Educación en Establecimientos Penitenciarios y de Minoridad
Prensa

La educación en los establecimientos penitenciarios
Por María Isabel Giacchino de Ribet

Publicado en Novedades Educativas N° 172 – 2005, p. 36 y ss.

“Nos comprometemos colectivamente a alcanzar los siguientes objetivos:
Velar por que sean atendidas las necesidades de aprendizaje
de todos los jóvenes y adultos
mediante un acceso equitativo a un aprendizaje adecuado
y a programas de preparación para la vida activa”.

Foro Mundial sobre la Educación, UNESCO,
Dakar, Senegal, abril de 2000

La educación en establecimientos penitenciarios es un tema frecuentemente lejano del interés general, que muchas personas no tienen presente, prefieren no abordar o, más aún, consideran como tiempo y dinero perdido.

Al respecto es menester tener conciencia de que nos estamos refiriendo a personas que han transgredido la ley cometiendo delitos de diversa gravedad, lo que los ha conducido a la privación temporal, más o menos extensa, de su libertad. Por eso están presos.

Sin embargo, a pesar de ello, esta población de jóvenes y adultos, con diferentes grados de déficit educativo, tiene el derecho a participar de propuestas educativas que les ayuden a elaborar un nuevo proyecto para su vida.

En este sentido, la educación que se desarrolla en los establecimientos penitenciarios tiene una función de gran relevancia, en tanto resguarda el derecho de todo ser humano para producir cambios en su vida. Por ello, la escuela se convierte para los internos en unidades penitenciarias en un camino de esperanza y los docentes, en nada menos que los artífices de esas alas de tiza que ofrecen la promesa de tiempos nuevos y mejores.

Ante la realidad tan dura de quienes están tras los muros en una tarea educativa compartida, vamos a darles la palabra a internos y docentes, a fin de escuchar a través de su experiencia a los miles de hombres y de mujeres que se encuentran en las cárceles.

Testimonio de José, alumno del Centro de Educación Básica para Adultos N° 33 de la Unidad Penitenciaria N° 4 del Penal de Menores de Santiago del Estero, nos dice:
“Llegué a este penal sin saber nada, aquí algo estoy aprendiendo, llegué con las manos duras, sin poder agarrar el lápiz. Fui a la escuela estando en libertad, pero no le daba importancia, me juntaba con mis amigos, me escapaba de la escuela a hacer travesuras, a portarme mal. Me corrieron muchas veces y de distintas escuelas. Aquí en el penal aprendí a sumar, restar, multiplicar y dividir, pero me cuesta mucho aprender a leer y escribir, espero poder. En la escuela me tratan bien, me saben comprender, me tienen paciencia, conversamos que me porte bien, por el bien mío, que ponga voluntad un poquito y que deje de macanear.”

La historia de José refleja la situación de la mayor parte de los argentinos privados de libertad:

1. Llegué a este penal sin saber nada: Los internos son mayoritariamente hombres jóvenes -el 70% menor de 35 años- que llegan a la unidad penitenciaria con sentimientos de frustración e ignorancia y con una autoestima muy baja.

2. Llegué con las manos duras: Esta imagen tan fuerte remite a manos que han pasado por experiencias traumáticas, a una edad en que lo propio sería que estuvieran en la educación general básica o la escuela media.

3. Sin poder agarrar el lápiz: Esas manos, símbolo de la persona misma, se declaran incapaces de tomar la herramienta más sencilla que abre el camino del aprendizaje: el lápiz. A pesar de la sensación de que no serán capaces de lograrlo, se animan a acercarse nuevamente a la escuela.

4. Fui a la escuela estando en libertad, pero no le daba importancia: La escuela no es un lugar desconocido para ellos, pero sus experiencias primeras no fueron exitosas. Han estado condicionados por pertenecer a sectores sociales bajos, en condiciones de educabilidad sumamente precarias, con núcleos familiares deteriorados o ausentes, que no han podido o no han querido acompañar los procesos de aprendizaje de los niños, sin referentes adultos claros para la incorporación de valores. Por ello, entre otros motivos, la escuela en su momento no fue para ellos un tema prioritario.

