Para entender la desigualdad educativa: el valor de la información

Red Federal de Información Educativa -
Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa

La desigualdad social y educativa es un fenómeno complejo, y por eso es necesario abordarlo desde diferentes dimensiones. Las condiciones de género, de ubicación geográfica, de inserción social y laboral, entre otras, pueden dar lugar a situaciones de desigualdad educativa, tanto por los recursos y las condiciones diferenciales del sistema educativo como por los resultados que obtienen los distintos grupos sociales. También hay que analizar el impacto que estas desigualdades tienen sobre el contexto en su totalidad.

En nuestro país, las mayores desigualdades se observan entre los diferentes sectores o estratos sociales, y las diferencias de género y de ubicación geográfica son menos relevantes. Puede destacarse que estas condiciones (ser varón-ser mujer, y vivir en contextos geográficos más o menos vinculados) profundizan las desigualdades que surgen por la pertenencia a diversos grupos sociales que perciben menores ingresos o que no tienen cubiertas sus necesidades básicas. ¿Qué datos estadísticos tenemos para cuantificar las desigualdades en educación? Lo primero que puede enfocarse es el problema de las desiguales condiciones de acceso, permanencia y egreso, incluyendo los logros educativos diferenciales -años de estudio y cantidad y calidad de los aprendizajes-, que alcanzan los alumnos en función de su origen social y contexto socioeconómico familiar.

Observando estas cifras, puede señalarse que los niños y jóvenes son los más afectados por el aumento de la pobreza e indigencia en los hogares, y que esta situación repercute directamente en su trayectoria en el sistema educativo. En ese sentido, hay que destacar que, si bien a partir de la década de 1980 se produjo una gran expansión del sistema educativo que posibilitó un acceso casi universal a la enseñanza básica, el nivel educativo alcanzado por grupos pobres y no pobres dista mucho de ser equivalente: los primeros abandonan la escuela habiendo aprobado menos años de estudio que los necesarios para una inserción laboral en condiciones no precarias o con niveles de ingreso suficientes para alcanzar un mínimo bienestar. Aclaremos que esta información no nos dice nada sobre la calidad y cantidad de los aprendizajes realizados, pero da un primer indicio sobre la desigualdad.

Por otra parte, los datos disponibles muestran que la expansión educativa se ha dado principalmente entre los sectores no pobres -que completan estudios secundarios y superiores- mientras que los pobres, si bien acceden a la escuela en mayor proporción que en el pasado, no logran aún completar los estudios de nivel medio. Las brechas educativas entre grupos socioeconómicos se han profundizado en la última década, lo que cobra mayor gravedad si se considera que la población pobre e indigente se ha más que duplicado en ese mismo período. Así, puede observarse con preocupación que el balance de las décadas pasadas muestra que se fue consolidando la desigualdad entre sectores sociales, también en el sector educativo.

¿Qué implica esto? Sabemos que la escuela por sí sola no es suficiente para revertir las situaciones de desigualdad social. Pero también sabemos, por experiencias de generaciones anteriores, que es un factor indispensable para generar cambios sustantivos en los niveles de justicia social, integración y participación. Creemos que la escuela, en estas épocas de crisis, es una de las pocas instituciones aún capaces de promover y transmitir los saberes y valores necesarios para la integración social y ciudadana.

Por ello, conocer la magnitud que ha adquirido la población escolar que pertenece a hogares pobres, identificar la incidencia de la pobreza dentro de las escuelas, y caracterizar las diferentes trayectorias escolares de sus alumnos y alumnas, constituye una herramienta fundamental para el diseño y la implementación de las políticas sociales en general, y para comenzar a transitar el camino hacia la igualdad.

¿Cuál es la información con la que cuenta el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología y sus posibilidades de análisis?

Regularmente, el Ministerio reúne información del sistema educativo a través de dos instrumentos principales: los relevamientos anuales (RA) de la Red Federal de Información Educativa y los Operativos Nacionales de Evaluación de la Calidad (ONE).

El RA releva anualmente datos de todos los establecimientos del país, sistematizando información sobre su matrícula y docentes. Esto permite elaborar distintos tipos de indicadores que dan cuenta de la cobertura y alcance del sistema educativo, y de los recursos organizacionales y docentes puestos en juego. Asimismo, se pueden conocer en términos cuantitativos algunas de las características de las trayectorias de los alumnos y alumnas -promoción, repitencia, abandono, sobreedad- y los egresados de cada nivel.

Por su parte, los ONE tienen el objetivo de conocer algunos aspectos de los resultados del proceso de enseñanza y aprendizaje; fundamentalmente los logros alcanzados por los alumnos en Matemática, Lengua, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. Por lo general, los ONE se aplican al finalizar cada ciclo de enseñanza (3°EGB/Primario, 6°EGB/Primario, 9°EGB/2° Medio, 3° Polimodal /5° Medio).

