A
quién
le puede importar
Música:
Mariano Mores
Letra:
Enrique Cadícamo




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Gime, bandoneón,
grave y rezongón,
en la nocturna verbena.
En mi corazón
tu gangoso son
hace más honda mi pena...
Con tu viruta sentimental
vas enredando mi viejo mal,
mi viejo mal, lo que me ha dejado
enamorado,
arrinconado
y olvidado
para siempre...
Sin una sola caricia
que mi tristeza mitigue,
su risa mala me persigue
y me persigue
mientras sigue
tu responso,
bandoneón.
A quién
le puede importar,
che, bandoneón,
que he sido bueno...
A quién le puede importar
el novelón
del mal ajeno...
Si a ella, que fue mi ilusión,
no le importó
mi abatimiento;
a quién le puede importar,
che, bandoneón,
mi sufrimiento...
Suena menos
gris,
tango, para mí...
Sé que jamás ya la encuentro.
Te saldré a bailar
para disfrazar
el drama que llevo adentro...
En otros brazos me engañaré,
en otras bocas me aturdiré
aunque sus ojos y su risa
me persigan
y me sigan
y me digan
que la quiero...
Iré a borrar el fantasma
de aquel amor siempre atento...
Así termina el lamento
y el tormento
de este cruento sufrimiento,
bandoneón.
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Cuando
en 1939 compuso esta música, Mariano Mores era un jovencísimo pianista
que acababa de incorporarse a la orquesta de Francisco Canaro. Esta orquesta
lo grabó esa orquesta en enero de 1940, con la voz de Ernesto Fama. Francisco
Lomuto lo había hecho días antes, con la voz de Fernando Díaz.



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