Inicio Publicaciones Prensa Noticias Sindicación de contenidos
 
 


Prensa


Inminente puesta en marcha del instituto de formación docente
Cómo se preparan los docentes para brindar una mejor educación

El desafío de mejorar la calidad de la educación -después de años de desmantelamiento más el mazazo que le propinó la crisis de 2001- pone en el centro del problema la formación de los docentes. En las vísperas de la puesta en marcha del Instituto Nacional de Formación Docente, creado por la flamante Ley de Educación Nacional, el interrogante es cuál deberá ser el perfil de los maestros y profesores capaces de brindar una educación mejor.
Antes de avanzar conviene relevar algunos datos clave del presente. "En las últimas décadas -dice la pedagoga María Cristina Davini, especialista en Formación y desarrollo profesional docente- se desmontó lo que fue la tradición de las escuelas normales, pilar para el desarrollo de la educación argentina. Y no está mal que se cambie porque el de hoy no es el mundo de Sarmiento, pero en su lugar no se instalaron alternativas concretas para el desarrollo institucional y pedagógico". Más claro aún: "Es como si alguien dijera que los hospitales no sirven más, que hay que armar otra cosa pero no se dice qué".

Docentes durante un curso de actualización

Otro agravante fue el impacto de la crisis. La subsecretaria de Equidad y Calidad Educativa de la Nación, Alejandra Birgin, sostiene que en la columna del "Haber" hay que anotar que "contamos con docentes que sostuvieron escuelas abiertas como el único espacio público en el momento más crudo. Lo que dejó, por supuesto, marcas en su formación".
"A mí no me prepararon para esto", fue entonces la frase más repetida por los maestros, recuerda Inés Dussel, coordinadora de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), y "esto" tiene dos vertientes: desde la formación académica que les resulta insuficiente hasta la transformación de su rol que incluye las tareas de asistencia social. "Ahora se sabe -agrega Dussel - que los chicos no son sólo sujetos de aprendizaje sino sujetos integrales que llegan a la escuela con un montón de problemáticas a las que hay que dar respuesta para poder enseñar".
La fragmentación -la marca de época de los 90 que astilló a la sociedad- tampoco estuvo ausente. Se expresó, según Birgin, "en la falta de un piso común y, por lo tanto, en una profunda desigualdad en el país en la formación de los docentes, con instituciones libradas sólo a sus propios recursos y a veces muy pegadas a la problemática más local". Entre sus consecuencias, títulos docentes que valen más o menos de acuerdo al lugar del país donde se obtuvo. "La vieja escuela normal, en cambio, formó educadores absolutamente intercambiables: podían trabajar en distintas geografías con una formación equivalente, que no es lo mismo que idéntica". Ninguna de las especialistas entrevistadas cree que la sola mejora de la formación de los docentes salvará a la educación argentina. Birgin sostiene que el necesario trazado de políticas específicas "tiene que ir acompañado de un movimiento en la cultura y en la sociedad que le dé lugar a esta apuesta por la educación pública".
Davini destaca tres aspectos fundamentales para garantizar la mejora de la educación y de las prácticas en las escuelas: la formación inicial y continua de los docentes (que debe ser integral, de mediano y largo plazo, estratégica y consensuada); el desarrollo de la infra-estructura y el equipamiento escolar y el desarrollo de las capacidades de gestión en las instituciones. "Hay que salir de un enfoque de gestión normativo y burocrático -defiende- para pasar a tener más nexos con la comunidad, para trabajar en redes con las escuelas, para dinamizar innovaciones pedagógicas. Y en este proceso hay que mejorar la integración de las instituciones de formación con las escuelas, que hoy son lugares poco comunicados".
También coinciden las pedagogas en darle crédito a la creación del Instituto Nacional de Formación Docente (ver "Lineamientos..."). "Es importante -dice Dussel- plantearse políticas nacionales que pongan a la formación inicial más en línea con lo que necesitan las escuelas. No podemos pretender la llave mágica de la formación inicial si no hay espacios de formación permanente en las escuelas, pagos y fuera del horario de clase, centrados en los problemas de la propia institución".
En suma, dicen las especialistas, hay que mejorar el proyecto académico de formación docente, ampliar el campo cultural que a veces quedó reducido a los libros de texto, abrirse a las nuevas "alfabetizaciones" (la digital, por ejemplo) y discutir cómo la cultura y = los saberes contemporáneos entran a la escuela sin dejar de enseñar lo que siempre se enseñó: a leer, a escribir y a habilitar para el porvenir a la vez que se trasmite la cultura que es el acervo de la humanidad.
"El docente -resume Birgin - distribuye una riqueza del orden de las ideas. Esa es su mochila. Y puede repartir riqueza

LILIANA MORENO
Clarín Educación

Volver