatura propicia
modos de leer particulares. La formación del lector
en la tarea de promoción tiene a estos modos de leer
como un momento clave. Las operaciones de lectura
que despliegan niños, jóvenes o adultos con los
que estamos trabajando merece toda nuestra atención
y nuestro más fino oído: ¿cuáles son las hipótesis
que realiza un niño frente a la lectura de un texto,
o frente a un libro de imágenes? ¿Cuáles son las
relaciones que establece un adulto entre sus experiencias
de vida, y esas otras experiencias intangibles
y a la vez tan cercanas que se representan en un buen
texto de ficción? Se trata de un desafío que opera en
todos los órdenes: lingüístico, cognitivo y estético.
Leer es un desafío, y si en una nueva agenda de la
promoción decidimos jerarquizar leer literatura, este
desafío se amplifica en la riqueza retórica, semántica
y simbólica que todo texto literario acarrea.(2)
Además, la lectura es una experiencia que se va
desarrollando en el límite entre lo íntimo y lo público:
somos lectores y somos formadores de lectores,
leemos para nosotros o leemos para otros, leemos
en nuestro hogares o leemos en la escuela. Se
trata de una de las líneas más interesantes en relación
con la posición del docente frente a la lectura,
y que se puede resumir en algunas preguntas: ¿Qué
lugar se le otorga a leer literatura como parte de los
requerimientos de capacitación de los docentes como
profesionales? ¿Qué desafíos y qué dificultades
les propone a los docentes la lectura de libros de
ficción para adultos? ¿Qué relación existe entre la
experiencia del docente como lector adulto y la tarea
de formar lectores?
En el límite entre la lectura íntima y la lectura
pública, escolar, se resuelven desafíos interesantes
que merecen una reflexión dentro de una agenda
de promoción de la lectura. Una agenda de muchos
autores que se construye en el entramado entre las
líneas que las distintas gestiones nacionales y jurisdiccionales
proponen, la riqueza de la vida cultural
y literaria de cada comunidad, y la diversa y rica experiencia
que día a día escuelas y docentes llevan
adelante en aulas, bibliotecas y otros ámbitos.
Gustavo Bombini
Plan Nacional de Lectura, MECyT
(1) Al respecto, el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología
-a través del Plan Nacional de Lectura de la Dirección de Gestión
Curricular y Formación Docente- está implementando una
política específica de promoción de la lectura dirigida al ámbito
escolar en la que se privilegia la presencia de libros en las escuelas.
Por una parte, a través del Programa Integral para la Igualdad
Educativa se trabaja para dotar de una biblioteca de
quinientos títulos de literatura para niños, libros de divulgación
y literatura para adultos, a las escuelas de EGB1 y EGB2 más
pobres del país. Una colección de cinco antologías de textos literarios
breves de diversos géneros, denominadas Leer x leer, se
proponen para la EGB3 y el Polimodal, y una colección de ocho
libros ilustrados de textos narrativos se sugieren para el Polimodal
y la Educación de Adultos. En todos los casos, se proponen
acciones de capacitación y de promoción que acompañen la llegada
de estos materiales a las escuelas.
(2) Sobre este tema, el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología
va a publicar La gran ocasión. La escuela como sociedad
de lectura, un ensayo escrito por Graciela Montes (en colaboración
con el equipo del Plan Nacional de Lectura) e ilustrado
por Oscar Rojas, donde se discuten aspectos de la lectura como
práctica escolar y como experiencia que se comparte con
la comunidad. |