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Capacitación docente
Acerca del área



El escenario

La larga y profunda crisis que afectó a nuestro país dejó huellas persistentes en sus instituciones. El crecimiento vertiginoso de la pobreza, el derrumbe de los lazos sociales que nos constituían como ciudadanos no quedaron en la puerta de la escuela, la atravesaron profundamente. Es en este escenario donde quiere situarse la política de desarrollo profesional docente. En la necesidad de reconocer el padecimiento que nos atraviesa, pero también en la decisión de persistir en imaginar un mejor futuro juntos.
El desarrollo profesional docente, ocupa, dentro de la política integral de formación, un lugar estratégico: si la formación inicial apuesta a que las nuevas camadas docentes se incorporen a la tarea con mejores y más precisas herramientas, la capacitación tiene la responsabilidad de alentar en los maestros y profesores que ya se encuentran activos en el sistema —y lo estarán por varios años más— la construcción de modos de posicionamiento que permitan revisar críticamente el trabajo cotidiano en las escuelas.
En los últimos años, se han generado procesos de oferta y demanda de capacitación docente con un crecimiento inédito de propuestas de capacitación en los ámbitos público y privado caracterizado por la heterogeneidad de propósitos, formatos, alcance y calidad. Factores como la crisis laboral general —que lleva a profesionales de perfiles variados a incorporarse a la enseñanza—, la escasa renovación generacional en la profesión docente y las posibilidades de obtener un puesto de trabajo con relativa estabilidad, entre otros, contribuyen a intensificar los procesos de búsqueda de credenciales formativas. Frente a este estado de situación, resulta imprescindible sostener la capacitación gratuita como obligación del Estado hacia el sistema público de educación.
A pesar de que se ha sostenido que la capacitación no ha conseguido innovar las prácticas cotidianas, parece por el contrario haber sido eficaz como estrategia de regulación profesional*, lo que explica el enorme crecimiento de la oferta de instancias de capacitación.
En este sentido, la formación plantea el mismo requerimiento que tanto se ha sostenido para los diferentes niveles del sistema educativo: la democratización implica no solo asegurar el acceso sino también la calidad de las propuestas formativas. Creemos que es preciso que los proyectos de capacitación interpelen a los docentes en términos de las condiciones reales de las escuelas y de sus actores, retomen los problemas que interfieren en la posibilidad de educar y recuperen experiencias para transformarlas en pensamiento productivo.
A la vez, hemos procurado poner distancia de las perspectivas más instrumentales, que ubican el problema central en la carencia y la desactualización de los docentes en ejercicio. Éstas conciben la capacitación como una poderosa herramienta que, sin muchas dificultades, instalará prácticas acertadas, generando por sí misma las transformaciones esperadas en la vida escolar y el aprendizaje de los alumnos. Consideramos que establecer una relación directa entre actualización y cambio resulta, al menos, problemático. En contraste con este enfoque, pensamos que es necesario situar el problema en la compleja trama de factores que configuran la posición del docente, como sujeto autorizado personal y socialmente para la tarea de educar. Por esta razón hemos procurado encontrar el modo de diseñar itinerarios de desarrollo profesional que recuperen la multiplicidad de saberes que, hoy por hoy, resultan necesarios para sostener la identidad docente.
Del mismo modo, hemos buscado equilibrar otras dos perspectivas. Sin dudas, la formación permanente es un instrumento para fortalecer la intervención de las políticas educativas sobre el sistema, posibilitando la instalación y el desarrollo de programas y proyectos, pero no se agota allí. La formación continua es también una acción orientada al desarrollo del docente como profesional. Por esa razón, se ha definido que las estrategias de capacitación acompañen el desarrollo de programas nacionales y provinciales, pero al mismo tiempo se dirijan al docente como sujeto cuya biografía profesional está en proceso.

* La idea de regulación alude a los mecanismos que desde el gobierno se ponen en juego con la intención de producir nuevas reglas y normas que reconfiguren las prácticas, identidades y disposiciones de los sujetos, estableciendo los parámetros de lo permitido y válido (véase Popkewitz, 1994, Sociología política de las reformas educativas, Morata, Madrid).

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