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Educación en Contextos de Encierro



En este texto quiero plasmar mi experiencia, de recibir educación desde un contexto en encierro, adonde se dificulta mucho estudiar, a comparación de un colegio normal, en el lugar que me toco estar, intervienen diferentes condicionamientos para los maestros y para los alumnos. Los maestros llegan con incertidumbre, no saben con lo que se van a encontrar, se preguntan cómo tienen que enseñar, los métodos que deben usar o seguir, ellos se encuentran bajo las normas pedagógicas educativas, y por otro lado las normas reglamentarias de un establecimiento penitenciario que no es menos que un condicionamiento de libre expresión: un ejemplo – el maestro debe llamarlo al alumno por su apellido- y cuestiones similares.

También existe la problemática por parte de los alumnos hacia los maestros, en el comportamiento o la falta de interés en el estudio, algunos salen porque se sienten sofocados y encuentran un lugar de recreo en la escuela un lugar que por un momento facilita el olvido de la rutina diario que se vive en ese lugar, pero a su vez dificulta que se trasmita ese conocimiento al que sí se interesa en aprenderlo, experiencia que yo viví. Me acuerdo que empezó a partir de los tres o cuatro años que llevaba detenido y estaba cansado de estar encerrado, me la pasaba de la celda de castigo al pabellón, ese era mi paseo, sin la oportunidad de realizar un trabajo o recibir una capacitación, hasta que un día se me ocurrió mentir, para poder estudiar. Me acuerdo que realicé una audiencia a la directora de la escuela primaria, porque no existía todavía en los establecimientos penitenciarios la secundaria, y le dije que quería realizar el sétimo grado y me dijo que ya lo había hecho, pero le conteste que no me acordaba de las divisiones y las multiplicaciones, y me empezaron a llevar a la escuela.

Después como es común en las cárceles, ocurrió un motín y me trasladaron a otra cárcel, lejos de mi familia de todo, en donde tuve que comenzar de nuevo, tuve que insistir en que quería estudiar. Pero se me hizo mucho más difícil, primero tenía que pasar los regimenes penitenciarios- socialización, afianzamiento, periodo de prueba... fases establecidas en la ley N° 24.660. en donde se avanza cada seis meses, o se pueden repetir, en donde se los estudia o carátula de acuerdo al concepto que ellos tienen de tu persona respaldado de un grupo de profesionales, como un psicólogo, asistente social y un informe de seguridad. Existen casos que el psicólogo realiza un informe favorable y en el mismo caso el asistente social, pero si el informe de seguridad dice que tu conducta no es recomendable, basado en ningún fundamento, no podes estudiar. Algo contradictorio que dos profesionales sean irrelevantes en un régimen penitenciario, porque un informe de seguridad puesto en un árbol jerárquico es la cabeza de toda decisión, hasta de tu destino intelectual, entonces como lograr la reinserción?

Pero yo luché ante todos estos obstáculos que se me interpusieron, porque sentía la necesidad de aprender, de estudiar, de querer salir adelante y creía que me lo merecía, sin saber que tenia derecho a recibir esa educación que demandaba. Un día me llamaron para avisarme que iba a tener mi primera clase en la secundaria, estaba tan contento pero no tenia con quien festejarlo porque estudiar en la cárcel, es ser blando, es estar de otro bando, no querer lo mismo ni pensar como los otros y comienza el aislamiento con tus compañeros; entonces intervienen una serie de factores que se deben tener muy en cuenta porque son importantes para el desarrollo del conocimiento y en el estado que se encuentra la persona que quiere adquirirlo.

Me sentía como que lo que quería estaba mal, querer progresar, sin embargo seguí adelante con mis convicciones. Comencé a concurrir a un taller literario algo muy significante para alguien que hacía poco que había cometido un delito, sentía que podía cambiar que podía alcanzar mis metas a cambio de esfuerzo y dedicación.

No me conformé solo con eso empecé a ir a un taller de manualidades y dibujo, luego me dieron la oportunidad de aprender computación.

Mi primer año terminaba y pensé que también las sorpresas, pero estaba equivocado, todavía faltaba una, terminé siendo el alumno con mejor promedio que me convertía en el abanderado de la secundaria.

A pesar de mis logros, mi concepto de seguridad penitenciaria era (regular cuatro ) menos que buena, fundamentada en lo que había sido hace cuatro años atrás, situación que impedía mi traslado a un pabellón menos riguroso y acorde a las actividades que realizaba.

Tenía que estudiar mientras mis compañeros dormían y ellos lo hacían de día, cuando yo trabajaba y concurría al colegio, quiero decir, nunca. Entre ruidos de música, televisión y conversaciones, aprendí a estudiar. Mi segundo año fue muy similar solo con el agregado que sufrí otro traslado, según era problemático por reclamar mis derechos y ellos cumplir con sus obligaciones.

Ya mis fuerzas estaban agotadas de tener que volver a comenzar, pero no me di por vencido, seguí reclamando mi derecho a estudiar, logré volver al colegio y me recibí de bachiller. Había terminado la secundaria, era un logro muy importante para mí. Luego me inscribí en la carrera de - letras – en la facultad de filosofía.

Que quiero decir con todo esto? que todo puede cambiar, yo lo hice a base de esfuerzo y convicción, a pesar del contexto que me encontraba.

Imagínense, si ustedes que tienen la posibilidad de aportar desde el lugar que se encuentran, para que una persona pueda lograr tener los mínimos derechos como es estudiar, las personas que cambiarían y saldrían adelante, llenándolos de herramientas para poder desenvolverse en esta sociedad que hoy vivimos. Yo lo conseguí con la ayuda de una persona que lucho y confió en mi y que lo viene haciendo con un montón de personas que necesitan una palabra de esperanza, como la que un día él me dijo: Vos podes negro.

Adivina quien me dijo estas palabras...si, vos hermano.

 

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