Inicio Publicaciones Prensa Noticias Sindicación de contenidos
 
 


Plan Nacional de Lectura


El prólogo a leer X leer
Por Mempo Giardinelli

Desde que a mediados de 2003 el Ministerio de Educación de la Nación encargó a la Fundación Mempo Giardinelli la preparación de cinco libros de lecturas para adolescentes, nos dimos a la tarea de seleccionar un conjunto de breves lecturas que pudieran ser capaces de seducir a jóvenes futuros lectores. De entre miles de textos de la literatura universal, latinoamericana y argentina (de todas las regiones y provincias) escogimos esta serie de algo más de 500 lecturas que --estamos seguros-- abrirán nuevas posibilidades críticas a los lectores, estimularán su imaginación para que cada uno ingrese con entera libertad en ese espacio único de inclusión, expansión y placer que es la lectura .

Pero, a la vez que intentamos fomentar la suave y consistente pasión amorosa del buen leer, nosotros mismos, como escritores, fuimos en todo momento conscientes de que tenemos más preguntas que certezas, y ahora nos importa compartirlas: ¿Por qué leemos? ¿Se lee un escritor a sí mismo como lo hace un lector? ¿Se lee consciente de su condición de escritor? ¿Dónde lee el autor ese libro que está escribiendo? ¿En qué rincón de su mente quedará? ¿Y a partir de cuáles otros libros y mensajes leídos en diferentes lugares y tiempos se despierta su imaginario? ¿Cómo funciona la memoria de lectura en el escritor; y cómo la memoria de escritura en el lector que también es? ¿Cuándo y cómo el escritor finalmente encuentra su texto y lo ve en su imaginación para poder escribirlo?

Y del otro lado, el lector, cuando lee un libro, ¿dónde deposita el contenido y los resultados de su lectura? ¿Por qué razón profunda lee, y de qué manera va escribiendo él también su propio libro, ese libro que es todos los libros y que se llama conocimiento, saber, cultura?

¿De qué modo nos transforma la lectura, cada lectura?

Éstos y otros interrogantes constituyen parte del fabuloso enigma de la creación. De la escritura y la lectura, círculo virtuoso en el que la una conduce a la otra, la transforma, la consagra. Porque el acto de escribir y el acto de leer no son actos puros, si es que alguna vez lo fueron. Hoy todos sabemos -por lo menos desde Nathanael Hawthome y de su mejor discípulo, nuestro Jorge Luis Borges-- que cada lectura implica una reescritura interior, que toda narración es narrada dos veces, o más, y que cada escritura es derivación de infinitas lecturas.

Esta perspectiva, por un lado, une literatura y escritura en un único, misterioso y de alguna manera indefinible proceso; y, por el otro, nos lleva a la cruda revelación de que los mecanismos de la lectura y de la escritura no tienen reglas claras y precisas. Por eso, penetrar en ellos es incursionar en el enigma de la creación pero, sobre todo, es sumirse en las infinitas paradojas que la creación produce en cada uno de nosotros y en nuestra identidad colectiva.

Es prácticamente imposible explicar esos procesos. Pero no tanto porque la imposibilidad sea absoluta, sino porque precisamente ese saber no es indispensable. La literatura es una indagación infinita, es una búsqueda perenne y no necesariamente dirigida a alcanzar revelaciones. Escribimos para saber por qué escribimos. Leemos para que lo escrito nos transforme. Y también para despertar el conocimiento y la fantasía, la imaginación y la acción. que todo texto encierra. Leemos, entonces, para despertar la vida que hay en cada texto, porque todo texto es vida que está dormida, provisoriamente muerta mientras nadie la lee. Y ésa es la función del lector: revivir la palabra, darle sentido y fuerza y trascendencia.

Decía Juan Rulfo: "Escribimos para no morirnos". O sea que se trata de escribir como se vive: huyendo de la muerte hacia adelante. Pero si se escribe para huir de la muerte, se lee para convocar la vida. Porque todo es revivido cuando se lo lee. Por eso el lector siempre da vida, siempre es nutricio a la vez que se nutre. Al lector no lo rige Thanatos; lo rige Eros. Y como una madre sana, el lector sólo sabe alumbrar y dar vida. La lectura por eso es desarrollo, por eso es crecimiento.