5. Me juntaba con mis amigos, me escapaba de la escuela a hacer travesuras, a portarme mal: La mayoría fue a la escuela, pero no pudieron evitar la influencia de otras personas ajenas a la misma, a veces sólo un poco mayores a ellos, quienes los iniciaron en vías “alternativas” que les permitían conseguir dinero con facilidad. Tarde o temprano, esas opciones los ubicaron en callejones sin salida.

6. Me corrieron muchas veces y de distintas escuelas: El resultado frecuente se repite: fracaso escolar, ausentismo, repitencia, mal comportamiento, abandono. Escuelas expulsoras, no contenedoras de chicos con problemas de aprendizaje o de comportamiento. Escuelas que resuelven el problema “separando a los alumnos problemáticos”. Y así pasaron quizás a otra escuela, con la expectativa de que esta vez la experiencia fuera diferente… Pero la historia volvía a repetirse.

7. Aquí en el penal aprendí a sumar, restar, multiplicar y dividir: No es fácil tomar la decisión de volver a intentar. No es fácil después de las experiencias escolares frustrantes acumuladas. Las motivaciones para regresar a la escuela pueden ser diversas y no siempre relacionadas con la educación: cumplir con la obligatoriedad educativa que marca la Ley, distraerse un poco, salir del área de las celdas, poder hablar con otras personas, mejorar el concepto ante el Juez que lleva su causa o simplemente resignificar el tiempo de permanencia en la cárcel. Pero a pesar de ello, se comienza un camino de aprendizaje.

8. Me cuesta mucho aprender a leer y escribir, espero poder: Con las manos duras y la mente “casi en blanco”, sin saber mucho qué esperar, los internos comienzan a asistir a la escuela poniendo mucho esfuerzo para aprender. Aunque ellos no lo saben, cuando logran superar las barreras que les dificultan el aprendizaje, es su misma dignidad la que reafirman y se dan a sí mismos el permiso para poder mirarse de un modo un poco más benigno.

9. En la escuela me tratan bien, me saben comprender, me tienen paciencia. Conversamos que me porte bien, por el bien mío, que ponga voluntad un poquito y que deje de macanear: En la escuela de la cárcel se produce la sanación del vínculo alumno-docente y la tarea pedagógica se ve complementada por la contención emocional. El docente es un consejero y un referente para los internos alumnos. A través de él, la sociedad le está dando una nueva oportunidad. Y como si fueran todavía un poco niños, idealizan a sus maestros, quienes los ayudan a proyectar caminos nuevos de vida para el momento de la salida del penal.

Testimonio de María, mujer rusa ya liberada de la Unidad Penitenciaria Federal N° 3 de Mujeres de Ezeiza, que habiendo regresado a su patria, expresa:
“Mi permanencia en el Centro de Formación Profesional fue una experiencia de vida, ya que no sólo adquirí conocimientos propios de cada curso sino que tuve la oportunidad de sentirme rodeada de afecto y compañía. Gozaba de la confianza de todos, y así podía tejer en todo momento y hacer tarjetas en papel vegetal, obteniendo con mi trabajo la forma de comprarme lo que necesitara. El cariño que allí me dieron es incalculable; siempre me escucharon, me ayudaron, me rodearon de afecto y supieron contener mi angustia cuando se me hacía tan difícil estar tan, tan lejos de mi Patria. Mi vida ha cambiado. Me siento bien y con muchas esperanzas. Si miro para atrás, veo que a pesar del dolor de haber estado detenida, de estar sola y lejos, hubo muchas cosas buenas y muy buenos momentos que pasé en el Centro y que me ayudaron a salir adelante. Gracias a todas las que me dieron una mano o me brindaron su sonrisa. No voy a olvidarlas...”

