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Educación en Contextos de Encierro
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Cultura: La perspectiva de quienes enseñan en las cárceles
“Como educadores, somos personas de esperanza”

La crudeza de la violencia actual ha dejado en segundo plano la tarea que, a largo plazo, realizan quienes enseñan en las unidades penales. Distintos especialistas aportan su experiencia; entre ellos, Isabel Ribet, coordinadora del programa nacional de Educación en Establecimientos Penitenciarios.

Por Mónica Borgogno

El endurecimiento de las penas termina siendo la apurada respuesta que el Congreso Nacional suele dar cuando el tema que urge es la inseguridad.
La re-educación de los penados y la idea de pensar otra cárcel posible, parece haberse esfumado —o al menos haber pasado a segundo plano—, frente a las respuestas a corto plazo.
EL DIARIO indagó la opinión de diversos especialistas en el tema. De esperanza, compromiso y vocación de servicio hablan quienes ponen todo su empeño en “enseñar a aprender”, como bien resumieron su labor algunos de los consultados. Aprender a manejar su libertad, las normas para una mejor convivencia social, o simplemente leer y escribir o firmar, son objetivos presentes en esta tarea humanitaria y silenciosa que en la provincia se lleva adelante a través de seis establecimientos educativos insertos en cárceles.
Una de las entrevistadas fue Isabel Ribet, coordinadora del programa nacional de Educación en Establecimientos Carcelarios.
—¿Qué líneas de trabajo están llevando adelante?
—El programa se lleva adelante desde el Ministerio Nacional de Educación, Ciencia y Tecnología, realizando una tarea bilateral con las 24 provincias a fin de lograr mayores niveles de democratización de la educación en las cárceles. Esta democratización se logrará en tanto se avance en optimizar la gestión y la oferta educativa al interior de cada jurisdicción; universalizar la cobertura de EGB y Polimodal de adultos; revalorizar y profesionalizar a los docentes; renovar la formación profesional orientándola hacia la capacitación para el autoempleo y el abordaje de temáticas laborales no convencionales tendientes a la reinserción productiva.
—¿Qué demandan y cómo responden los presos a la oferta de enseñanza y trabajo?
—La educación y el trabajo son actividades prescriptas por la ley de Aplicación de la Pena Privativa de la Libertad, la Nº 24660, por lo cual deben implementarse en todas las unidades penitenciarias. Ante la oferta educativa, los internos responden positivamente, reconociendo a la escuela como un ámbito de respeto y libertad. Los docentes, por otra parte dan testimonio acerca del esfuerzo de sus alumnos, cuyas historias escolares incluyen fracaso escolar, ausentismo, repitencia y abandono final.
La educación que se les ofrece constituye una apuesta a futuro en tanto pueden proyectar un nuevo sentido para su vida, reintegrándose a la sociedad y al mundo laboral. Por otra parte, que los internos cursen estudios durante su paso por las unidades penales, es bien visto por los jueces al momento de acceder a alguna de sus solicitudes.

VISIONES
—¿Hay una perspectiva unificada en la comunidad carcelaria de que quienes están tras las rejas también tienen derechos? ¿O hay que empezar por reeducar a guardiacárceles y policías?
—El derecho a la educación es un derecho reconocido por la Constitución Nacional, y por la normativa nacional y provincial. Ello no significa que todos los actores que intervienen en estos espacios tengan la convicción de que las personas privadas de libertad tienen todos los demás derechos inherentes al ser humano. La Nación y las Provincias son garantes de que este derecho público se rescate, tanto entre quienes se encuentren libres como entre los procesados y/o condenados.
—¿Es posible la reeducación y reinserción de por ejemplo, asesinos?
—Nosotros, como educadores, somos personas de esperanza. Ello es lo que mueve a seguir trabajando con los alumnos que están en nuestras clases, se trate de niños, jóvenes o adultos, vivan dentro o fuera de una unidad penitenciaria. Por otra parte, experiencias diversas muestran que sí, que es posible colaborar con quienes han transgredido la ley a fin de que a su salida de la unidad penitenciaria puedan reinsertarse social y laboralmente. En este sentido estas personas encuentran grandes dificultades para hallar trabajo cuando expresan su condición de ex convictos.

