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Primeros Años
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Vida política
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El final
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La
Fundación
La
obra social que Evita había comenzado en 1946 fue adquiriendo
cada vez mayor extensión y envergadura. La llamada entonces
Cruzada de Ayuda Social concretaba su tarea en barrios de viviendas
económicas; inauguración de Hogares de Tránsito
y comedores escolares; donación de instrumental a hospitales;
mediación para la concreción de obras fundamentales
de salubridad y saneamiento en barriadas humildes; entrega de
artículos de primera necesidad a familias necesitadas y
distribución de juguetes a niños humildes, sobre
todo para las fiestas de Navidad y Reyes y provisión de
trabajo a desocupados. Los fondos y las especies provenían
de donaciones, fundamentalmente de los sindicatos. Asimismo, la
Ayuda Social disponía de los fondos de la cuenta Ministerio
de Hacienda (Obras de Ayuda Social), destinados a la adquisición
de ropa, calzado, artículos alimenticios, farmacia y droguería,
excluidos los sueldos y jornales.


La Fundación Ayuda Social María Eva Duarte de Perón
se constituyó el 19 de junio de 1948 y obtuvo su personería
jurídica el 8 de julio de ese año. A partir del
25 de septiembre de 1950 pasó a llamarse "Fundación
Eva Perón".


El 28 de Agosto de 1948 Evita dio lectura, en el Ministerio de
Trabajo, a la declaración de los Derechos de la Ancianidad,
que puso en manos del Presidente, solicitando que fuera incorporada
a la legislación y a la práctica institucional de
la Nación. Fue incluida en la Constitución Nacional
de 1949. En los hechos, la Fundación construyó Hogares
de Ancianos y obtuvo la sanción de una ley que otorgaba
pensiones a los mayores de 60 años sin amparo.


Además, la Fundación concretó un plan de
construcción de mil escuelas en el país, como así
también escuelas agrícolas, escuelas talleres y
jardines de infantes y maternales. La Ciudad infantil Amanda Allen
y la Ciudad Estudiantil formaron parte del plan de acción
educacional. La primera estaba destinada a niños de dos
a siete años, huérfanos o niños que no podían
ser atendidos por sus padres y, la segunda, a residencia de estudiantes
del interior del país sin familia en Buenos Aires. En febrero
de 1950 se puso en marcha el Plan de Turismo Infantil, que les
hizo conocer a los niños paisajes del país, ignorados
por ellos hasta entonces. Las colonias de vacaciones completaban
el espectro. Los campeonatos infantiles y juveniles, que habían
comenzado siendo de fútbol y terminaron incluyendo muchos
otros deportes, fueron la ocasión para la revisación
médica de más de 300 mil niños. El Hospital
de Lactantes y Epidemiología Infantil y la Clínica
de Recuperación Infantil de Terma de Reyes fueron concreciones
de la Fundación en el ámbito de la salud infantil.
La problemática del alojamiento transitorio de las mujeres
fue encarada mediante la construcción y el mantenimiento
de tres Hogares de Tránsito en Capital Federal, que hallaron
su réplica en el interior.


En materia de salud, la Fundación construyó cuatro
Policlínicos en Buenos Aires: el de Ezeiza y los de Avellaneda,
Lanús y San Martín, así como también
otros en el interior del país. Amén de ello, la
Fundación proveyó de modernos equipamientos a otras
unidades hospitalarias. El Tren Sanitario Eva Perón, dotado
de la más moderna aparatología, cumplía con
la tarea de relevamiento y protección de la salud de las
poblaciones más alejadas de los centros vitales. En septiembre
de 1950 se inauguró la Escuela de Enfermeras, una de las
obras más queridas de Evita, prestando sus egresadas servicio
tanto en el país como en el exterior.


En materia habitacional, la Fundación emprendió
la construcción de viviendas para obreros, como el barrio
Presidente Perón y la Ciudad Evita, proporcionando vivienda
propia a 25 mil familias.


Todas las obras de la Fundación fueron seguidas y supervisadas,
en su ejecución y en su funcionamiento, por Evita.


A la acción desplegada, la Fundación sumaba su solidaridad
con los países extranjeros que estaban en situaciones de
catástrofe o necesidad. Ecuador, España, Italia,
Israel, Francia, Japón, Perú y Bolivia, entre otros,
dan testimonio de ello.


Al morir Evita, la Fundación continuó su labor,
pero ya no tuvo la misma fuerza ni operatividad.
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