La diversidad
por Rudy


La señorita Silvia llegó al aula con su mejor sonrisa actitudinal, procedimental y conceptual de viernes al mediodía, a pesar de que era miércoles, y de mañana. Se concentró en sentirse como si acabara de irse un inspector sin haber encontrado nada que criticarle. Se dijo:"Vas a superar los objetivos propuestos, ya vas a ver". Al fin y al cabo, ella era la maestra, y tenía el poder que da el conocimiento, el haber nacido antes, el título habilitante y la experiencia. Pero ella era una sola; y ellos, muchos. Y si no tenían experiencia, eran inimputables. Y no tenían título, pero tampoco lo necesitaban. "Bueno", se dijo,"son solo niños y yo una adulta". "¡Treinta niños, y una sola adulta!". Pensó en Sarmiento y se dijo: "La espada es muy cruel, la pluma es muy antigua, solo me queda la palabra". Entró.

-Chicos -dijo con tono de "Houston, tenemos un problema"-, hoy vamos a hablar de la diversidad. ¿Alguien sabe qué es?
-¡Yo, seño! -gritó Gastón- ¡El otro día fui a jugar a la pelota con mis amigos, y ¡qué diversidad! -¿Diversidad de qué, Gastón?
-¡Nos divertimos, señorita, eso!
-¡Pero no, tarado -saltó Joaquín-, eso no es! Mire, señorita: mi hermano mayor, Roberto, estudia Abogacía y Economía en la Diversidad.
-¡Sos un bestia! -dijo Ariel-. Es en la universidad.
-¡El bestia sos vos! ¡Yo dije que mi hermano estudia "dos" carreras", por eso "di-versidad"! ¡Uni-versidad sería si estudiara una sola!
-¿A quién le decís "bestia"?
Antes de que las cosas pasaran a mayores, la señorita Silvia decidió cambiar su táctica procedimental. Los chicos necesitan que alguien los comprenda, los contenga, o al menos que los agarre, para evitar que se arrojen elementos no necesariamente conceptuales, sino más bien concretos, por la cabeza. Y eso era inaceptable. Y además no formaba parte de la currícula.
-Chicos, no se arrojen objetos, que "diversidad" es justamente aceptar que el otro sea distinto a mí o piense cosas diferentes de las que yo pienso.
-¡Está muy bien, señorita -dijo Joaquín-, yo acepto que Ariel piense cosas distintas de las que piensa usted, pero el problema es cuando piensa cosas distintas de las que pienso yo!
-¡Sos un bestia!- insistió Ariel-. Cuando la señorita dijo "yo" no se refería a ella, sino a todos.
-¡El bestia sos vos! ¡Si la seño hablara de todos, diría "ellos", no "yo"!
-¿Dónde aprendiste adverbios, vos?
-¿A quién le decís adverbio?

Y otra vez, el fantasma de la violencia implícita y contenida pero no mucho, sobrevoló el aula.

-Chicos, "diversidad" es poder escuchar al otro, aunque no nos guste lo que diga -insistió la señorita Silvia.
-¡Yo lo escucho, seño, pero si no me gusta lo que me dice, lo surto ¿No soy "diverso" así?
-No, Ariel, "diversidad" es reconocer la diferencia.
-Es que yo la reconozco, seño. Si me gusta lo que dice, no lo surto nada; el problema es de Joaquín, que no es "diverso".
-¡No entendés nada! -saltó Lautaro-. "Diversidad" es "diferencia", ¿entendés? Te voy a dar un ejemplo: "Mi papá trabaja en una empresa extranjera que se instaló acá, para hacer la diversidad".
-¿Cómo, Lautaro?
-Para hacer "la diferencia", seño, ¿usted no nos dijo que diversidad era sinónimo de "diferencia"?

La señorita Silvia se puso roja, verde, violeta, azul, amarilla, naranja e índigo. Miró a los chicos con enojo postural, bronca actitudinal, ira conceptual, angustia presencial, ansiedad virtual e impaciencia espiritual que se mezclaban en su mente y la conducían, sin prisa pero sin pausa, a un leve pero irremediable estado de esquizoidía educacional. Lamentó que Sarmiento no se hubiera dedicado a la esgrima o a la fonoaudiología.
Decidió cortar por lo sano.
-¡¡¡Basta!!! -gritó- ¡¡¡Ahora me escuchan a mí y se acabó!!!
-Ay, seño -esta fue la dulce Juli, mientras se enroscaba un rulito rubio-, no se ponga así, ¿qué le pasa hoy, tiene poca diversidad?

   
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