¡Virgen
gaucha!, que sabes de carretas,
boyeros y negritos,
de abrojos y rocío en el vestido;
que has escuchado el susurro de miles
de confidencias
de muchas generaciones de argentinos.
¡Escúchame!
¡Misterio
de la Mujer que espera
junto al río
a sus hijos peregrinos!
Soldados y viajeros,
gauchos y estudiantes,
trabajadores y niños.
¡Yo
te amo!
¡Madre de Dios y de mi Patria!
que has visto a tus pies
al gran Belgrano, al egregio San Martín,
a los valientes de Pueyrredón
y a tantos otros héroes.
¡Te
alabamos!
Madre de Belén y del Calvario,
sola esperanza
de los hombres atribulados.
Quiero gritar -¡si no las piedras lo harían!-
que mi Patria tiene una madre
y que se llama María.
¡Ayúdanos!
¡Fondo del alma argentina!,
vengo a decirte
que estés cada vez más linda,
cada vez más gaucha,
cada vez más argentina.
¡Yo te canto!