Cabe mencionar que las mujeres internas en establecimientos penitenciarios representan el 10% de la población penal del país.

1. Mi permanencia en el Centro de Formación Profesional fue una experiencia de vida: En muchas Unidades Penitenciarias existen Centros de Formación Profesional que ofrecen cursos destinados a capacitar a los internos en determinadas competencias que les sirvan como medio para lograr el autosustento al egreso del penal. Este es el caso planteado. Entre los cursos que se ofrecen es posible mencionar: peluquería, corte y confección, tarjetería, tejido, reparación de PCs, electricidad, carpintería, entre otros. Para ello se utilizan los talleres disponibles en los establecimientos penitenciarios. El paso de los internos por estos centros es, muchas veces, la primera oportunidad que tienen de recibir capacitación orientada al ámbito laboral. Por ello, estos cursos son muy valorados por los alumnos.

2. No sólo adquirí conocimientos propios de cada curso sino que tuve la oportunidad de sentirme rodeada de afecto y compañía: Estos espacios educativos orientados principalmente hacia el saber hacer, suelen transformarse en verdaderas comunidades de alumnos y docentes. Mientras se trabaja se conversa, el docente orienta, se intercambian pensamientos y sentimientos. Son núcleos de contención y de esperanza.

3. Gozaba de la confianza de todos: La constatación de que a través del trabajo se reafirma la propia dignidad y crece la autoestima, es un resultado concomitante al aprendizaje de un oficio u ocupación. Si el interno ha sido separado de la sociedad porque ya no es posible “confiar en él, dado que puede ser un peligro para los demás”, es muy potente escuchar de labios de María que, a través del trabajo, pudo “gozar” de la confianza y la compañía de los demás.

4. Podía tejer en todo momento y hacer tarjetas en papel vegetal, obteniendo con mi trabajo la forma de comprarme lo que necesitara: El hecho de que los internos puedan experimentar con orgullo que son capaces de cubrir sus necesidades mediante el fruto de su trabajo, es como construir nuevos cimientos para su vida, que conllevan renovados comportamientos y que reafirman otros valores existenciales.

5. El cariño que allí me dieron es incalculable; siempre me escucharon, me ayudaron, me rodearon de afecto y supieron contener mi angustia cuando se me hacía tan difícil estar tan, tan lejos de mi Patria: La actividad en estas escuelas se sostiene y resignifica mediante la contención y la orientación, y se consolidan relaciones interpersonales solidarias y cooperativas. La mutua asistencia entre pares representa un soporte ante la privación de la libertad.

6. Mi vida ha cambiado. Me siento bien y con muchas esperanzas: Muchas veces, los internos logran tomar conciencia de la transformación que se ha operado en ellos y se proponen, con genuina esperanza, dar a la propia vida un nuevo significado mediante la elaboración de proyectos de reinserción social para el momento del egreso del penal.

7. Si miro para atrás, veo que a pesar del dolor de haber estado detenida, de estar sola y lejos, hubo muchas cosas buenas y muy buenos momentos que pasé en el Centro y que me ayudaron a salir adelante: La reflexión es quizás el logro más contundente. Muestra a la persona capaz de actuar con libertad, que se conoce y sabe que puede ser dueña de sus propias decisiones. Poder desembarazarse del determinismo que predice la imposibilidad de cambiar, es una actitud que indica la toma de conciencia de la propia dignidad.

8. Gracias a todas las que me dieron una mano o me brindaron su sonrisa. No voy a olvidarlas...: La gratitud es el signo más pleno de quien ha podido hacer las paces con su pasado en función de la construcción de un futuro más humano y feliz.

