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Relatos de un encuentro

Video documental “Relatos de un encuentro”
Entrevista a Mariana Cantarelli (Fragmentos)
Profesora de historia, licenciada en historia, y docente.

Identidad ferroviaria
Para mi hay una pregunta que recorre el video, sin ser dicha, la columna vertebral del asunto, que es ¿qué es ser ferroviario? . Ante la pregunta, qué es ser ferroviario, uno diría “depende”
No es lo mismo ser ferroviario, en los ´30, en los ´40, en los ´50, por lo menos en la Argentina, que en los ´80 o en los ´90. Y no solamente, porque hay más o menos vagones, más o menos ramales, más o menos maquinistas. Sino, porque el viejo ferroviario podía pensar toda su vida, desde esa condición...Porque ser ferroviario, no era solamente un oficio, sino también era una identidad política, un modo de organización sindical, un modo de andar por la vida. Entonces, el tipo era ferroviario, full time, cuando iba al taller, cuando iba a bailar, cuando conversaba con su señora, o cuando hablaba con sus hijos.
En cambio, si nosotros nos preguntamos qué es ser ferroviario hoy, la cosa se complica. Uno de los pibes del taller dice algo que es genial. “yo veo pasar un tren, y me doy cuenta que esas ruedas las hice yo. pero yo no soy ferroviario”
Es decir que se puede reconocer en ese trabajo, puede pensarse en ese trabajo, pero él ferroviario no es. No parece un dato menor, para pensar cualquier identidad,
Yo recuerdo un trabajo que hicieron unos amigos en el Gran Buenos Aires, en Avellaneda, y le preguntaban a los trabajadores de metalúrgicas cómo se definían a si mismo. ¿Y qué esperaban mis amigos? Que dijeran, somos de la UOM, somos metalúrgicos, somos peronistas.
Por supuesto que eso sucedía. Los tipos de más de cuarenta, se definían así. Pero los pibes de menos de cuarenta, podían llegar a decir, soy de la UOM, soy peronista, soy metalúrgico, pero también soy hincha de Boca, soy de Avellaneda, soy Ricotero.
En esa enumeración la cosa cambia. Porque una cosa es definirse full time como ferroviario, y otra cosa part time. Y no sólo por la cantidad de tiempo destinado a la tarea, sino porque eso implica que ese trabajador, entra en contacto con otros mundos, con otras experiencias, y la de ferroviario, parece ser una más. Interesante, no? Pero una más.

La Escuela
A mi me parece que la escuela aparece, por lo menos entre los más jóvenes, como una primera condición, en el sentido de que la escuela es la teoría. Una buena teoría, una gran teoría. Y al mismo tiempo, es la instancia que articula un lugar con el otro. No me queda tan claro, por lo menos en los testimonios de estos pibes, cómo hubiesen ingresado a la cooperativa, si no fuera por la escuela.
Ahí la escuela, no sólo produce un saber, quizás en algún punto necesario, pero no suficiente. Sino también gestiona un encuentro con ese lugar.
Eso parece que , por lo menos en esta experiencia, está bien gestionado.
A mi lo que me llamó más la atención, en relación a la escuela, es cómo se invierte el proceso de aprendizaje. Quizás partiendo de un esquema muy básico, uno podría suponer que en la escuela hay maestros, hay profesores que salen a buscar a los pibes, a los alumnos. Y les dicen, “bueno mirá, este es mi tesoro, yo te enseño esto”
En cambio, los relatos de los ferroviarios más jóvenes, los más viejos, y los intermedios, la relación está totalmente invertida, no? Es el aprendiz el que se va a gestionar a su maestro. Es decir, si vos no querés ser aprendiz de ese oficio, nadie te va a enseñar.
En ese sentido, me parece que, como cualquier situación entre la escuela y el trabajo, hay una discontinuidad.
El punto sería, me parece, cómo piensan los más jóvenes, la experiencia ferroviaria. Y como puede suceder con cualquier generación, hay una transmisión oficial, hay algo que dicen los más viejos, y que para no ser descortés se repite. Sobre todo, cuando además está el abuelo, o el padre. Y me parece que forma parte de cierta cortesía decir, lo bello y lo bueno que fue aquello.
Uno lo ha hecho con su abuela, así que no veo porqué estos muchachos no lo harían con sus compañeros.
Pero hay otra línea que aparece en el video, que tiene que ver con cómo los pibes efectivamente piensan esa experiencia. Y ahí, creo que aparece una dimensión central que tiene que ver con que ellos saben que el mundo hoy no es un mundo ferroviario, por decirlo de algún modo. Si los viejos ferroviarios podían pensar de algún modo su vida ahí, ellos saben que no la pueden pensar ahí. Que su vida es mucho más que eso. Y en este sentido, aparecen una serie de guiños, de observaciones, de comentarios respecto de eso.
Cierto filósofo alemán, decía, que hay cosas que hay que tomarlas ligeras, pero en serio, no? Nietzsche decía eso, y lo bien que hacía. Se toman en serio la cosa. La cosa de aprender un oficio. Pero no se toman en profundidad la identidad ferroviaria. Los pibes andan más ligeros, pero con intensidad, por ahí.

