Como
el suelo de América, fecundo,
libre como el pampero y tan violento
y purificador, fuiste, Sarmiento,
arquetipo cabal del nuevo mundo.
De
recia voz y de ademán rotundo,
desde el gobierno, desde el Parlamento
y en el libro tronó su pensamiento
que hundiera la barbarie de Facundo.
Sin
doblegar jamás la altiva frente,
en arduos tiempos del país naciente
tu misión fue enseñar y combatir.
Y,
maestro de escuela o presidente,
sembrabas en los surcos del presente
la hermosa floración del porvenir.
Cupertino
del Campo