Una oportunidad histórica

Los argentinos enfrentamos hoy el desafío de construir un país en el cual el crecimiento económico esté asociado a condiciones de igualdad social para todos los ciudadanos. No es una empresa fácil. Partimos de una de las crisis socioeconómicas y políticas más profundas de la historia. Sin embargo, la capacidad de recuperación que demostró la sociedad argentina en este último tiempo nos permite ser optimistas.

Por otra parte, para que el crecimiento y la justicia social se sostengan en el tiempo, debemos colocar la educación como eje central de la estrategia de desarrollo. Sabemos que la educación es la única política pública que no solo permite recuperar la movilidad social ascendente y la igualdad de oportunidades de nuestros niños y jóvenes, sino también un crecimiento económico basado en la capacidad de agregar valor a partir del trabajo calificado.

Ahora bien, no todos los modelos de país exigen construir un sistema educativo de alta calidad para todos. La educación fue concebida como una instancia de disciplinamiento social por distintas dictaduras, o como espacio de contención cuando predominaron
las políticas de ajuste y exclusión social. En ninguno de estos casos la inversión en educación se consideró prioritaria. Pese a todo, la escuela siguió luchando por la integración. A contramano de las políticas disgregadoras, nuestros docentes asumieron un conjunto de tareas sociales y siguen dando la batalla para que todos los chicos y las chicas continúen en las aulas y crezcan en un marco de valores solidarios.

Por estos motivos, creemos que hoy estamos ante una oportunidad histórica. La propuesta de avanzar hacia una sociedad más igualitaria e integrada, y hacia una economía que valore la formación y la capacidad productiva de nuestro pueblo y no solo la producción primaria, abre la posibilidad de recuperar el papel estratégico de la educación para la construcción de un modelo nacional que incluya a todos.

A fin de ser coherentes con este pensamiento, quienes debemos conducir el sistema educativo desde el Estado –tanto nacional como provincial– tenemos que mejorar gradualmente las condiciones materiales del trabajo docente y la educación de nuestros
chicos y jóvenes. El aumento del presupuesto educativo nacional, que ha privilegiado el incentivo salarial docente y la atención de las escuelas de las regiones y las poblaciones más necesitadas, indica nuestra voluntad de avanzar en esta dirección.

Pero también debemos realizar los cambios específicamente pedagógicos que mejoren las condiciones de aprendizaje. Entre otros problemas, la asunción de responsabilidades asistenciales terminó por desdibujar el rol pedagógico de la escuela. Hoy necesitamos
volver a colocar la enseñanza en el centro de la acción escolar, para recobrar los niveles de calidad que fueron nuestro orgullo.

Tenemos problemas que es urgente resolver y debemos resolverlos juntos. Solo así lograremos que todos los chicos y las chicas de cinco años accedan al nivel inicial, que se cumplan los diez años de obligatoriedad de la enseñanza que fija la ley, que podamos avanzar hacia la universalización de la escuela media. Solo trabajando juntos podremos dar un salto en la calidad educativa: necesitamos plantear niveles de exigencia gradualmente más altos, estimular a los chicos para que se esfuercen, confiar más en su capacidad para aprender y en nuestra propia capacidad como maestros. En este marco, desde el Ministerio respaldamos a los docentes en su tarea cotidiana, a fin de que recuperen su autoridad frente al conjunto de la sociedad.

Pero la mejora y transformación del sistema educativo no es solo una preocupación de los docentes. Necesitamos instalar un debate que involucre a las familias, a los referentes comunitarios, a los productores y empleadores, a los comunicadores sociales.

Por eso hoy renovamos, en estas páginas, la apuesta al diálogo con cada maestra y con cada maestro, con cada directivo. El Monitor renace con la expectativa de ser un espacio para intercambiar experiencias, un espacio para debatir acerca de nuestros sueños comunes y de los caminos que nos proponemos transitar para alcanzarlos. Recuperamos la tradición de El Monitor porque queremos recuperar también las utopías de quienes imaginaron un país donde la educación, la ciencia y la tecnología se convirtieran en la columna central de una Nación con altos niveles de desarrollo, autodeterminación y justicia social.

Daniel Filmus
Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación

   
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