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Educación Secundaria
Orientaciones políticas 2004-2007


Sostener propuestas institucionales inclusivas

En una sociedad fracturada generar estrategias de inclusión y fortalecer los procesos de transmisión cultural son parte de una misma tarea para las escuelas.
Los procesos de exclusión que atravesaron a nuestra sociedad en los últimos años han encontrado en la escuela a una de las pocas instituciones del Estado que alojaba a aquellos que quedaban "al margen" de otras formas de inclusión social y cultural.
Así la escuela, en el contexto de crisis y pauperización creciente, fue el lugar para atender los padecimientos y las demandas que otras instituciones estatales no lograban atender. Más aún, la escuela siguió constituyendo un lugar de búsqueda de la integración social a contramano de las políticas disgregadoras que dominaban la escena.
No obstante, la escuela media fue especialmente erosionada por el peso de la crisis y su propuesta institucional continuó alentando prácticas tradicionales que no permitieron mejorar la trayectoria de los jóvenes. Las cifras actuales de repitencia, rezago y abandono dan cuenta, más allá del impacto de su análisis estadístico, de la gravedad de los procesos masivos de exclusión educativa que ponen en riesgo un futuro mejor para cientos de miles de jóvenes que abandonan la escolarización formal, año a año.
La mera existencia de la oferta escolar, sumada a estímulos financieros y materiales para la escolarización es una condición necesaria, pero no suficiente para la universalización y la inclusión de los sectores más desfavorecidos socialmente.
La inclusión implica el desarrollo de políticas dirigidas al acceso y la permanencia escolar, pero también la necesidad de hacer del tránsito por la escuela media una experiencia vital y significativa, en la que los adolescentes le encuentren un sentido y un valor. Una experiencia que habilite a varones y mujeres en igualdad de condiciones para la participación en el mundo del trabajo, la cultura, la sociedad, y les permita estar en condiciones de continuar estudios superiores.
Esta perspectiva política y pedagógica de la inclusión pone en el centro la presencia de sectores sociales que exigen ser valorados como sujetos de derecho y de herencia cultural.
Un trabajo de inclusión justa deberá tender a desnaturalizar la pobreza que hoy habita en las escuelas, donde suelen convivir los esfuerzos por enseñar con presupuestos deterministas de todo tipo, que juzgan y cuestionan la capacidad de aprender de diferentes grupos de jóvenes, que producen "etiquetamiento" social y encierran a la pobreza en un círculo económico y social del cual pareciera que no se puede salir.
La inclusión es inclusión de las diferencias, reconocer las culturas, los lenguajes, las identidades regionales, genéricas, raciales y de clase diversas; es inclusión de todos aquellos rasgos que hacen a la riqueza de una cultura tan compleja, híbrida y extendida como la nuestra.
Algunos datos, a partir de los relevamientos anuales de información , ilustran problemas a atender en lo que respecta a las trayectorias escolares de los jóvenes son:

•  Entre el 35,4% y el 49,1% de los jóvenes de 15 a 17 años en las diferentes regiones de país aún asisten a la EGB, lo que evidencia porcentajes muy considerables de sobreedad o rezago.
•  Algunas jurisdicciones del país cuentan con 12% o hasta 18% de abandono interanual en la EGB 3.
•  La promoción efectiva en el 8° y 9° de la EGB3 o su equivalente no supera el 80%.
•  El promedio nacional de abandono interanual en el último año de la escuela media (3° de polimodal o 5° del secundario) alcanza el 22,1%.


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