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Su
poder


Hacia fines de los años '40 Evita ejercía
el poder en tres frentes:


1. En primer lugar, el de ayuda social. Todo aquello
que el Estado no podía ejecutar, relacionado
con la ayuda y la asistencia social, estuvo centralizado
en Evita. La fundación cubrió las grietas
ante la inexistencia de un Ministerio de Bienestar Social
y ante un incipiente sistema previsional.


2. En segundo lugar, Eva se convirtió en el punto
de contacto entre Perón y los gremios. Escuchaba
sus pedidos, mediaba en sus conflictos y reemplazaba
a los dirigentes sindicales que le parecían incapaces.


3. En tercer lugar, impulsó el voto femenino
que integro a la mujer a la vida cívica y política
nacional.
A su vez fue la Presidenta del Partido Peronista Femenino,
que sumó al Movimiento Peronista la adhesión
militante de millones de mujeres.


Además de estos tres puntos, Evita era el alerta
de la estructura impuesta, los ojos y oídos de
Perón. Su simple presencia pasó a ser
la vanguardia del peronismo, una vigía insobornable
y sin pelos en la lengua.


En 1950 ya era una potencia política autónoma,
si bien al mismo tiempo permanecía adherida a
Perón de manera fanática y obsesiva. Su
poder era total; su personalidad, madura y conciente
del papel que desempeñaba.
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