A
veces despertamos a un dolor
desde la carne, un vertical dolor
que no perdona un furioso huracán
que no da tregua, y que acorta
los tiempos de la siembra.


Que ensombrece lo que hemos encendido,
un dolor nunca se entiende,
es pura muerte,
es la impaciencia
por estar y habernos ido.


Pero a veces regresan los latidos,
es que la sangre burbujea en hervideros
cuando se vivió a los gritos.
Y ya no hay muerte.
Y volvemos a lo que siempre fuimos.


(La primera que fue la rebeldía
lleva tu nombre,
por eso Dios obedeció
sin discusiones cuando dijiste
de volver un día,
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