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El
Calendario
Celebrar la llegada de un nuevo año es simple: basta con sincronizar los relojes, esperar hasta las 12 y levantar las copas. Pero definir ese preciso instante llevó miles de años y la tarea todavía no está completa. Ante el primer intento de organizar el tiempo, los puntos de referencia más evidentes fueron los movimientos cíclicos de la Luna y el Sol. Así nacieron los conceptos de día, mes y año: •
Día: lapso entre dos pasadas del Sol por el meridiano del lugar
(o sea el mediodía, cuando la sombra es más corta). Más o menos sobre estas bases se definieron los calendarios más avanzados de las distintas civilizaciones. Pero las divergencias se plantearon cuando hubo que resolver un problema fundamental: la falta de correspondencia exacta entre esas unidades. |
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El año solar no contiene un número exacto de meses lunares ni un número entero de días. Lo mismo ocurre con el mes lunar, que tampoco tiene un número entero de días. Concretamente, el año solar tiene 365 días, 5 horas, 48 minutos y algunos segundos más; el mes lunar tiene 27 días, 7 horas, 43 minutos y varios segundos. El problema era entonces cómo hacer encajar los días en los meses y los meses en los años, más o menos con la misma exactitud con la que los segundos calzan en los minutos y estos en las horas. Si bien algunos pueblos de Oriente y de Medio Oriente encontraron sus propias soluciones (algunas de las cuales mantienen vigencia hoy en día), por presión cultural y religiosa fue el calendario occidental el que se impuso en todo el mundo. Las raíces más próximas del calendario occidental pueden buscarse en el quinto rey de Roma, el etrusco Tarquinio Priscio, quien diseñó un calendario de 12 meses, uno de 28 días (febrero), cuatro de 31 días (marzo, abril, quintilis -julio- y octubre), y siete de 29 días (enero, abril, junio, sextilis -agosto-, septiembre, noviembre y diciembre). Como esto sumaba 355 días, cada dos años se agregaba un mes adicional, intercalans, que tenía 22 ó 23 días y que comenzaba después del 23 de febrero. El año comenzaba el 1º de marzo y los agregados se hacían en febrero porque era el último mes del año. Esto explica la etimología de nuestros meses actuales: septiembre, octubre, noviembre y diciembre eran efectivamente el séptimo, octavo, noveno y décimo mes del año. La intercalación del mes adicional correspondía a los sacerdotes, que por desidia o conveniencia hacían su trabajo irregularmente con los consiguientes desfasajes. |
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Ministerio de Educación de la Nación
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