Por supuesto que la literatura no está para dar respuestas. Muy bien, pero suele darlas. La literatura, se dice, no sirve para nada. Pero no es tan inútil. La literatura, se afirma también, no hace revoluciones. Pero sí ha contribuido a algunas de ellas y a todas las ha escrito. Y es que cada escritor que se pregunta lo que no comprende, lo que no sabe, lo que duda, cada escritor que cuestiona su propio infierno nos cuestiona a todos, sentenció Quevedo hace cuatro siglos.

Hoy sabemos que el buen lector, el lector competente, también lo cuestiona todo, y es por eso que la lectura ha sido tantas veces desestimada desde el Poder: por la condición intrínsecamente renovadora, casi subversiva, de la lectura, el conocimiento y la imaginación.

No hay peor violencia cultural que el proceso de embrutecimiento que se produce cuando no se lee. Una sociedad que no cuida a sus lectores, que no cuida sus libros y sus medios, que no guarda su memoria impresa y que no alienta el desarrollo del pensamiento es una sociedad culturalmente suicida. No sabrá jamás ejercer el control social que requiere una democracia adulta y seria. Que una persona no lea es una estupidez, un crimen que pagará el resto de su vida. Pero, cuando es un país el que no lee, ese crimen lo pagará con su historia, máxime si lo poco que lee es basura, y si además la basura es la regla en los grandes sistemas de difusión masivos.

Es necesario, entonces, cuestionarlo todo: qué es leer, qué queremos que lean los argentinos de hoy y de mañana, cómo imaginamos que será un posible futuro canon literario organizado sin la pretensión autoritaria de fijar también la interpretación que debe hacerse de las obras. De ahí que estos libros incluyan muchas y muy variadas posibilidades de lectura. Convencidos de que el libro es el mejor amigo del hombre, mejor incluso que el perro, porque el libro ni siquiera pide que se lo cuide ni que se le dé de comer y sólo quiere ser leído cómoda y placenteramente, los que preparamos este libro, trabajamos conscientes de la enorme responsabilidad que significa, para el docente, ser intermediario del saber y el conocimiento. Por eso mismo, y teniendo en cuenta tal intermediación, es que en estos libros proponemos un ejercicio de diálogo enriquecedor entre docentes y alumnos alrededor del fabuloso hecho ético-estético que es la Literatura.

Por eso, y para no agobiar al estudiante/lector ni descargar toda la responsabilidad únicamente en los docentes, los fragmentos escogidos son acompañados por muy breves notas orientativas al pie, que procuran contextualizar el tiempo y el lugar de la producción del texto. Dichas notas y comentarios se incluyen con la única misión de brindar al lector una mínima ubicación de época, lugar e impacto literario. Esto, estamos seguros, podrá ser usado por los lectores para buscar otros textos y proponer al profesor y a la clase nuevos rumbos de investigación grupal.

Sabemos que el nuestro es un concepto de lectura no tradicional y que, incluso, puede ir a contramano de algunas modas pedagógicas. Pero lo que buscamos, en todo momento, es contribuir al desarrollo de una Pedagogía de la Lectura; esto es, a la formación maciza y sostenida de lectores competentes. O sea, personas libres, entusiastas, capaces de discutir internamente con los textos y de abrir nuevos caminos al pensamiento y a las ideas en su propio espíritu y en silencio. Porque es así como se forma el carácter que luego brinda a la sociedad nuevas y mejores propuestas.

Mempo Giardinelli
Resistencia, marzo de 2004.

 

Volver



Para comunicarse: Pizzurno 935, segundo cuerpo de Marcelo T. de Alvear, oficina 7, CPA C1020ACA, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 011-4129-1075. Correo electrónico: consultas.planlectura@me.gov.ar. Directora: Margarita Eggers Lan.