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EGB 3 y Educación Polimodal
Un Ciclo Polimodal que reconozca el protagonismo de los jóvenes y ofrezca el conocimiento como vínculo activo con el mundo


Por Alejandra Birgin y Humberto Escudero

No hay duda de que atravesamos una crisis estructural de la educación media. Muchas de las noticias que son de dominio público y que implican a la educación de los jóvenes, son manifestaciones de esa crisis estructural. Es útil recordar entonces, aunque más no sea para no sentirnos tan solos en la desgracia, que la situación que atravesamos no sólo nos señala a los argentinos. La educación media se muestra en crisis incluso en países desarrollados y opulentos. Evidentemente los caracteres que esa situación adopta en países como EE.UU. no son los mismos que definen a la nuestra, pero no por eso tienen menos gravedad. La película Elefante, que estuvo en cartelera y que transcurre íntegramente en un college norteamericano, muestra algunos de los rasgos que asume la crisis de la educación en ese país.

Una mirada sobre el mundo contemporáneo nos presenta escenarios complejos y cambiantes, desde los producidos por las violentas transformaciones en el trabajo hasta las generadas por los nuevos lenguajes tecnológicos. En el nivel medio, al mismo tiempo que la dificultad y la deuda en el aprendizaje de los saberes básicos, la escuela no alcanza a dar cuenta la vertiginosidad de los cambios en los saberes científicos y sociales. En este contexto se encuentra un sistema educativo atravesado por problemas de vieja y nueva data y que nos exige pensar y trabajar en procesos que, claramente, son de mediano plazo.

Así, la crisis no sólo golpea a nuestro país –cosa que no la simplifica, sino que la vuelve más densa y preocupante-, tampoco se trata de un fenómeno nuevo. Justamente, el Polimodal fue creado para responder a una crisis estructural de la educación media que se arrastra hace mas de 30 años y que, como ya dijimos, no es solo nacional. La creación del Polimodal, entonces, recoge preocupaciones sociales. Sin embargo, mucho debemos discutir acerca de su propuesta, sus debilidades y fortalezas, sus modos de implementación, su condición de oportunidad. También, acerca de las condiciones sociales en que se produjo (brutal deterioro del trabajo, crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, ausencia de un proyecto productivo, deterioro de las condiciones laborales docentes, etc). Y sobre todo, acerca de los efectos que produjo, complejos y polémicos sin duda.

Lo cierto es que hoy nos enfrentamos a una situación severa, con un nivel medio fuertemente fragmentado y desigual, con una desarticulación curricular preocupante, una escuela que a veces solo alcanza a atender problemáticas sociales urgentísimas y que, en muchos casos, no logra interpelar a nuestros jóvenes, y hasta llega a expulsarlos. En otros, por el contrario, es la única institución que los aloja, que guarda un lugar para ellos.

El diagnóstico, qué duda cabe, es grave. Pero nos quedaríamos en el mero síntoma si dejáramos nuestro análisis ahí, y si buscáramos soluciones sólo a partir de lo que nos dice el estado de la educación de puertas adentro de las escuelas. Porque la situación que atravesamos no refleja un problema exclusivo de las escuelas. A través de él habla una crisis mayor de nuestra sociedad y de nuestra cultura. Lo que está en cuestión, y no tiene resolución fácil, es qué le legan los adultos a los jóvenes, en un mundo que se ha transformado violentamente, en un sentido que no fue el que nos hubiera gustado que sea y que, sin embargo, nos tuvo como protagonistas, más o menos participantes, de sus virajes. Hay una pregunta que debemos formularnos como sociedad y que gira alrededor de qué les estamos ofreciendo a nuestros jóvenes, y entonces qué le pedimos al polimodal en términos de saberes. Se puede emprolijar el sistema de enseñanza media, pero sin abordar esas preguntas mayores difícilmente éste pueda salir de su verdadera encrucijada.

El Polimodal, es el tramo específico de la escolaridad que transitan los jóvenes, donde la tarea de transmisión debe reconocerlos como protagonistas de la sociedad actual y habilitarlos para participar activamente en la construcción de su futuro.

Este reconocimiento debe tener en su base el respeto por los intereses y posibilidades de nuestros jovenes, a la vez que estar acompañado con la responsabilidad por la transmisión de un conocimiento que dialogue con el mundo de hoy, con sus posibilidades y con sus injusticias.

En este sentido, es imprescindible reconstruir una experiencia escolar rica e interesante, que recupere, tanto para estudiantes como para docentes, un encuentro productivo con el conocimiento, en la que se encuentren la responsabilidad que representa la tarea de enseñar y la exigencia y compromiso de la tarea de aprender.

Nos proponemos entonces una política que tenga en la base el objetivo de reponer, allí donde esté roto, el pacto que valoriza el conocimiento como condición para la participación ciudadana, una participación que implica capacidad para una lectura compleja, plural y proactiva sobre la realidad social. Porque se trata de una realidad social que no nos satisface y que estamos convencidos que podemos, adultos y jóvenes, hacerla diferente. Y que la escuela tiene un lugar imprescindible a jugar allí.

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