El pasado y el futuro
Me parece que muchas veces el pasado pensado en clave de paraíso, no permite pensar construcciones actuales.
Spinetta decía en un verso extraordinario, “No van a lograr que diga, que todo tiempo por pasado fue mejor.”
A mi me parece que en ese registro, los pibes, hay momentos que pueden pensar, que el pasado puede ser un insumo. Y si no es un insumo, es asunto de los viejos.

La mirada del aprendiz
Si uno podría pensar la vieja tensión entre teoría y práctica. Acá parece resuelta, por decirlo de algún modo, bajo una figura muy interesante que es la figura de “acá se aprende mirando”
Y acá se aprende mirando, me parece que implica, por lo que dicen los más jóvenes, e inclusive los más viejos, es que nadie está dispuesto a enseñar. En principio, que nadie está dispuesto a enseñar, si alguien no ha hecho una operación previa. Los ferroviarios más viejos, y los no tan viejos, saben algo, que han construido con esfuerzo, con cuidado, mirando mucho.
Justamente como eso es muy precioso, nadie lo va a entregar muy rápidamente. Casi hay una operación de coqueteo de los más jóvenes de ir a ahí, a buscar , a rodear, a mirar. Y aparece una idea muy linda, ligada a la responsabilidad respecto del aprendiz. El aprendiz es aprendiz, porque quiere aprender. Y eso implica, que no da para ir a tomar un mate, si se está aprendiendo algo importante. No da para ir al baño, si está por aparecer algo importante, no? Sino que eso exige, en algún punto la iniciativa. Y la iniciativa exige mirar, pensar, volver a mirar, volver a preguntar, que dos o tres veces digan que no, que a la quinta, tal vez digan que si. Y en ese sentido uno va anotando secretamente. Pareciera ser que los más jóvenes, también van anotando secretamente esas operaciones, esos procedimientos ligados al oficio, que los ferroviarios, inclusive dicho por los más viejos, casi, casi, están dispuestos a llevárselos a la tumba.

Cuidar las herramientas, los viejos y los jóvenes
Hay un viejo principio que dice que no se prestan las herramientas, ¿no? Las herramientas no se prestan. ¿Y por qué no se prestan? Porque son con lo que uno trabaja. Son la extensión de la mano. En ese sentido, uno no prestaría su cuerpo. Es en este sentido que las herramientas no se prestan.
Pero también me parece que ahí hay una operación pedagógica. Altamente pedagógica, y política. Me parece que los viejos dicen “las herramientas hay que cuidarlas” y cuando dicen que las herramientas hay que cuidarlas, me parece que lo que se está diciendo es que hay que cuidarse entre los compañeros. Y cuidar las herramientas puede ser un indicio de ese cuidado, que forma parte del oficio. Cuidar lo que hay, y cuidar a los compañeros.
En este sentido, creo que tiene algo de aprendizaje, decir bueno, yo te presto esto, pero como no hay confianza suficiente tenemos que anotar. Va a llegar un momento, en que no va a ser necesario. Pero por el momento no hay confianza.

 

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