Testimonio de Andrea, maestra de la Alcaidía de Varones de la provincia de Formosa, donde funciona el C.E.N.S. N° 57, quien narra lo siguiente:
“Ingresé a la Alcaidía en octubre del año 1996, era una joven docente sin saber qué me deparaba mi profesión cuando me asignaron a enseñar Lengua Extranjera a los internos.
En los primeros tres años se dictaba clase en la Alcaidía situada en la calle 25 de Mayo y Libertad. Era un lugar que a primera impresión daba miedo por su infraestructura y también porque no sabía cómo debía interactuar con los internos. Ellos se manejaban con códigos lingüísticos propios, pero una vez que entré en confianza, me di cuenta que no debía ser prejuiciosa. A pesar de las diferentes razones por las cuales estaban en ese lugar cumpliendo sus condenas, llegué a la conclusión de que son seres humanos privados de libertad, que necesitan charlar con alguien de muchas cosas.
Por eso logré ganarme su respeto, confianza y cariño, porque yo les daba mi pequeña ayuda, tanto en la materia como en lo personal.
Como alumnos, se portaron y se portan muy bien, diría excelente. Cumplen con la tarea que se les asigna y a pesar de carecer de materiales didácticos, de no tener un lugar tranquilo para estudiar, ellos se esfuerzan por hacer las cosas bien y mejorarse para así ser aceptados por la sociedad, y nosotros, los docentes, estamos para guiarlos en su lucha por ser mejores personas, al margen de darles la materia.
Durante la clase su conducta es muy buena. Tratan con mucho respeto a los docentes. Por mi parte, en estos seis años de docencia en la Alcaidía, jamás me faltaron el respeto, al contrario, nos agradecen por darles una mano para superarse.
Actualmente, la Alcaidía, está situada en un contexto social muy complejo y cuando llueve empeora la situación, porque los caminos son pésimos a la hora de transitarlos, está ubicado en el Bē San Antonio de nuestra ciudad.
Tengo una anécdota muy hermosa que compartir: cuando festejé mi cumpleaños con ellos. Entonces me di cuenta de cómo me supieron valorar y querer, me regalaron objetos hechos por sus propias manos. Fue una experiencia muy linda e inolvidable porque rompieron con la imagen que la sociedad tiene de ellos.
Cuando doy mis clases me siento muy cómoda, porque ellos crean esa atmósfera de armonía compartiendo mate o tereré.
Con respecto a la Institución de donde dependo, C.E.N.S. Nē 57, los docentes me aceptaron muy bien, guiándome con buenos consejos y brindándome su ayuda, al igual que los directivos.
Por mi parte, hasta hoy día estoy conforme con mi trabajo en la Alcaidía de Varones, porque me hace sentir bien, que soy útil ayudando a estas personas que todos los días nos brindan respeto, cumplen con sus trabajos y generan confianza hacia sus docentes.”

A partir de este testimonio es posible identificar algunas ideas fuerza que expresan cómo se desempeña el rol docente en las escuelas situadas en los establecimientos penitenciarios.

1. Actitud de los alumnos frente a la propuesta educativa: Por lo general, los alumnos de estas escuelas tienen muy buen comportamiento y los docentes reconocen que son tratados con respeto y cariño. Las situaciones de agresividad hacia ellos son excepcionales. Cada alumno, de acuerdo a sus propias posibilidades, se esfuerza por realizar las tareas encomendadas, a pesar de la precariedad de medios bibliográficos, de materiales didácticos y la infraestructura inadecuada.

2. Actitud de los docentes con relación a su tarea: Algunos docentes cuando recién ingresan a la actividad en la cárcel pueden tener algunos miedos o prejuicios. Pero con el paso del tiempo descubren en sus alumnos cualidades y valores que ponen en segundo plano el hecho de que se encuentren privados de la libertad. Así, se entusiasman por su tarea y son capaces de sobrellevar dificultades, minimizando que los lugares donde desarrollan sus clases no sean aptos para este fin, la falta de recursos de todo tipo, los problemas para acceder a la escuela cuando los caminos no están asfaltados, las suspensiones de clases por requisa, el lento y arduo proceso de ingreso diario a la escuela, entre otras cuestiones.

