A 25 AÑOS DE MALVINAS

En 2007 se cumplen veinticinco años de la guerra de Malvinas. Sin dudas se trata de uno de los episodios más controvertidos y difíciles de abordar de nuestra historia reciente, episodio que ha dejado una huella importante en la experiencia colectiva de los argentinos, aún cuando haya querido ser olvidado. La complejidad que implica la guerra de Malvinas en tanto tema central de nuestro pasado reciente obedece a distintos motivos. Por empezar, porque se trató de un conflicto bélico al que la Argentina arriba por la decisión de un gobierno de facto que venía desarrollando desde 1976 una política sistemática de terrorismo de estado. Al mismo tiempo, porque buena parte de la sociedad argentina, incluso grupos francamente opositores al gobierno militar, apoyaron la iniciativa bélica. En tercer lugar, porque la soberanía argentina sobre las islas Malvinas es una reivindicación justa que hunde sus raíces en nuestro pasado, reivindicación que fue sostenida tanto por José Hernández como por Alfredo Palacios o Atahualpa Yupanqui.

De acuerdo por lo establecido por la Ley Nacional de Educación sancionada el año pasado, “la causa de la recuperación de las Islas Malvinas” constituye uno de los contenidos curriculares comunes de la educación nacional. Es necesario entonces garantizar un conjunto de acciones que colaboren a que los docentes de todo el país puedan transmitir este episodio fundamental de nuestro pasado reciente, tomando también como punto de partida que las apropiaciones del tema varía considerablemente a escala regional, local y social.

Por otra parte, creemos que el impulso que desde el Ministerio de Educación de la Nación se le está dando a la enseñanza de Malvinas constituye la posibilidad de volver a pensar con nuestros docentes y alumnos alrededor de los distintos sentidos que encerró y aún hoy encierra el vocablo Patria. Suelen ser sectores reaccionarios de nuestra sociedad quienes recurren al episodio bélico de Malvinas como una forma de revalorizar lo actuado por el último gobierno militar, responsable de más de siete años de terrorismo de estado. Incluir Malvinas en la agenda central de temas de nuestro pasado a ser transmitidos a nuestros alumnos es también una forma de poner en discusión los sentidos que rodean la idea de patria.
 

DICTADURA Y MALVINAS

“Tropas argentinas desembarcaron en Malvinas”, titularon los diarios el 3 de abril de 1982. Cuando los argentinos conocieron la noticia, el país llevaba seis años bajo el gobierno militar. El llamado Proceso de Reorganización Nacional había tomado el poder el 24 de marzo de 1976. Desde ese entonces había implementado una política de violación sistemática de los derechos humanos y un modelo económico de desindustrialización y reducción de los salarios. En 1982, cuando la Junta militar se puso al frente de una reivindicación que tenía un fuerte respaldo popular, los signos de erosión del gobierno eran evidentes, tanto al interior de la corporación militar como en la sociedad.

El 30 de marzo de 1982 la CGT (Confederación General de Trabajadores) había convocado a un paro nacional bajo la consigna “Pan y Trabajo”. La manifestación, que fue reprimida y no pudo llegar hasta Plaza de Mayo, ocurría en un contexto donde las voces que denunciaban el asesinato en masa planeado por la dictadura eran cada vez más visibles.
Apenas unos días después, la Plaza de Mayo se llenó pero por otros motivos. Las personas fueron allí masivamente el 2 y el 10 de abril. Súbitamente, los consensos quebrados parecieron recuperarse, aún cuando en esas movilizaciones se entonaron consignas bien diversas. Clarín informó que la multitud cantaba “ya saben todos que Malvinas está de moda, la reina llora, la reina llora” y “el que no salta es un inglés”. Pero en ese mismo lugar hubo otras inscripciones: “Las Malvinas son de los trabajadores, no de los torturadores”, “las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también”.

Si la existencia del conflicto nos lleva a preguntarnos cómo fue posible que una causa considerada justa deviniera en guerra, las personas en la calle nos llevan a la pregunta más cortante que plantea Malvinas: ¿cómo fue posible que la misma gente que había sido reprimida en la huelga del 30 de marzo tres días después apoye la recuperación de las Malvinas? ¿cómo fue que pasaron de gritar “se va a acabar/ la dictadura militar” a entonar “se acabó / se acabó, la colonia / se acabó”?

Quienes interpretan estas plazas como una muestra más de la complicidad de la sociedad con la dictadura resaltan también que sólo un pueblo que no podía ejercer la soberanía en el continente pudo creer que ella le podía ser restituida a través de la recuperación de un territorio lejano. La interpretación es sugerente, pero también controvertida: para muchos, esas plazas significaban volver a las calles para hacer política.

Al mismo tiempo, el apoyo de amplios sectores sociales al proceso iniciado el 2 de abril de 1982, a las tropas estacionadas en las islas, se tradujo en numerosas acciones que se desarrollaron los 74 días que duró la guerra: colectas, donaciones, envíos de encomiendas con ropas y alimentos, actividades públicas fueron profusamente registradas en la prensa de la época.

En algunas regiones del país, al mismo tiempo (sobre todo aquellas más próximas a las islas) la guerra fue una realidad que se tradujo en importantes medidas de defensa: presencia masiva de tropas, oscurecimientos, prácticas de alertas y evacuación. El impacto de la guerra en la población que no estuvo directamente involucrada en los combates fue muy grande, sobre todo a partir de marcas y episodios como estos, que entre otros tuvieron a la escuela pública como protagonista central.
 

ENTONACIONES DE LA PATRIA

El vocablo patria nos recuerda la pertenencia a una comunidad. Al pronunciarlo señalamos que no estamos solos en el mundo sino enlazados con otros. Liberales, nacionalistas, hombres de izquierda y de derecha han invocado la palabra “patria” con sentidos diversos y contradictorios. Si para unos esa pertenencia común está asociada a “compartir derechos”, para otros tiene que ver con cuestiones “territoriales”. Si algunos dicen que la patria está donde están los trabajadores, otros señalan que la patria es un todo homogéneo sin fisuras.

Desde que en 1833 fueron usurpadas por Gran Bretaña, las Islas Malvinas se transformaron en una metáfora de la vida en común de los argentinos: defender a las Malvinas era un modo de defender a la patria. La guerra de 1982, desarrollada en un contexto dictatorial, provocó un fuerte cuestionamiento tanto a la causa Malvinas como a la idea de patria porque se consideraba que éstas se habían transformado en patrimonio exclusivo de los militares, quienes en su nombre justificaban sus atrocidades. La banalización que los militares y sus defensores hicieron del símbolo Malvinas y de la noción de patria provocó que en muchos sectores sociales estos fueran dejados de lado. En lugar de librar una batalla simbólica por su sentido, se los abandonó o se los redujo al mero ritual vacío. En su reemplazo no aparecieron, como algunos prometían, otros “nosotros” para ampararnos sino que sobrevino la intemperie: el individualismo, la fragmentación social, la angustia de sentirse solo.

Volver a recuperar el vocablo “patria” es una forma de volver a preguntarse por la existencia de esos “nosotros”, de interrogarse sobre el sentido de la vida en común, no para añorar el pasado sino más bien como una forma de anunciar un futuro: la patria es un proyecto a construir.  

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