OPORTUNIDADES
—¿Desde qué punto de vista se consensúan posiciones respecto de los derechos de los presos frente a esta fuerte polémica y el actual estado de inseguridad?
—En los últimos tiempos se está planteando una falsa disyuntiva: ¿hay que reconocer los derechos de los presos o hay que castigarlos más a fin de lograr mayores niveles de seguridad para la sociedad en general? Es necesario reconocer que no existe una correlación directa de más penas, menor cantidad de delitos. En el marco de este problema tan complejo, no debemos caer en simplificaciones. Pero al mismo tiempo, debemos reconocer que si existe una actividad que pueda obrar como articuladora entre el respeto de los derechos de las personas privadas de libertad y la proyección futura de una sociedad más segura y justa, esta es la educación.
En el marco de una situación mundial de crisis de violencia, donde las desigualdades, procesos de exclusión, aumento de la pobreza son un compromiso ineludible para las sociedades que apuestan al fortalecimiento de la democracia en todos los ámbitos y niveles, un sistema de justicia penal más humano y eficaz puede constituir un instrumento de equidad, cambio social constructivo y justicia social que proteja los valores fundamentales y los derechos inalienables de los pueblos.

Charvey: “Les enseño a usar su libertad, para que sepan elegir”

Nélida Charvey, psicopedagoga que ejerció 23 años como docente y durante 10 estuvo al frente del establecimiento educativo Nº 27 Vicente Fidel López, que desde 1969 funciona en la Unidad Penal de Paraná, dio su parecer. “Cuando enseñás, te olvidás de que es un violador, homicida o ladrón, si no no podés enseñar. Lo primero que hacés es crear un vínculo, porque si no es imposible”, afirmó. Al momento de hablar de la particularidad de su tarea educativa, mencionó un par de veces el verbo “reparar” y enseguida aclaraba: “Es que en realidad, ellos no aprendieron a aprender”. Entonces, ella les enseñaba a usar su libertad porque “no saben elegir, y eligiendo el mal no hacen uso de su libertad; si ellos no tienen educación, van a seguir presos”. Acerca de la oportunidad de reinsertarse socialmente, Charvey recordó un par de casos que pasaron por su escuela y “me los crucé en la calle trabajando de barrenderos, limpiando autos o participando de algún evento deportivo”.

Cuando la sociedad condena el error, la reinserción es posible a medias

“La provincia de Entre Ríos ofrece educación en las siete unidades penitenciarias en las que se alojan 878 internos —de los cuales están condenados 506 y procesados 372—. Hay que reconocer que estos últimos son inocentes hasta que el juicio determine su culpabilidad o inocencia”, precisa Isabel Ribet, a cargo del programa nacional de Educación en Establecimientos Penitenciarios.
Todos los días, los docentes llegan hasta allí para que internas e internos puedan completar sus estudios.
Por poner un caso, en Concordia, hay unos 70 recluidos —sobre un total de 168— que estudian en la Escuela Nº 12 Supremo Entrerriano, que funciona en la unidad penal local. Su directora, María Graciela Arévalo pintó el panorama de la población que ve a diario: “Hay llamativamente mucha población joven, de entre 19 y 25 años, que son semi analfabetos y concurren a la escuela para leer y escribir o bien, saber firmar”.
El año pasado, detalló, llevaron adelante una iniciativa novedosa: unos 15 penados trabajaron haciendo tareas de mantenimiento edilicio, pintura, reciclado, en forma voluntaria y sin cobrar remuneración alguna, en una escuela humilde, próxima a la penitenciaría.
En otro tramo, señaló como necesaria la “profesionalización del penitenciario”, para que no se obstaculice la reinserción del penado y se trabaje en equipo hacia un mismo sentido.

EXPERIENCIAS SALUDABLES. En la penitenciaría de Gualeguay-chú está la Escuela Nº 6 Andrés Bello, que brinda a los presos la posibilidad de cursar la vieja primaria. Allí asisten unas 15 personas. Este lunes, precisamente, se inauguró otro establecimiento educativo que pertenece al CENS Nº 115 y que permitirá acceder a la educación secundaria. Ya se anotaron unos 25 internos. Pero también tienen un taller de computación que parece que es el más concurrido, pues hay cerca de 28 alumnos.
José Lenciati, es profesor de Educación Especial y actual director de la Escuela Andrés Bello. Consultado sobre el perfil de quienes se acercan a esta otra oportunidad de aprender, el profesor dijo que tiene que ver con “querer cambiar su modo de ver las cosas”, a pesar de las historias difíciles que cargan encima. Luego remarcó que como sociedad “somos bastante ambivalentes: segregamos el error como si estuviéramos libres de cometerlos y queremos que el delito sea pagado, no nos preguntamos siquiera cómo vive la gente en las cárceles”. Y destacó que en su tarea de educador está primero la persona, luego el alumno y por último, el delito que cometió esa persona. En ese sentido, los educadores coincidieron en que si no se abstrae la situación personal de cada interno, es imposible la tarea de enseñar.

Publicado en El diario de Paraná, Entre Ríos el 16 de abril de 2004.

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