3. Relaciones interpersonales entre los docentes y los alumnos: El vínculo generado entre ambos favorece el aprendizaje, ya que brinda contención y sostiene emocionalmente los procesos educativos. La norma no escrita pero vigente, de que el docente no indague acerca de los motivos por los cuales su alumno interno se encuentra en la cárcel, ayuda a ambos tener una relación sana. A veces el docente aunque no se lo proponga pasa a ser modelo y referente. Sus alumnos experimentan así una forma de vinculación interpersonal que se basa en el respeto recíproco, excluyendo la violencia y el abuso. Aprenden a dialogar acerca de las diferencias y de los problemas, hallando nuevas vías para la resolución de conflictos que no impliquen la violencia

4. Condiciones de infraestructura y materiales didácticos: Las escuelas funcionan en dependencias poco apropiadas para esta finalidad, excepto en las cárceles nuevas. Las bibliotecas tienen materiales bibliográficos en gran medida desactualizados y en cantidad insuficiente para la población, y los materiales de librería son escasos o a veces, inexistentes.

A modo de conclusión

Los testimonios presentados brindan un panorama amplio de las características principales y los resultados de la acción educativa de uno de los sectores de la población de jóvenes y adultos de mayor marginalidad social y educativa. Desde el punto de vista de la equidad, son los más olvidados entre los olvidados. Los más pobres entre los pobres.

El Ministerio de Educación de la Nación lleva adelante desde el Programa Nacional de Educación en Establecimientos Penitenciarios y de Minoridad, acciones de coordinación y estímulo de acciones educativas, trabajando intersectorialmente con las provincias a fin de que sus sistemas educativos lleguen con su oferta hasta el interior de los institutos cerrados y ofrezcan alas de tiza para la esperanza de una futura integración social y laboral.

Se trabaja para lograr una oferta educativa amplia y abarcativa, que atienda la heterogeneidad de la población y que comprenda un abanico formativo que incluya desde la alfabetización inicial, la finalización de la educación básica, el desarrollo del nivel medio, cursos de formación profesional y educación superior universitaria y no universitaria. La elevación del nivel educativo y cultural de los alumnos, les brinda elementos para lograr el autosustento al momento de la liberación del penal, así como la posibilidad de desarrollar formas pacíficas de relacionarse con otros y modos no violentos para la resolución de conflictos. También el Programa tiene entre sus metas el desarrollo de acciones de Formación Profesional, la capacitación de docentes y directivos, y la aplicación de políticas públicas destinadas a los jóvenes.

Este esfuerzo educativo se sostiene en razones como el respeto de los derechos humanos de quienes están privados de la libertad, el desarrollo de políticas públicas de democratización de la educación de calidad -según lo establece la Constitución Nacional-, el incremento de la equidad social a través de la atención de este sector social poco visible, y el resguardo de la seguridad pública, en tanto la educación es la vía posible para la construcción de proyectos de vida alternativos al delito.

A partir del testimonio de las alumnas de “La escuela carcelaria El Salvador” de la provincia de Santiago del Estero, la escuela de la cárcel también es un espacio de libertad y de vida…

Vamos a contarles…
Hay un día en que nuestra vida cambia mucho…
Coincide con el sonido de la puerta que se cierra….
Se comienza por ocultar las emociones
Es noche cerrada
Perdemos la libertad
El futuro es una gran incógnita
El mañana es incierto…
El mundo quedó fuera y todo parece ajeno
Una conexión:
La escuela

Somos bien recibidas
La escuela es alegría
El tiempo tiene otro valor dentro de la cárcel
En la escuela el tiempo pasa rápido
Nos respetan
Recibimos amor
Aprendemos cosas útiles
Recuperamos parte del mundo perdido
La escuela es una esperanza.

Buenos Aires, febrero de 2005