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Himno
Nacional Dominicano
Quisqueyanos
valientes,
alcemos Nuestro canto con viva emoción,
y del mundo a la faz ostentemos
nuestro invicto, glorioso pendón.
¡Salve!
el pueblo que,
intrépido y fuerte
a la guerra a morir se lanzó,
cuando en bélico reto de muerte
sus cadenas de esclavo rompió.
Ningún
pueblo ser libre merece
si es esclavo, indolente y servil;
si en su pecho la llama no crece
que templó el heroísmo viril.
Mas
Quisqueya la indómita y brava,
siempre altiva la frente alzará;
que si fuere vil veces esclava
otras tantas ser libre sabrá.
Que
si dolo y ardid la expusieron
de un intruso señor al desdén,
¡a Las Carreras! ¡a Beler!
Campos fueron que cubiertos de gloria se ven.
Que
en la cima de heroíco baluarte,
de los libres el verbo encarnó,
donde el genio de Sánchez y Duarte
a ser libre o morir enseñó.
Y
si pudo inconsulto caudillo de esas glorias
el brillo empañar,
de la guerra se vio en Capotillo
la bandera de fuego ondear.
Y
el incendio que atónito deja
de Castilla al soberbio león,
de las playas gloriosas le aleja
donde flota el cruzado pendón.
Compatriotas,
mostremos erguida nuestra frente,
orgullosos de hoy más;
que Quisqueya será destruida
pero sierva de nuevo, jamás.
¡Que
es santuario de amor
cada pecho do la patria se siente vivir;
y es su escudo invencible, el derecho;
y es su lema: ser libre o morir.
Libertad
que aún se yergue serena
la victoria en su carro triunfal.
Y el clarín de la guerra aún resuena
pregonando su gloria inmortal.
¡Libertad!
Que los ecos se agiten
mientras llenos de noble ansiedad
nuestros campos de gloria repiten
¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!
Música:
José Reyes, 1883.
Letra: Emilio Prud'homme, 1883.
Adoptado hacia 1900.
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