En síntesis, la información que capta y consolida el Ministerio hace referencia a aspectos cuantitativos y cualitativos del funcionamiento del sistema educativo, su alcance y sus resultados. Como la condición de pobreza solo puede ser establecida a partir del conocimiento de las capacidades que tienen los hogares para acceder y brindar a todos sus miembros los bienes y servicios considerados básicos para el desarrollo de una vida digna en un contexto sociohistórico determinado, se requiere desarrollar instrumentos que indaguen en las condiciones del contexto sociofamiliar de los alumnos y la comunidad en la que se insertan las escuelas. En este sentido, uno de los cuestionarios complementarios a los ONE indaga en aspectos referidos a las condiciones del hogar, con el objeto de establecer el grado de cobertura de las necesidades básicas. El ONE, a partir de un cuestionario aplicado a los alumnos, indaga sobre las características de sus hogares y el nivel educativo de los padres y madres. Por ello, permite conocer la incidencia de la población escolar pobre en las escuelas y establecer relaciones entre las condiciones de los recursos con que cuentan los establecimientos (humanos, materiales y organizacionales), las trayectorias escolares de sus alumnos y las condiciones socioeconómicas de la población que atienden. Es decir, cuáles son los procesos educativos y sus resultados en los diferentes grupos de población escolar y los efectos posibles de las políticas educativas tendientes a superar las situaciones de desigualdad social.

Las otras fuentes de información que permiten el conocimiento de ese contexto- y que son las que habitualmente se utilizan para clasificar a la población según sus condiciones de pobreza- son los Censos Nacionales de Población, Hogares y Viviendas, y la Encuesta Permanente de Hogares, ambos a cargo del INDEC.

Con estas fuentes de información es posible conocer la población que asiste al sistema educativo y la que queda excluida, así como también el nivel educativo alcanzado por los diferentes grupos sociales adultos que ya no asisten a la escuela.

Como puede apreciarse, las distintas fuentes descriptas son complementarias y posibilitan conocer importantes aspectos del funcionamiento y los resultados del sistema educativo.

Algunos datos sobre la pobreza en las escuelas

Los datos del cuadro Nº 1 muestran la distribución de la población según pobreza, para grupos de edad seleccionados. De esta manera, es posible advertir: primero, que la mayoría de los niños son pobres y, segundo, que la magnitud del problema se concentra en los niños de 5 a 12 años. Es decir, tres de cada cuatro niños que deben asistir al sistema educativo están afectados por la pobreza.(1)

¿Cómo son las trayectorias de los alumnos/as según pertenezcan o no a hogares pobres?

El cuadro Nº 2 presenta la magnitud de la población pobre que asiste a las unidades educativas de nivel primario o EGB 1 y 2 y los resultados obtenidos por la población escolar en algunos indicadores educativos seleccionados. Así se advierten claramente las diferencias existentes en los resultados de los procesos educativos entre las escuelas que atienden mayor o menor número de alumnos pobres.(2)

Mientras que la tasa de repitencia en aquellas escuelas que tienen hasta un 20% de población pobre alcanza el 1,35%, la promoción efectiva(3) es casi total y el abandono prácticamente inexistente; en las unidades educativas en las que más del 80% de sus alumnos tienen condiciones de pobreza, la repitencia alcanza el 12%, la no promoción efectiva es del 15% y el 3% abandona. Las diferencias que se observan en los datos sobre los rendimientos en Matemática y Lengua resultan igualmente ejemplificadores de las brechas presentes entre los alumnos de distintos sectores sociales y de los conocimientos adquiridos por ellos.

Los datos también permiten advertir la estrecha relación entre pobreza y resultados educativos; ya que a medida que aumenta la presencia de alumnos pobres, se obtienen peores resultados. Por ejemplo, los resultados que alcanzan los alumnos de las escuelas con mayor incidencia de pobreza son -en promedio- un 30% inferiores que los que alcanzan los alumnos de las escuelas que poseen menor incidencia de pobreza. En síntesis, los datos muestran que el sistema educativo no está logrando revertir las desigualdades existentes en la estructura social. Sobre este cuadro de tendencias generales, se debe subrayar la importancia de la tarea que realizan las escuelas a las que asiste el alumnado en condiciones de pobreza, ya que presentan condiciones de partida sobre las que es necesario trabajar para asegurar que el proceso de enseñanza pueda desarrollarse.

Las políticas educativas que se están implementando -tanto las becas destinadas a los alumnos más pobres así como el Programa Integral para la Igualdad Educativa (PIIE) y el Programa Todos a estudiar (que intervienen además, en las condiciones pedagógicas de las escuelas que participan de ellos)- tienen como meta posibilitar una mejor y más eficaz trayectoria escolar y mejores resultados educativos de todos los alumnos, y reducir de esa forma las brechas existentes en la actualidad entre las alumnas y los alumnos de distintos sectores sociales.


(1) Corresponde a los aglomerados urbanos que releva la Encuesta Permanente de Hogares. El cálculo está basado en la metodología de Línea de Pobreza (LP). Ver página web del INDEC: www.indec.gov.ar, especialmente la metodología para el cálculo de los hogares y personas bajo la Línea de Pobreza, y la Composición y valorización de la Canasta Básica del adulto equivalente (mensual).
(2) La clasificación de población escolar pobre se basa en el indicador definido a partir de los datos que surgen del cuestionario complementario del ONE. La metodología puede consultarse en: DINIECE. Laboratorio de estadística. Documento de trabajo Nº 4: "Construcción del indicador de vulnerabilidad socioeconómica a partir de los datos de los cuadernillos complementarios del alumno, correspondientes al Operativo Nacional de Evaluación de la Calidad Educativa 2000". Octubre de 2002.
(3) La promoción efectiva hace referencia a aquellos alumnos que promueven un año/grado y se inscriben como alumnos nuevos en el año/grado siguiente.

   
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